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Armonizar, no conciliar: nuevo paradigma del liderazgo femenino

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Desde hace décadas, la mujer del siglo XXI se ha consolidado en todos los campos de la sociedad. Busca realizarse integralmente en roles como madre, esposa, profesionista, ciudadana, hija, validando sus capacidades intelectuales, afectivas y sociales. Sin embargo, este dinamismo la enfrenta al desafío constante de conjugar las distintas dimensiones de su vida, lo que genera tensiones complejas al intentar equilibrar la maternidad y el trabajo. Uno de sus mayores dilemas es cómo ofrecer lo mejor en el cuidado de su familia sin comprometer su desarrollo profesional, ante la persistente y errónea percepción de que ambas facetas son mutuamente excluyentes. Autoras como Chinchilla, Debeljuh y Barsh, sostienen que el problema principal versa sobre la conciliación. Sin embargo al hablar de conciliación, inmediatamente pensamos en pelea, en exclusión y situaciones contrapuestas que no se pueden integrar. La maternidad y el desarrollo profesional no compiten entre sí; compiten solo cuando las estructuras y la mentalidad social nos hacen creer que deben hacerlo. Dentro del feminismo centrado en la persona, proponemos el término armonización ya que el desarrollo de la mujer no es un tema de división, ni de pelea. Las mujeres se desarrollan de manera integral en las diferentes esferas de su vida, lo que significa que todos los ámbitos pueden desarrollarse de manera integral y converger entre sí en un proyecto de vida que cuando se contempla en conjunto adquiere un sentido más profundo, radical y trascendente. No obstante, la armonización no puede sostenerse únicamente como una meta individual ni como una exigencia de adaptación propia de la mujer; requiere transformar activamente el entorno. Implica rediseñar las culturas organizacionales, impulsar políticas públicas de corresponsabilidad y promover un cambio cultural que deje de penalizar el cuidado. Redefinir las reglas del juego significa exigir y construir entornos donde la vocación profesional y la vida familiar no tengan que negociarse a costa de la plenitud personal. El desarrollo de la mujer no debe supeditarse a la lógica del dilema. Al superar la dicotomía entre la vida laboral y la familiar mediante el principio de armonización, la experiencia cotidiana se reviste de sentido integral y su proyecto de vida resignifica y transfroma su entorno. Por Mónica Villarreal Decana de la Escuela de Pedagogía Universidad Panamericana, Campus México mavillarreal@up.edu.mx PAL
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