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David Suárez

María Fernández; Beatriz Calzada; Luis Suárez; Sarah Culebras; David Suárez: Una ciudad que debe cuidar lo que tiene

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Vicesecretaria insular y coordinadora general de Coalición Canaria Gran Canaria; secretaria de organización de Coalición Canaria Gran Canaria; gerente de Coalición Canaria Gran Canaria; vicesecretaria de organización y responsable de programas y propuestas de Coalición Canaria Gran Canaria; concejal portavoz de Coalición Canaria en Las Palmas de Gran Canaria Ratas, cucarachas, basura acumulada en contenedores y aceras que presentan un estado difícil de justificar. El tan valioso orgullo de pertenencia del que solemos presumir ... en nuestro Archipiélago se ve seriamente afectado para quienes vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. No queda más remedio que reconocer la diferencia cuando comparamos nuestra ciudad con otras en materia de limpieza. Y ahí no hay rivalidad insular que valga: la comparación no nos favorece. Ya nos lo trasladan quienes nos visitan, pero la evidencia resulta tan flagrante que ni siquiera es necesario que nadie nos lo señale: lo vivimos día a día. La declaración de Emergencia Sanitaria en 2025 sirvió para afrontar una situación que llegó a representar un riesgo para la salud pública en la capital, pero no ha conseguido mejorar sustancialmente la imagen de la ciudad. El propio Ayuntamiento tuvo que reconocer que la suciedad en Las Palmas de Gran Canaria se había convertido en un problema de salud pública. Y esto tomando como referencia únicamente la ciudad baja, porque si ampliamos la mirada hacia determinados barrios, la situación resulta todavía más preocupante. Basta con observar zonas como el polígono de Cruz de Piedra o Las Rehoyas, donde la presencia de cucarachas forma parte de la realidad cotidiana. Los matojos crecen entre el asfalto y contribuyen a su deterioro. A la falta de limpieza se suma, por tanto, un evidente problema de mantenimiento del espacio público. En algunos casos, los parterres y zonas ajardinadas presentan un estado adecuado gracias, en buena medida, al esfuerzo de los propios vecinos, que terminan asumiendo tareas que deberían corresponder a los servicios municipales de Parques y Jardines. Los baldeos, cuando se producen, parecen insuficientes para las necesidades de la ciudad. ¿Ha visto usted recientemente un vehículo de baldeo? ¿En qué zonas? Basta con observar las aceras de cualquier barrio para comprobar la acumulación permanente de chicles y suciedad. Las Alcaravaneras, por ejemplo, ofrece numerosos ejemplos. ¿Hasta qué punto el pavimento conserva todavía su aspecto original? Y no se trata simplemente de una percepción subjetiva. Los datos de la OCU ofrecen un elemento objetivo de comparación. Las Palmas de Gran Canaria fue situada entre las ciudades peor valoradas de España en materia de limpieza, con 36 puntos sobre 100 y 2.145 avisos ciudadanos relacionados con hierbas, limpieza y papeleras en apenas un año. A esta situación se suma el episodio de la tasa de residuos. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias lo anuló porque consideraba que la memoria técnico-económica que la sustentaba no estaba suficientemente motivada y que faltaba documentación esencial para justificar los costes. El propio tribunal cuestionó que determinados estudios sobre generación de residuos, realizados en Cataluña, pudieran extrapolarse al municipio sin una justificación suficiente. Finalmente, el Ayuntamiento decidió no recurrir la sentencia y anunció la devolución de las cantidades abonadas por los contribuyentes. La pregunta resulta inevitable: ¿cómo es posible que, cuando la legislatura se aproxima a su recta final y las encuestas y la precampaña comienzan a ganar protagonismo, la ciudad no haya logrado todavía afrontar de manera decidida un problema tan visible como el de su limpieza? La explicación apunta a un problema estructural que ya se ha señalado en numerosas ocasiones en este per: un Servicio de Limpieza cuyo deterioro se ha prolongado en el tiempo; las reticencias del Gobierno municipal a reconocer con toda su dimensión el empeoramiento de la ciudad; una respuesta insuficiente ante la necesidad de realizar actuaciones extraordinarias de limpieza; dificultades crecientes dentro de las estructuras municipales para poner en marcha los grandes contratos de limpieza; y, finalmente, una falta de civismo que también contribuye al problema, desde quienes abandonan un colchón en la vía pública hasta quienes depositan un termo en un jardín o dejan cargas de madera junto a una parada de guaguas. A todo ello se suman vehículos obsoletos y una plantilla en la que las jubilaciones no se acompañan de las correspondientes reposiciones. El resultado es un Servicio Público de Limpieza que necesita una actuación decidida y una planificación capaz de garantizar su funcionamiento a largo plazo. Lo cierto es que lo están dejando morir. Mientras tanto, las licitaciones de Limpieza Viaria siguen pendientes de materializarse. La suma de estas circunstancias se traduce en una ciudad que transmite una imagen de abandono incompatible con la capitalidad de Las Palmas de Gran Canaria. El problema no es menor ni exclusivamente estético. La limpieza urbana afecta a la salud pública, a la calidad de vida de los vecinos, a la imagen que proyecta la ciudad y a la confianza de la ciudadanía en sus instituciones. Y, por supuesto, tendrá consecuencias políticas si no se aborda con la contundencia necesaria. El próximo año serán los ciudadanos quienes, también a través de las urnas, evalúen la gestión realizada. Pero precisamente porque el problema es evidente, también debe serlo la posibilidad de solucionarlo. Las Palmas de Gran Canaria tiene recursos, profesionales y, sobre todo, una ciudadanía que quiere vivir en una ciudad cuidada y de la que pueda sentirse orgullosa. Hace falta voluntad política, una gestión más ágil y eficaz, inversión, planificación y también un mayor compromiso cívico. Estamos a tiempo de revertir esta situación. Una ciudad no se recupera de un día para otro, pero sí puede empezar a cambiar cuando existe una decisión firme de hacerlo. Recuperar unas calles limpias, unos barrios cuidados y unos servicios públicos a la altura de lo que sus vecinos merecen no debería ser una aspiración extraordinaria, sino una obligación. Las Palmas de Gran Canaria merece mucho más. Y lo importante es que aún estamos a tiempo de demostrarlo.
María Fernández; Beatriz Calzada; Luis Suárez; Sarah Culebras; David Suárez: Una ciudad que debe cuidar lo que tiene
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