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El primer camino comenzó en 2022, cuando me hice un examen de origen genético. El resultado arrojó 60 % de la región andina, 13 % de Italia, 12 % de España y 7 % de Alemania. Como colombiana que ha vivido la mitad de su vida en Alemania, pensé que ese 7 % podría explicar mi atracción por la cultura alemana.
Lo más bello del resultado es que recibes una animación con los sitios de tus orígenes en un mapa. El punto que indicaba mi 7 % aparecía justo en el pueblo de donde procede mi esposo: la región de Suabia, al suroccidente de Alemania, la tierra de los suabos.
El segundo camino empezó en 2024, cuando decidimos hacer el Camino de Santiago del Norte, desde Irún hasta Llanes. Allí mi conexión con la naturaleza se hizo más profunda. Los acantilados, las olas del Cantábrico, los bosques del País Vasco vibraban en mi alma. Los días de caminata me recordaban las caminatas en el Tayrona y la filosofía cósmica de los koguis.
El tercer camino comenzó este año, en 2026, con la segunda etapa del Camino del Norte, desde Llanes hasta Santiago de Compostela. Al pasar por Asturias me inquietó que en los timbres de las puertas aparecía con frecuencia el apellido Blanco. El apellido se repetía también en los nombres de los hoteles y en algunas vallas. Averigüé sobre su origen en la National Geographic.
En este punto se encuentran el primer camino y el tercero. Los suevos, antepasados de los actuales suabos, habitaron Asturias entre los siglos V y VII y fundaron un reino en Gallaecia. Procedían del norte de Europa, de la zona del Báltico, y en su migración hacia el sur dieron nombre a Suabia. Tal vez de allí proviene mi 7 % de material genético alemán y mi conexión ancestral con mi esposo suabo.
El cuarto camino continúa desde Asturias, con sus bosques, aldeas, personas y colores de todas las naciones y campos de maíz de Galicia, hasta llegar a la Catedral de Santiago. La naturaleza abraza una tradición religiosa y la leyenda del apóstol Santiago. Los cuatro caminos se encuentran en la celebración de la misa del peregrino, presidida por hombres vestidos con túnicas blancas.
En esa ceremonia entendí la primacía de mi 60 % indígena, de mis dioses ancestrales del sol, la luna, los mares del Caribe y las playas del golfo de Vizcaya. La naturaleza es una diosa que acoge a varias religiones. Entendí también que todos somos parientes y venimos de la misma chispa de vida, que el amor conecta los continentes y que la naturaleza y el tiempo nos sanan.
Ángela Blanco-Vogt
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