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Editorial

Pedro Sánchez no calma la crisis

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Pedro Sánchez compareció en el Congreso en un momento de máxima debilidad del Gobierno, después de su polémica entrevista del lunes, de la publicación del informe policial que apunta a una entrada planificada y describe la permisividad y el guiado de los inmigrantes por parte de agentes marroquíes, y de las movilizaciones de apoyo a Ceuta. Un momento en el que las incógnitas sobre lo sucedido se habían multiplicado y el relato mantenido por el Ejecutivo desde el inicio se enfrentaba a nuevas informaciones que le han llevado a defender múltiples versiones, en ocasiones, contradictorias. Sánchez desplegó su explicación en torno a tres cuestiones: la posibilidad de haber evitado la crisis, las causas que la provocaron y las medidas necesarias para evitar que vuelva a suceder. Respecto a la prevención, sostuvo que nadie anticipó la dimensión de la entrada, aunque reconoció que el CNI había recomendado extremar la precaución (como sostiene la ministra de Defensa) y que el Cenif había elaborado informes en los días anteriores, uno de los cuales no llegó a sus superiores. La magnitud exacta de lo ocurrido podía ser imprevisible, pero eso no permite saber si las señales recibidas fueron interpretadas correctamente ni si se adoptaron todas las medidas posibles. O simplemente se ignoraron por razones que se ocultan. El problema, por tanto, no está solo en lo que podía anticiparse, sino en cómo se gestionaron esas advertencias y en quién asumió la responsabilidad por las decisiones adoptadas. Sobre las causas, Sánchez mantuvo el argumento inicial del Ejecutivo, atribuyendo un papel central a la desinformación difundida en las redes, a la tergiversación de la sentencia del Tribunal Supremo y a su amplificación por parte de la extrema derecha. Una explicación que puede ayudar a entender cómo se extendió la movilización, pero que no basta para explicar ni la dimensión de la entrada ni la actuación de las autoridades marroquíes. Si bien el nuevo informe policial no permite acusar a Rabat de que ordenase el asalto, sí denuncia actuaciones de agentes de la seguridad marroquí, desde la permisividad hasta el guiado de los flujos, que hacen insostenible una posición exculpatoria respecto a Marruecos como la que volvió a exhibir Sánchez. Tampoco hubo autocrítica sobre una gestión de esta crisis que ha generado un fuerte descontento, mientras las medidas anunciadas -mayor presencia europea y estatal, cambios en la coordinación con Marruecos, ayudas para Ceuta y la visita del Rey- no terminan de ser creíbles para asegurar el retorno a la normalidad en la ciudad autónoma. Sánchez no respondió a buena parte de las cuestiones que él mismo se fijó y que motivaban su comparecencia y esa falta de respuestas acabó dejándole en una posición de clara soledad política. Mientras el PSOE cerraba filas con el presidente, sus socios y sus opositores reclamaban unas explicaciones sobre Marruecos y sobre la gestión de la crisis que no llegaron. Sánchez mantuvo su relato inicial, no asumió errores y siguió exculpando a Marruecos, pese a los nuevos indicios. Por tanto, la comparecencia que debía servir para cerrar las dudas, terminó dejando abiertas las principales incógnitas y confirmando el aislamiento del presidente y de su partido. Y Ceuta sigue sumida en el caos.
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