La gravísima crisis de Ceuta es un problema tan complejo que llevamos más de un mes viviéndola y todavía no la hemos comprendido. La geopolítica internacional, la impresionante inacción del Gobierno de España, el enclave estratégico de Ceuta, la desesperación de los inmigrantes a los que utilizan como carne de cañón son sólo algunos ángulos de la situación. Y la polarización. Claro, ¡Ay la polarización!
Muchas de las personas que acudieron a las manifestaciones del miércoles insistían en sus análisis posteriores en que no había 'nada de política' en ellas, que todo el mundo iba a una defendiendo a su país y a sus conciudadanos ceutíes. Pero bastaba asomarse levemente a las redes sociales para ver otra realidad completamente diferente: racismo, xenofobia, insultos, bulos y mentiras. Muchas mentiras.
Y ese es uno de los problemas más graves de esta sociedad. Hay muchas personas que se enteran de lo que pasa sólo por esas redes sociales que están manejadas por algoritmos y que de rigor tienen poco. Y eso siendo generosa.
Sí. Hago una encendida defensa de los periódicos en todo este asunto. Los periodistas han cogido el ferry cargados con sus ordenadores y sus cámaras para hacer su trabajo, un trabajo que no es ponerse delante del móvil y grabar un mini vídeo rodeado de una multitud enardecida sino que consiste en recorrer la ciudad, hablar con los ceutíes, con los migrantes, con quienes los están atendiendo, con las fuentes oficiales del Gobierno, con los policías de a pie... y contarle a los lectores todo lo que ellos no pueden ver por sí mismos. Parece hasta obsceno tener que defender el periodismo clásico en pleno siglo XXI. Pero es lo que hay.
No se trata sólo de hacer un homenaje a mis compañeros Pedro Ingelmo o Alberto Rodríguez por poner nombre y apellidos a quienes les están contando lo sucedido, sino de defender la verdad. De estar en el lado correcto, esa frase tan cursi y que tanto se lleva ahora.
Los periodistas cometemos errores, y no todos son buenos, pero la inmensa mayoría de quienes trabajamos en los periódicos, en el Grupo Joly pero también en los de nuestra competencia, somos honrados y honestos. Los periódicos sí salvan al pueblo. Porque lo informa para que pueda crearse su propia opinión.
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