Cada noche, durante meses, mientras se acostaban en su casa de Watts, al sur de Los Ángeles, José, de siete años —que lleva el nombre de su papá—, miraba a su mamá, Alma Ramírez, y le hacía una pregunta:
'¿Por qué se llevaron a mi papá?'
Su papá, José Padilla, de 41 años, fue detenido el 27 de enero de 2026 por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mientras trabajaba lavando autos en Los Ángeles. El padre de cuatro hijos, quien ha vivido en Estados Unidos por más de 20 años, fue una de las más de 1,400 personas detenidas en el área de Los Ángeles ese mes de enero, según el Proyecto de Datos sobre Deportaciones, y uno de los al menos 373 trabajadores de lavaderos de autos detenidos entre junio de 2025 y enero de 2026, según datos recopilados por el Centro CLEAN para Trabajadores de Lavaderos de Autos.
Al igual que muchas otras familias que han perdido el sustento de su hogar debido a las continuas redadas de inmigración en todo el sur de California, Ramírez y sus hijos, Alex, de 17 años, José Jr., de 7, y Joaquín, de 2, han enfrentado graves dificultades económicas, además del impacto emocional y en la salud mental que supone la separación familiar.
'A los niños les afectó más porque tenían a su papá todos los días. Aunque llegara a casa cansado de trabajar bajo el sol abrasador, se sentaba a jugar con ellos', dijo la madre de tres hijos, sentada en su sala. 'Y él nos cuidaba. Pagaba nuestros biles (facturas de servicio), me ayudaba con los quehaceres de la casa y bañaba a los niños. Era un papá que realmente estaba presente. Eso es lo que más me gusta de él'.
Según un informe de 2025 de American Families United, en el que se encuestó a personas afectadas por redadas de inmigración, el 97% reportó dificultades emocionales y el 78% dificultades económicas después de que un miembro de la familia fuera detenido.
'Ahora que él no está aquí, realmente sentimos su ausencia y lo mucho que nos ayudaba, no solo con billes y gastos, sino también simplemente estando aquí para los niños, para mí y para mis padres', dijo la mujer de 31 años y estudiante del sector salud. 'Ha sido difícil para nosotros estar sin él. Era nuestro apoyo. Era nuestra persona. Honestamente, era la persona de todos'.
Impacto psicológico
En cuanto al impacto en los niños, el daño psicológico causado por las medidas de control migratorio no solo es agudo, sino también 'crónico, multifacético y con repercusiones en el desarrollo', según un informe publicado en Psychiatric News. Para los niños de familias con estatus migratorio mixto, estas perturbaciones y ausencias pueden provocar síntomas duraderos de trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad y depresión.
Según el informe de la Facultad de Medicina de UCR, las redadas en los lugares de trabajo y las detenciones durante las operaciones federales de control migratorio están provocando lo que describen como una 'emergencia de salud pública' para millones de niños como Joaquín y sus hermanos. La Dra. Lisa Fortuna, profesora y directora del departamento de psiquiatría y neurociencia de la Facultad de Medicina de UCR y psiquiatra principal a cargo del informe, señaló que este tipo de separaciones de un padre o cuidador 'reconfiguran fundamentalmente el desarrollo y la salud mental de un niño'.
'Los niños aprenden observando a sus padres. Cuando esa estabilidad se ve alterada, afecta la forma en que se relacionan con los demás y ven el mundo', afirmó el coautor, el Dr. Kevin Gutiérrez, en un comunicado publicado en su sitio web sobre los hallazgos del estudio. 'Sin entornos seguros y acogedores, limitamos su potencial emocional, social y cognitivo'.
Se ha demostrado que estos temores y la eventual detención de un ser querido provocan ausentismo escolar, desinterés académico y un mayor estrés emocional, según el informe de la Facultad de Medicina de la UCR.
En el caso de Ramírez, dos de sus hijos, José y Alex —quien tiene autismo—, mostraron cierto desinterés por la escuela tras la detención de su padre. Alex, el hijo mayor de José, dependía de su padre, quien lo ayudaba con todo, desde bañarse y hacer la tarea hasta asistir a las reuniones escolares.
