Colombia enfrenta una tarea que va más allá de reparar lo que el terremoto destruyó. En la zona afectada será necesario recuperar viviendas, escuelas, vías y servicios, economías regionales y, sobre todo, redes sociales y proyectos de vida. Reconstruir no es regresar al día anterior al sismo, sino decidir qué vulnerabilidades no deben reproducirse y cómo los esfuerzos para superar la crisis pueden transformar el desarrollo de regiones que no han logrado insertarse en la economía del país. Desde el 10 de agosto comenzamos a actuar. Constituimos una mesa de coordinación nacional para articular nuestras capacidades, reconocer las afectaciones y responder a las necesidades de las comunidades en los territorios afectados. Son 220 los profesores, estudiantes, egresados y profesionales de la universidad se han movilizado para atender la emergencia; diez profesores de Medellín han apoyado acciones en Manizales, Pereira y Palmira, y 20 expertos llegaron al Chocó para evaluar colegios, hospitales y otras infraestructuras. Desde Bogotá, nuestra comunidad reunió y entregó a la Cruz Roja 1,5 toneladas de ayudas para los damnificados, y destinamos $ 4.000 millones del Fondo de Emergencias para atender las afectaciones en las sedes de Palmira y Manizales. En Chocó seguiremos apoyando a la región con formación, atención psicológica y otros proyectos de acuerdo con sus necesidades. Esta primera respuesta nos ha mostrado que el desafío será recuperar y fortalecer las capacidades económicas y sociales de los territorios. Esto es particularmente visible en la región cafetera, cuya economía funciona como una red. Cuando un terremoto daña una vía, una planta o un centro de abastecimiento, el impacto se transmite hacia proveedores, productores, trabajadores, comerciantes y consumidores. El desarrollo depende de esos encadenamientos. La reconstrucción tendrá que restablecerlos y hacerlos más diversos y resistentes. El Presidente de la República anunció que la reconstrucción será incorporada a la emergencia económica y al nuevo Plan Nacional de Desarrollo. La Unal estará en esa conversación. Lo hará desde nuestras capacidades. La Unal reúne conocimiento en ingeniería, arquitectura, ciencias agrarias, economía, administración, ciencias sociales y humanas, salud, educación, derecho, artes, ciencia de datos y estudios sobre seguridad y criminalidad. En lo productivo, la Unal aportará conocimiento para recuperar y reconfigurar cadenas de abastecimiento, transformación y comercialización. La educación exige una respuesta inmediata. Miles de estudiantes han visto interrumpidas sus trayectorias por daños en la infraestructura educativa. La universidad aportará soluciones que combinen presencialidad, tecnologías digitales y modalidades flexibles para que la escuela siga funcionando aun cuando su edificio no pueda hacerlo. También propondrá formación corta, híbrida y certificable para los oficios que demandará la reconstrucción. En vivienda, la Unal pondrá sus capacidades al servicio de soluciones que integren seguridad estructural, suelo, servicios, movilidad, empleo y comunidad. Hay que reconstruir tejido social. El reto será generar oportunidades para evitar una dolorosa pérdida de talento y saberes en las zonas afectadas. Las ciencias sociales y humanas, la salud, las artes y la educación aportarán al duelo, la convivencia y la organización comunitaria. La universidad cuenta además con investigadores que comprenden dinámicas criminales en contextos de vulnerabilidad, esto servirá para prevenir fraude, extorsión, despojo, captura ilegal de recursos y el aprovechamiento de la falta de oportunidades por economías ilegales. La Universidad Nacional ha sido un proyecto de nación. Hoy volverá a serlo de la manera más concreta: poniendo su conocimiento al servicio de un país que necesita reconstruirse y salir adelante. JOSÉ ISMAEL PEÑA REYES Rector de la Universidad Nacional de Colombia
(0)Comments