Hay un hilo que conecta Michigan con el Raval Nord. Que une al candidato demócrata al Senado por ese estado, Abdul el Sayed, y a la médica del CAP de ese barrio barcelonés que hace el seguimiento de mis padres.
Ese hilo se me hizo presente una tarde de agosto, cuando nuestra médica de familia respondió en media hora a una consulta urgente sobre el alzheimer de mi padre. Pensé entonces en Abdul el Sayed, médico y candidato demócrata al Senado por Michigan, que, antes de ganar las primarias el 5 de agosto, explicó en The New Yorker que se había politizado ejerciendo como médico al observar las diferencias en el trato que recibían ricos y pobres. El Sayed tiene cada vez más posibilidades de ganar su escaño en noviembre y convertirse en el primer senador musulmán de Estados Unidos. Es curioso que sean jóvenes musulmanes como El Sayed o el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quienes parecen estar preservando parte del alma del sueño americano, mientras ultras que se declaran cristianos como Trump lo están destruyendo.
Abdul el Sayed dijo que se politizó al observar las diferencias en el trato a ricos y pobres
Volvamos al Raval. La sensación de cuidado, de tener un equipo sanitario que se preocupa por mis padres y que me preguntan cómo estoy cada vez que me llaman, es un tesoro del que apenas somos conscientes. En un barrio complejo, con miles de casuísticas distintas, siempre están allí, cuidando de la comunidad. Estas doctoras y enfermeras son la cara de un Estado que protege la cohesión social y el bienestar de la comunidad. Es así como la sociedad avanza sin caer en las pulsiones del odio y el desprecio al débil que están amenazando el alma de Europa.
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Mar Jiménez
El problema surge cuando el Estado está ausente, cuando las comunidades se sienten abandonadas. En Europa, afortunadamente, no tenemos que construir de nuevo el Estado de bienestar, pero hay que protegerlo cada día. Si los gobiernos no acompañan a la ciudadanía con sanidad, educación, derechos sociales, seguridad y un espacio público cuidado, en cada uno de los barrios del continente, es entonces cuando las puertas a la extrema derecha se abren de par en par.
Ya es tarde para agitar el miedo al lobo. Ya no sirve. Hay que gobernar y gobernar mejor, con la máxima exigencia. Y estar presentes para que la ciudadanía se sienta escuchada, acompañada y protegida, apoyando a esas servidoras y servidores públicos que son el pegamento que nos une como sociedad.
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