En menos de dos semanas, el mundo recibió dos señales de que la inteligencia artificial entró en una nueva etapa. En Beijing, más de 2.000 robots humanoides participaron en competencias deportivas y pruebas inspiradas en fábricas, hogares y situaciones de emergencia. Días después, OpenAI presentó GPT-6 Astra, un modelo cuyos resultados reabrieron la discusión sobre la llegada de la Inteligencia Artificial General. Mientras las máquinas corren, aprenden, razonan y ejecutan tareas cada vez más complejas, Colombia continúa discutiendo las reglas básicas de la carrera.
Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, realizados entre el 22 y el 26 de agosto, fueron mucho más que un espectáculo. Con 51 disciplinas y más de mil competencias, Beijing construyó el mayor sandbox tecnológico a cielo abierto del mundo: un espacio controlado para someter los robots a presión, identificar sus fallas, recopilar información y acelerar su mejoramiento. Hubo máquinas que corrieron, jugaron fútbol, practicaron artes marciales, realizaron tareas industriales y respondieron ante emergencias. También hubo caídas, choques y errores. Precisamente ahí estaba su valor: cada acierto mostraba una capacidad disponible y cada fracaso producía datos para perfeccionarla. En pruebas específicas, algunos robots incluso superaron marcas humanas en velocidad y salto.
Las competencias reunieron sistemas con distintos niveles de autonomía y todavía estamos lejos de ver robots humanoides desplegados masivamente en todos los sectores. Sin embargo, China consiguió tres objetivos simultáneos. Probó tecnologías de frontera en escenarios variados, permitió que la ciudadanía observara directamente hasta dónde ha llegado la robótica potenciada por IA y proyectó ante el mundo su capacidad industrial. Los Juegos funcionaron como laboratorio, estrategia educativa y demostración de poder tecnológico. China entendió que la competencia por la inteligencia artificial también se libra en la imaginación pública: quien logra mostrar el futuro como una realidad presente gana confianza, inversión e influencia.
La segunda señal llegó el 3 de septiembre con el lanzamiento de GPT-6 Astra. OpenAI asegura que el modelo alcanzó 98 % en FrontierMath Tier 4, 100 % en una prueba de explotación de vulnerabilidades informáticas y hasta 99,9 % en ARC-AGI-3, una evaluación diseñada para medir si una máquina puede explorar entornos desconocidos, descubrir sus reglas y planear acciones para resolver problemas que nunca había visto. La ARC Prize Foundation precisa que Astra obtuvo 62,7 % con su arquitectura estándar y 99,9 % cuando utilizó el entorno de herramientas del proveedor. Incluso con esa diferencia metodológica, ambos resultados marcan un salto extraordinario.
Aquí aparece una expresión que hasta hace poco pertenecía principalmente a la ciencia ficción: Inteligencia Artificial General o AGI por sus siglas en inglés. La mayoría de las herramientas actuales son extraordinarias en determinadas tareas, pero dependen de instrucciones, datos y campos relativamente delimitados. Una AGI, en cambio, podría aprender habilidades nuevas, trasladar lo aprendido de un ámbito a otro, comprender situaciones desconocidas, formular planes y ejecutar tareas complejas con una flexibilidad comparable a la humana. En términos sencillos, dejaríamos de tener una colección de herramientas especializadas para empezar a relacionarnos con una capacidad intelectual de propósito general.
Todavía no existe consenso científico sobre una prueba definitiva que certifique la llegada de la AGI. OpenAI tiene, además, un interés comercial evidente en presentar cada nuevo modelo como una ruptura histórica. Pero sería igualmente irresponsable ignorar lo sucedido. Astra alcanzó resultados que hace pocos años parecían remotos, utilizó menos acciones que la persona promedio en el 96 % de los niveles evaluados y ya puede navegar, programar, investigar, operar computadores y desarrollar flujos completos de trabajo. Incluso fue clasificado por OpenAI en el nivel 'crítico' de capacidad en ciberseguridad porque, con las herramientas adecuadas, puede encontrar vulnerabilidades desconocidas y desarrollar formas de explotarlas sin orientación humana paso a paso. La AGI podrá seguir siendo discutible como etiqueta, pero dejó de ser una especulación lejana.
Frente a estos avances, el rezago colombiano resulta alarmante. Contamos con la Política Nacional de Inteligencia Artificial formulada mediante el CONPES 4144 de 2025, pero todavía carecemos de una ley integral y vinculante. No existe una definición legal general de qué entendemos por sistema de IA, una clasificación nacional de riesgos ni un régimen claro que determine qué usos están permitidos, cuáles requieren supervisión reforzada y cuáles deben prohibirse. Mientras Europa ya aplica prohibiciones y obligaciones de transparencia para sistemas generativos, en Colombia el primer proyecto integral terminó archivado por vencimiento de términos. Tuvimos que presentar nuevamente el Proyecto de Ley 025 de 2026 Cámara, cuya ponencia tengo la responsabilidad de coordinar.
Ese proyecto y la Comisión Accidental de Inteligencia Artificial que impulsamos deben convertirse en espacios para recuperar el tiempo perdido. El país necesita establecer límites frente a la vigilancia biométrica, la discriminación algorítmica, los sistemas que afecten derechos laborales, el uso de IA con niñas y niños y la automatización de decisiones judiciales, administrativas o militares. También debemos crear entornos controlados de prueba, apoyar el desarrollo de capacidades nacionales, proteger nuestra soberanía sobre los datos y garantizar que las decisiones que comprometan la vida, la libertad o el uso de la fuerza permanezcan bajo control humano.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella debe explicar cuál será su política frente a una transformación que afectará el empleo, la educación, la seguridad, la industria y la democracia. Colombia no puede limitarse a consumir tecnologías diseñadas en otros países ni entregar sus datos y capacidades estratégicas a corporaciones extranjeras. Mientras China convierte estadios en laboratorios tecnológicos y OpenAI anuncia el posible comienzo de la era de la AGI, nuestro país sigue esperando reglas elementales. El futuro ya llegó. La pregunta es si Colombia participará en su construcción o aceptará que otros lo diseñen por nosotros.
Alejandro Toro
(0)Comments