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Juan Bolea

Conocer Ceuta y Melilla

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En medio de la crisis africana, el presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, ha insistido a los españoles en invitarles a conocer su ciudad. Puede ser esa una manera de defenderla, y quizá la mejor. Exactamente el mismo planteamiento cabría aplicar a Ceuta, en línea de lo también reiterado por su presidente, Juan Jesús Vivas: visitarla, conocerla, equivaldrá a incorporarla definitivamente a nuestro sustrato histórico, a quererla. Esta columna comienza así porque son muchos los compatriotas que nunca han estado en nuestras Ciudades Autónomas, y que deberían paliar ese déficit planificando próximos viajes, que en absoluto los defraudarán. Melilla, además de por barco, está cómodamente comunicada por línea aérea. Ceuta acaba de estrenar un servicio de helicóptero que, volando a baja altura, permite admirar la belleza del Estrecho y entender la importancia de este paso geo-estratégico de trascendencia mundial. No en vano todo el tráfico marítimo que pretenda comunicarse entre el Atlántico y el Mediterráneo, ya sea embarcación de placer o submarino nuclear, deberá transitar por la pequeña manga de agua salada extendida entre los escasos kilómetros que separan Algeciras, Tarifa o La Línea de su vecina Ceuta; visible ésta en días claros, con sus murallas y bastiones, sus edificios y playas. Si de arquitectura hablamos, y a Melilla nos dirigimos, nos asombrará la abundancia y calidad de su arquitectura modernista. A principios del siglo XX, muchos de los principales arquitectos y artistas de esa corriente, Muntaner, Gaudí, Llimoná, Doménech… construyeron y decoraron en las principales vías y plazas melillenses casas residenciales de una dimensión y belleza casi museística en sí misma, y cuya visita hoy nos asombra. Con la propia Barcelona, Comillas y algún punto peninsular más, Melilla puede blasonar de ser cuna del modernismo (así como un ejemplo extraordinario de ingeniería y arquitectura militar, con construcciones y fortificaciones que, como las de Ceuta, abarcan varios siglos de antigüedad). Por un lado, pues, el caudal histórico-artístico de ambas ciudades. Por otro, su ejemplo de convivencia entre comunidades de distintas procedencias, idiomas y religiones, pero unidas en una ejemplaridad vecinal forjada por el tiempo y la razón (esos dos elementos de los que Marruecos carece en sus arteras reivindicaciones). Conocer Ceuta y Melilla: Un buen plan… ¿y una defensa?
Conocer Ceuta y Melilla
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