FA

Faro De Vigo

Galicia ante la nueva mutación del narcotráfico

Image
Opinión | Editorial Una de las actuaciones contra el narcotráfico realizadas este verano / Elena Fernández /EP La reciente alerta de la Audiencia Nacional sobre el riesgo de colapso provocado por el aumento de las causas de tráfico de drogas tiene una impacto singular en Galicia. Según la Fiscalía Especial Antidroga, los procedimientos crecieron un 23% en un año y las diligencias previas de los juzgados centrales de instrucción, un 32%. Estamos frente a investigaciones extremadamente complejas: numerosos implicados, conexiones internacionales, comunicaciones cifradas y enmarañados entramados financieros. Es una carrera a dos velocidades: mientras el narcotráfico se transforma y, digámoslo así, está en permanente modernización, la estructura judicial apenas ha variado. Desde 1996 no se ha creado ningún nuevo órgano central de instrucción. Tenemos las mismas armas para enfrentarnos a un enemigo con una extraordinaria capacidad de transformación. Galicia conoce bien el fenómeno del narco, pero sería un error observarlo únicamente a través del retrovisor, con la vista puesta en los clanes de los años ochenta y noventa. El narcotráfico se apoyó en su día en las redes del contrabando de tabaco, que disponían de embarcaciones, lugares de desembarco, contactos y un detallado conocimiento de nuestra geografía marítima. Algunas de esas tramas dieron el salto al hachís y posteriormente a la cocaína. La movilización social, simbolizada por las madres de Érguete, y la respuesta policial y judicial acabaron con la ostentación y debilitaron a muchas de aquellas organizaciones. Fue un triunfo, sí, pero efímero. Porque el problema no ha desaparecido. Ha mutado. Frente a los antiguos clanes familiares, hoy actúan grupos más fragmentados que prestan servicios a organizaciones internacionales. Aportan lanchas, tripulaciones, vehículos, almacenes, empresas de cobertura y conocimiento de la costa. A las planeadoras se han sumado semisumergibles, contenedores comerciales, teléfonos cifrados y sofisticadas maniobras de contravigilancia. Un despliegue en toda regla que urge adoptar medidas que están a su altura. Una de las características más inquietantes del narcotráfico gallego es su capacidad para perpetuarse. Los clanes pueden perder a sus cabecillas y sufrir condenas o decomisos, pero conservan relaciones familiares, conocimientos, contactos y redes de lealtad. Como el ave fénix, algunas estructuras reaparecen con otros cabecillas y métodos más discretos. Y no resucitan intactas, se fragmentan y se asocian con grupos extranjeros, aprovechando el capital criminal, en economía se diría el know how, acumulado. Por eso, apellidos antiguos siguen apareciendo en los titulares de aprehensiones nuevas. Las actuaciones policiales de 2026 así lo evidencian. En enero, la operación Lezna intervino en A Coruña 135 kilos de hachís, 31 de cocaína, armas y 85.000 euros, y localizó un piso utilizado como guardería en Narón. En abril, la operación Helo-Kalidas golpeó una red asentada en O Salnés y conectada con otros puntos de España, con once detenidos y alijos de cocaína, heroína y hachís, además de armas, embarcaciones rápidas y teléfonos por satélite. En agosto, una operación conjunta de la Guardia Civil, la Policía Nacional y Vigilancia Aduanera interceptó más de 1.500 kilos de cocaína durante su descarga en la playa de Arnela, en Muxía, y detuvo inicialmente a veinte personas, entre ellas un miembro de la Guardia Civil. Días después, la Policía intervino 1.410 kilos en A Pobra do Caramiñal y detuvo a tres hombres, entre ellos el presunto líder del clan de los Fanchos. Los datos confirman que Galicia sigue siendo una plataforma relevante para la entrada y distribución de cocaína hacia España y Europa. Las incautaciones prueban la eficacia policial, pero también la existencia de una infraestructura capaz de recibir varias toneladas en pocas semanas. El éxito no puede medirse solo por el peso de la droga decomisada. Sería un error valorarlo así. Hay que identificar a quienes financian las operaciones, seguir el dinero, intervenir el patrimonio ilícito, descubrir las empresas de cobertura y perseguir cualquier filtración o complicidad institucional. Si permanecen intactos el capital y la red logística, los detenidos pueden ser sustituidos. Las hemerotecas dan fe de ello. Esa capacidad de adaptación podría llevarnos a caer en el derrotismo, a la idea de que los narcotraficantes siempre irán por delante. Es tan cierto que las organizaciones criminales tienen recursos como que no podemos asumir su invulnerabilidad. Las investigaciones prolongadas, la cooperación internacional, el análisis de las comunicaciones y la persecución patrimonial han desmantelado redes que parecían intocables. Esa tentación derrotista agranda su aura de poder, rebaja la exigencia sobre las instituciones y desmotiva a los cuerpos policiales que deben perseguirlas. Es imprescindible un salto en la lucha contra el narco. Galicia precisa de más jueces y fiscales especializados, plantillas estables y reforzadas, unidades de investigación patrimonial y mejores medios tecnológicos. También debe potenciarse la vigilancia de puertos, rías y otros puntos con radares, drones y recursos marítimos, así como incrementar el control de puertos deportivos, astilleros y cadenas logísticas, que en ocasiones parecen un coladero. La coordinación con Portugal, Europol y los países productores y de tránsito debe ser más intensa y eficaz. En pocas palabras, se necesita una estrategia estable que pasa inexorablemene por más recursos. La represión y la persecución tienen que ser más intensas, pero la respuesta también pasa por el factor social. Son imprescindibles la educación temprana sobre las adicciones, una mayor atención a los consumidores, el apoyo a sus familias y brindar oportunidades laborales para los jóvenes, que pueden sucumbir a la tentación del dinero fácil ante la ausencia de otras alternativas laborales. Los bienes decomisados deben revertir en programas sociales de los territorios que sufren las consecuencias del narcotráfico. Se han hecho progresos en este sentido, pero son notoriamente insuficientes. Galicia no puede aceptar su identificación como tierra de narcotraficantes. Porque es sencillamente irreal e injusto. Las series de televisión sobre los antiguos clanes han devuelto esa imagen estereotipada al primer plano y, a veces, han revestido a sus protagonistas de una estética de aventura y poder. Una visión casi heroica trufada de humor tabernario. La ficción puede contar esa historia, que es trágica, pero debe cuidarse mucho para no proyectar imágenes claramente equivocadas, peligrosas. Pueden contar lo que pasó pero sin dejar de lado el papel de una sociedad que se enfrentó a los narcos por los estragos que causó a varias generaciones de jóvenes, muchos enganchados, otros encarcelados y no pocos muertos. Noticias relacionadas y más Sacudirse ese estigma exige más eficacia institucional, el rechazo al dinero ilícito y la reivindicación permanente de las familias, asociaciones y comunidades que rompieron el silencio, incluso jugándose la vida. El narcotráfico forma parte de la historia gallega, y no se debe ocultar ni maquillar, pero no puede definir nuestra identidad ni condicionar nuestro futuro. Porque Galicia no es un santuario del narco. La batalla continúa.
Galicia ante la nueva mutación del narcotráfico
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.