'La razón por la que José decidió trabajar en un lavadero de autos fue por los niños, especialmente por Alex, ya que él requiere cuidados especiales', dijo Ramírez mientras esperaba a que el autobús escolar dejara a Alex en casa. 'Quería asegurarse de poder estar disponible para todos ellos en cualquier momento'.
En junio de este año, Alex y sus hermanos llevaban cinco meses sin ver a su papá y, durante ese tiempo, los dos hijos mayores comenzaron a recibir terapia.
'Le contamos a la escuela lo que había pasado, y ahora a ambos les han asignado un terapeuta para ayudarlos a procesar y entender sus sentimientos, y están aprendiendo diferentes formas de manejar esas emociones intensas', dijo ella. 'Mi hijo de siete años (José) trata de hacerse el valiente, pero noto que extraña a su papá. Además de la terapia, ha recibido apoyo adicional en la escuela cada vez que notan que no puede concentrarse como solía hacerlo'.
En una carta dirigida al juez de inmigración en apoyo de su papá, Alex escribió cuánto extrañaba a su padre y cuánto deseaba verlo en 'la vida real', no por teléfono ni por tableta.
Ramírez, sentada en su sala, juega nerviosamente con un carrito de juguete mientras relata el día en que su pareja fue detenido por el ICE, con su hijo Joaquín a su lado.
Crédito: Janette Villafana
Ramírez le saluda a la conductora del autobús escolar mientras espera a que su hijastro Alex, quien tiene necesidades especiales, baje del autobús al terminar la escuela.
Crédito: Janette Villafana
Rutinas interrumpidas
Para José [Jr.], de siete años, su hermano Joaquín, de dos, y su hermanastro Alex, de 17, su papá José era una figura constante de seguridad y estabilidad. Jugaban juntos todas las tardes después de terminar la tarea, él les leía y, junto con Ramírez, solían salir a hacer actividades familiares.
Por la noche, parte de la rutina de los hijos de José consistía en acurrucarse entre los brazos de su papá mientras él arrullaba a los pequeños hasta que se quedaban dormidos.
'Teníamos nuestras rutinas, cada mañana y cada noche, y todo eso se acabó', dijo Ramírez.
Según Ramírez, la estabilidad de la familia se desmoronó cuando detuvieron a José.
'De un día para otro, todo recayó sobre mí', dijo, meciendo a su hijo de dos años en sus brazos. 'Y no me molesta hacerme cargo, pero tienes que entender que éramos un equipo tan bueno; realmente nos ayudábamos mutuamente. Cuando sufrí depresión posparto, él fue paciente; se encargó de todo y me ayudó a volver a ser yo misma'.
Ramírez y su pareja, a quien ella llama en broma su 'mari-novio' —una palabra que combina 'marido' y 'novio'—, llevan juntos desde 2014 y forman una familia con estatus migratorio mixto. Conoció a José cuando él era papá soltero con dos hijos y trabajaba en el negocio de lavado de autos de su padre.
Como cualquier padre, su meta en la vida es darles a sus hijos una vida buena y estable.
El día que detuvieron a José, él y Ramírez siguieron con su rutina cotidiana: ayudaron a preparar a los niños para la escuela; uno los bañaba y vestía mientras el otro preparaba el desayuno.
Luego, Ramírez llevaba a su hijo y a su sobrino a la escuela, mientras José se quedaba en casa con el más pequeño y hacía una ligera limpieza antes de prepararse para el trabajo.
La única diferencia esa mañana fue la hora a la que José salió para el trabajo. Según Ramírez, José solía salir de casa a las 9 a. m., pero ese día se fue más temprano de lo habitual para echar gasolina, algo que no solía hacer, pero se había olvidado de llenar el tanque el día anterior.
'Salió apurado por la puerta cuando le dije: 'No, tienes que comer', y le di dos burritos y un café, y se fue', dijo ella, tratando de contener las lágrimas mientras recordaba los detalles de esa mañana.
Ramírez estaba en la cocina de su mamá cuando recibió la llamada. 'El hombre al otro lado de la línea me preguntó si conocía a 'Morro', que es el apodo de José, y cuando le dije que sí, me dijo: 'ICE acaba de detenerlo''.
