Sorber y soplar no es posible y lo más fácil es «empapizarse» (vocablo muy usado en Asturias y León, que significa atragantarse, atascarse con algo ... pastoso en la garganta) y eso es lo que le puede ocurrir a Kevin Warsh, flamante máximo dirigente de la FED (Reserva Federal de Estados Unidos), equivalente al BCE europeo, porque Warsh se encuentra en un callejón sin salida en el que tiene que contentar a dos posturas totalmente antagónicas.
Por un lado, aunque la FED, teóricamente es independiente, en realidad tiene cierta dependencia del presidente del país y, de hecho, Donald Trump, jugó un papel decisivo en el nombramiento de Warsh, descabalgando al anterior ocupante del sillón de la FED, Jerome Powell y Trump 'apoyó' decididamente a Warsh con la condición explícita de que éste bajase los tipos de interés, o en el peor de los casos los mantuviese estables, para que las bolsas y la economía norteamericana continuasen teniendo un potente estímulo para crecer. Pero, a la vez, los mercados y muchos potentes inversores, esperan de Warsh justo lo contrario porque en EE UU comienza a haber claras tensiones inflacionarias y para controlar la subida de precios parece necesario subir los tipos de interés.
Y en el medio de ambas posturas está Warsh que, en Jackson Hole, trató de moverse en tierra de nadie, diciendo que la FED «actuará como sea necesario para controlar los procesos inflacionarios, pero a la vez actuará con tino para no desincentivar el crecimiento económico». O sea, sí pero no y no pero sí. La ambigüedad en la vida se puede mantener hasta un punto, a partir del cual hay que enseñar las cartas verdaderas que lleva cada uno y a Warsh no le quedará otra que apostar en alguna dirección, porque en ambas a la vez es imposible porque son opuestas. Y decir una cosa un día y al siguiente la contraria es el peor mensaje que se puede dar porque resta todo tipo de credibilidad y eso es aplicable a la vida y a los mercados financieros.
La decisión de la FED de subir o mantener tipos en la próxima reunión está condicionada por varios factores. Por una parte, el próximo 11 de septiembre se conocerá el dato del IPC del mes de agosto y se espera un 3,4%, con una leve bajada en IPC subyacente pasando del 2,5% al 2,4%, lo cual podría indicar que la inflación no está del todo desbocada. Respecto a los procesos inflacionarios tienen la característica de que se retroalimentan a sí mismos, ya que ante las previsiones de subidas de precios todo el mundo anticipa sus compras, lo cual da lugar a una mayor presión de la demanda y a más subidas de precios. Al igual sucede con los procesos deflacionarios que también se retroalimentan. Otro factor influyente en la decisión de la FED, con Warsh al frente, de subir o mantener los tipos de interés, será el dato de creación de empleo en el mes de agosto, el cual se espera que sea moderado, lo que podría conducir a un mantenimiento de los tipos de interés. El mercado de futuros otorga una probabilidad del 67% a que se produzca una subida del 0,25% en la próxima reunión del 16 de septiembre. No es una subida muy significativa, pero sí es una declaración de intenciones.
Además, hay otro hecho influyente en la decisión de subir o mantener tipos de momento, y es que faltan sólo dos meses para que tenga lugar las elecciones parciales a Congreso y al Senado norteamericano y una subida de tipos sería entendida como un apoyo o guiño indirecto a las filas demócratas, lo cual no sería bien recibido por Trump, el cual tiene un índice de respaldo o de aprobación de sólo el 35% en estos momentos. Todo apunta a que después de las elecciones habrá un reparto de poder en ambas cámaras que hará difícil la gobernabilidad del país. En ese escenario, la FED podría, de momento, adoptar un papel neutral para no influir en el resultado electoral.
Hay que tener en cuenta que el mercado de bonos a largo plazo indica rentabilidades superiores al 5%, lo cual no sucedía desde hacía treinta años.
Dicho de otro modo, pese al apoyo que tienen los títulos de renta fija pública, en el sentido de que la FED apoya la compra de los mismos, al igual que el BCE hace con la deuda pública de los estados europeos, la demanda de los mismos no es suficiente para conseguir bajar la rentabilidad por debajo del 5%, lo cual indica que los mercados están descontando un proceso inflacionario mediano y sostenido en el tiempo. Como dijo el mítico Milton Friedman, Premio Nobel de Economía del año 1976, padre de la Escuela Monetarista de Chicago, «la inflación es como la pasta del tubo de dientes, una vez que se sale no hay manera de volver a meterla dentro».
Siguiendo con Friedman (1912, 2006) es autor de varios libros, algunos icónicos como 'Capìtalism and Freedom' (Capitalismo y Libertad) publicado en 1962 o 'Free to Choose' (Libertad para elegir), publicado en 1980. Friedman, hombre de pensamiento controvertido, y que influyó poderosamente en las políticas monetarias implantadas en el Cono Sur en países como Chile o Argentina, hace décadas, sostenía que: «Puede haber libertad económica sin democracia, pero no es sostenible a largo plazo la democracia si no hay libertad económica». Eso es algo que se olvida en Europa, donde las políticas proteccionistas y buenistas, restan todo tipo de incentivo al esfuerzo y donde las democracias están anquilosadas y burocratizadas hasta extremos enfermizos, frenando la libertad económica, lo cual se traduce en estancamiento económico y en desafección y desencanto con la democracia. Una sociedad empieza a ir mal cuando la gente se cree con más derechos que deberes, cuando la mayor parte de la gente piensa que tiene que recibir del estado más de lo que aporta y cuando se piensa en repartir antes de generar riqueza.
Y otras dos perlas de Friedman, dicen así: «Una sociedad que prioriza la igualdad sobre la libertad terminará sin ninguna de las dos. Una sociedad que prioriza la libertad sobre la igualdad obtendrá una gran medida de ambas». Y frente a quienes sostienen que la economía de mercado es perversa, las evidencias apuntan a que es el sistema menos malo conocido y la segunda perla de Friedman decía así: «El gran mérito del sistema de mercado libre es que no le importa el color de la piel de las personas, ni su religión; solo le importa si pueden producir algo que tú quieres comprar. Es el sistema más eficaz que hemos descubierto para permitir que personas que se odian cooperen y se ayuden mutuamente».
Claro que hay gente que piensa que hay un sistema mucho más idóneo que consiste en que produzcan los demás y que consuma él, lo cual no sólo es injusto, sino también insostenible. El problema es cuando ese pensamiento parasitario es mayoritario y, además, se propaga desde el poder.
De momento, Warsh, casado con la mil millonaria Jane Lauder, una de las herederas del gigante cosmético Estée Lauder, tiene ante sí un dilema para contentar a los que quieren sorber y a los que quieren soplar y… sin que la economía se empapice.
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