Los argentinos oscilamos entre el entusiasmo por la visita del papa León XIV, quizás el mimo en el alma que todos esperábamos que nos ofrendara Francisco, y la angustia por la 'jubilación' de Lionel Messi de la selección nacional de fútbol. Hubiéramos sentenciado en aquella lejana clase de historia en la escuela secundaria: 'No son Díaz de Vivar' (millennials, consultar con la IA más cercana).
Obvio que no es momento para distraerse, porque es el preferido de la política para hacer movidas que pasan sutilmente lejos de los focos periodísticos y, cuando nos damos cuenta, ya es tarde y está todo cocinado y en nuestra contra. Pasamos de la ilusión de la tercera estrella en el firmamento futbolístico a la antesala por demás adelantada de la elección presidencial.
Sí, faltan 13 meses para ir a votar la primera vuelta, aunque seguramente habrá que pasar por varias instancias. Cada quien querrá salvarse y mantenerse en el cargo, si se lo permite la reelección eterna. En el medio, escondido, pero no olvidado, es probable que el exjefe de Gabinete siga pidiendo prórrogas a la Justicia para emprolijar su presentación de ganancias, a pesar de que Javier Milei había dicho a principios de mayo que Manuel Adorni estaba a días cumplir con su deber y que estaba todo en regla. ¿Cuántos funcionarios incumplieron las promesas hechas a sus líderes? Podríamos empapelar el Obelisco con nombres y cargos.
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