'Me derrumbé; todos estábamos devastados. No podíamos creerlo'. Ramírez recuerda haber tenido que pasarle el teléfono a su mamá y a su hermana porque no podía contener las lágrimas.
Como familia, habían sido conscientes de las redadas frecuentes de ICE en sus vecindarios, pero solo habían hablado de medidas de seguridad, como compartir sus ubicaciones entre sí.
Ella dijo que nunca habían hablado de qué harían si José fuera detenido de verdad.
'Simplemente pensábamos que, ya sabes, no nos pasaría a nosotros si teníamos cuidado. Hasta que sucedió', dijo. 'Mirando hacia atrás, ojalá hubiéramos elaborado algún tipo de plan, pero incluso así no creo que nada te prepara para la enorme sensación de pérdida que se siente en un hogar cuando se llevan a tu esposo'.
José fue trasladado desde el centro de Los Ángeles al Centro de Detención de Adelanto y, posteriormente, al Centro de Detención de California City, en el condado de Kern.
El trayecto en auto desde Watts hasta el centro de detención es un largo viaje de tres horas, así que, con una carga de trabajo intensa, una familia que atender y un auto poco confiable para un viaje así, Ramírez y su familia se comunicaban principalmente con José a través de videollamadas cada dos noches.
José, junto con sus hijos Alex, José Jr. y Joaquín, celebra la graduación de Alex.
Crédito: Alma Ramirez | Cortesía
'Necesito a mi papá'
El Proyecto de Equidad Infantil de la Universidad Estatal de Arizona descubrió que la detención y la separación de los niños y sus padres, incluso por un período breve, pueden provocar estrés tóxico, con efectos profundos y negativos en el bienestar psicológico y el desarrollo saludable de los niños pequeños, como problemas emocionales y de conducta.
'La ciencia psicológica es clara: la detención, la deportación, la separación familiar y la amenaza constante de tales acciones generan estrés crónico que aumenta la ansiedad, la depresión, los síntomas relacionados con el trauma y los riesgos para la salud a largo plazo', afirmó el director ejecutivo de la APA, el Dr. Arthur Evans, Jr., en un informe de la Asociación Americana de Psicología. 'Estos daños son especialmente graves para los niños, cuyo desarrollo emocional depende de relaciones de cuidado estables y seguras'.
Un viernes por la tarde de junio, Ramírez colocó fotos familiares sobre su sofá. En sus manos tenía un regalo de San Valentín que había hecho especialmente para José, antes de que lo detuvieran.
'No pudimos celebrar el Día de San Valentín como queríamos, pero no pasa nada, esto lo estará esperando cuando salga', dijo, sintiéndose optimista respecto a su regreso.
'¡Mira, ese es él!', dijo, señalando a José, quien en la fotografía estaba siendo abrazado por su hijo de siete años; ambos lucían enormes sonrisas en sus rostros.
Ramírez dijo que cada niño se ha visto afectado de manera diferente, y que los cambios varían de un niño a otro. Su hijo menor, Joaquín, de dos años, es quien lo está pasando peor.
'Todavía es pequeño, así que le cuesta entender por qué no puede ver a su papá', explicó Ramírez. 'Era el que estaba acostumbrado a dormir en los brazos de su papá, así que cada noche se da la vuelta para ver el espacio vacío a mi lado y dice: 'Me hace falta mi papá''.
Una foto de José y Ramírez en una cita; ella suele mirar fotos antiguas para sentirse más cerca de él.
Crédito: Janette Villafana
Una madre intenta salir adelante
Durante meses, esta madre de tres hijos se las arregló como pudo para sacar adelante a sus hijos y sus estudios. En el momento de la detención de José, era ama de casa y estudiante, y se estaba preparando para un examen para obtener la certificación como flebotomista.
Desafortunadamente, tuvo que volver a presentar el examen varias veces porque, tras perder el apoyo de su pareja, todo su tiempo se lo ocupaban otras cosas.
