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Juan Miguel Vega

Juan Miguel Vega: Hacer de la necedad virtud

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05/09/2026 a las 20:37h. No debe de haber muchos lugares en el mundo donde exista un tramo de autovía con tres carriles por sentido en el que se deba circular a menos de cincuenta kilómetros por hora. En Sevilla hay uno. Sí, va a haber que dar la razón ... a quienes dicen que en Sevilla hay de todo. El tramo en cuestión está en la Ronda Urbana Norte y la limitación de velocidad que en él rige no es por ningún capricho. Es que allí hay otra cosa que probablemente no haya en muchas autovías del mundo civilizado: una curva de casi noventa grados. Por eso, además de la correspondiente señal vertical, unas bandas sonoras transversales en el asfalto alertan de la prohibición al conductor desprevenido. Y por si eso fuera poco, un gran cartel de vivos colores advierte de la existencia de un radar delator que tomará la matrícula a los infractores. El engendro fue consecuencia de las prisas con las que hubo que hacer las cosas 'de cara a la Expo del 92', como entonces se decía. Sevilla se transformó entera y hubo que hacerlo en menos de un lustro. Muchas obras se hicieron, por eso, regular, cuando no muy mal; incluso en algunas el defecto fue previo a la ejecución: ni siquiera hubo tiempo para pensarlas bien. De ello son buenas muestras esa curva de la Ronda Norte y el puente del Centenario, en su día también motejado como el 'Paquito', porque algún miope le halló parecido con el Golden Gate de San Francisco, o el 'Microondas', porque 'en un minuto te pone en Los Bermejales, en cinco en Los Remedios, en ocho en Tomares'. En realidad, a lo que el puente se pareció desde el principio es al cuello de una botella de mosto del Aljarafe, por donde escanciar el tráfico sería complicado. Luego vinieron los proyectos malabarísticos para ensancharlo y ese alegórico poltergeist que desplomó una letrina portátil sobre el asfalto, que no mató a nadie de milagro pero delató el trasunto de inmundicia política oculto tras el proyecto. Definitivamente, no es para estar orgullosos de tener en Sevilla tamañas chapuzas, pero tal vez les podamos sacar partido; hacer de la necedad que las produjo virtud y convertirlas en atractivos turísticos. Vender, por ejemplo, la experiencia de llevar un Suv en una autovía de tres carriles al paso de un paso de Semana Santa: vamos poquito a poco, siempre sobre los pies, mi arma. Menos paso quiero, que ya está aquí el radar. Derecha alante, izquierda atrás, venga de frente que ya estamos en el Polígono Calonge. O subir a los cielos que perdimos, mirando de reojo, ya que a la ciudad no se puede pues la ocultan unas lonas, a las alturas, por si de ellas cae un w.c. En este mundo tarumba seguro que hay gente que pagaría por ello.
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