En la reunión de hoy, comenzaremos a reflexionar sobre la Constitución Pastoral Gaudium et Spes , con la que el Concilio Vaticano II se propuso centrarse en un tema fundamental: la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. San Juan XXIII, ya en su discurso inaugural del 11 de octubre de 1962, había criticado a los «profetas de la fatalidad» que, «aunque arden de celo religioso […] dicen que nuestros tiempos, comparados con siglos pasados, son mucho peores; y llegan incluso a comportarse como si no tuvieran nada que aprender de la historia» (Discurso Gaudet Mater Ecclesia , 11 de octubre de 1962, 4.2). De ahí la tarea encomendada a los Padres conciliares: «En el estado actual de los acontecimientos humanos, en el que la humanidad parece estar entrando en un nuevo orden de cosas, conviene más bien contemplar los misteriosos planes de la Divina Providencia, que se llevan a cabo a su debido tiempo mediante la obra de los hombres, y a menudo más allá de sus expectativas, y que, con sabiduría, disponen todo, incluso los asuntos humanos adversos, para el bien de la Iglesia» ( Gaudet Mater Ecclesia , 4.4).
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