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Audacia ante la urgencia climática

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Cuando hace cuatro años el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó su último informe, ya anunciaba: 'Entramos en territorio desconocido'. Hoy aquel lugar inexplorado se ha convertido en la vida cotidiana. Solo el burdo negacionismo o los intereses de quienes quieren seguir produciendo y quemando combustibles fósiles cuestionan lo que ya no es solo un abrumador conocimiento científico, sino la realidad diaria: la actividad humana causa el cambio climático, y el calentamiento del planeta es cada vez más visible en la subida de las temperaturas, los océanos, los glaciares —de trágica actualidad— y la intensidad y frecuencia de fenómenos extremos como olas de calor, sequías o lluvias torrenciales. Sus efectos ya no son únicamente gráficas y números en un informe técnico, sino serias afecciones a la existencia de cientos de millones de personas y pérdidas de miles de millones, y, mucho peor, de miles de vidas. En la última década se han vivido los años más cálidos registrados nunca. Si los tres anteriores ya elevaron sobradamente la media, este 2026 está a punto de batir el récord. En la España peninsular, se han superado por primera vez los 16⁰ de media entre enero y agosto, el periodo más caluroso desde que comenzaron los registros en 1961. Y la probabilidad de que en el otoño meteorológico (de septiembre a noviembre) las temperaturas estén por encima de lo normal se sitúa del 60% al 70%. Nunca los mares habían estado tan calientes. Tras un 2025 con marcas máximas, en agosto se ha batido el récord de temperatura media diaria en la superficie oceánica: 21,1⁰. A esa olla se está sumando El Niño, un fenómeno cíclico sin vinculación directa con el cambio climático, pero que complica un mundo sobrecalentado por la acción humana. La Organización Meteorológica Mundial prevé que El Niño, que ya ha causado este año sequías, temporales o incendios en Latinoamérica, alcance una intensidad muy fuerte antes de su apogeo a finales de año y se extienda a febrero. 'El mundo se encuentra ya en la zona de peligro de los fenómenos meteorológicos extremos', ha dicho el secretario general de la ONU, António Guterres. En esta situación siguen siendo imprescindibles las políticas de mitigación para reducir las emisiones y contener el calentamiento, pero no bastan. Adaptarse a la nueva realidad impuesta por los fenómenos climáticos es quizá el mayor desafío de la humanidad, pero exige ambición política, planificación e inversiones sin precedentes. El papel de Europa, cuyas temperaturas llevan años aumentando al doble de la velocidad del promedio mundial, resulta crucial. Tras años de vacilaciones en sus políticas, Bruselas parece decidida a reactivar la agenda verde y la Comisión presentará en otoño un ambicioso plan para adelantarse a los impactos de esta crisis. Propuestas como las que España, con otros socios, acaba de plantear de crear una fuerza europea permanente de respuesta a las emergencias climáticas o un impuesto estable a las petroleras y gasistas muestran una resolución cada día más urgente. Todo lo que no sea afrontar este reto con audacia y visión de futuro sería una irresponsabilidad.
Audacia ante la urgencia climática
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