'Ha sido muy difícil. Me paso todo el tiempo llorando; algunos días son más difíciles que otros', dijo. 'Andrea, del Centro de Trabajadores de Lavado de Autos CLEAN, fue quien me dijo que debería considerar ir a terapia porque me haría bien. Aparte de mi familia, ella me ha ayudado muchísimo porque me permite desahogarme cuando lo necesito'.
Ramírez y sus hijos viven con sus padres y pagan alquiler, pero dijo que, aunque su situación de vivienda es mejor que la de la mayoría, pagar las cuentas y manejar todo mientras trata de mantener el ánimo de su pareja ha sido difícil.
Explicó que ella y José han tenido que encontrar formas de equilibrar las cargas financieras y emocionales.
'José consiguió un trabajo en la cocina del centro de detención porque dijo que no quería ahogarse en la depresión. Quiere hacer que el tiempo pase, y dice que el dinero que gane lo puede usar para comprarse sopas y botanas porque no quería que yo me preocupara por depositar dinero en su cuenta', dijo ella, con una leve sonrisa en el rostro. Fue otro recordatorio de por qué lo amaba y de cuánto sigue esforzándose por cuidarlos, incluso estando detenido.
Según un estudio de 2020 en el condado de Pima, Arizona, una detención por motivos migratorios puede costarle a los hogares un promedio de más de 24,000 dólares. Además de la pérdida de ingresos, esta cantidad incluye los gastos legales que deben pagar de su propio bolsillo, el valor de las pertenencias incautadas durante la detención y que no se recuperaron, y otros gastos relacionados con el sustento de un familiar mientras este se enfrenta al sistema judicial migratorio.
'Yo he recurrido a recursos locales para conseguir comida, provisiones y otra ayuda que nos permita salir adelante, porque en este momento no sabemos cuánto tiempo pasará hasta que lo liberen. Ya sea que lo liberen para que vuelva con nosotros o que lo deporten', agregó Ramírez.
Contó que su mañana empieza antes de las 5 a. m. Por lo general, lleva a su mamá al trabajo temprano por la mañana, lo que le deja aproximadamente una hora para sí misma antes de tener que preparar a los niños para la escuela, tiempo que dedica a intentar estudiar.
'Me ha costado mucho administrar mi tiempo y encontrar un nuevo ritmo', dijo. 'Tengo que estudiar muy tarde por la noche o muy temprano por la mañana, porque tengo que hacerlo cuando los niños están durmiendo, así que casi no descanso'.
Ramírez no ha podido aprobar su examen, pero espera volver a rendirlo pronto, una vez que se haya adaptado a su nueva rutina. En cuanto a José, ella no ha perdido la esperanza, aunque sí se preocupa por él debido a las noticias que ha visto sobre las condiciones en los centros de detención.
'Tengo mucha fe y esperanza de que lo liberen', dijo Ramírez en junio. 'No veo la hora de que llegue el día en que mis hijos tengan de vuelta a su papá, de que él vuelva a ver a todos sus hijos'.
***
El 4 de agosto de 2026, seis meses después de su detención, Ramírez y sus hijos recibieron la noticia que tanto habían esperado. José fue liberado del centro de detención y sus hijos lo recibieron en la Union Station de Los Ángeles. El Immigrant Defenders Law Center, que ayudó a José y a su familia en su caso, capturó ese emotivo reencuentro.
'¿Quién es ese, papá?', le dice Ramírez a su hijo de siete años al doblar la esquina; no salen palabras, solo sonrisas y lágrimas de alegría y alivio.
El camino de sanación de la familia está lejos de terminar. Aunque José ha recuperado su libertad, sigue luchando por su caso y espera poder quedarse en el país donde ha construido una vida junto a su familia.
Ramírez compartió que, para ayudar con los honorarios de los abogados, han dejado abierta su cuenta de GoFundMe. Por ahora, Ramírez y sus hijos se alegran al estar todos nuevamente en los brazos de José, disfrutando del cálido abrazo que anhelaban desde hace seis meses.
Este artículo fue producido con la colaboración de Reportajes de Salud en Medios Étnicos 'Healing California' de USC Annenberg Center for Health Journalism y el programa California Local News Fellowship de la Universidad de Berkeley.
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