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Luis Eduardo Cortés Riera

▷ #OPINIÓN 'Que coman pasteles' y otras curiosidades del siglo XVIII #7Sep

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¿Puede una frase hacer que se desmorone un imperio? Parece que sí. La insolente boca de María Antonieta lo logró en la Francia que se preparaba para la Revolución y que le costaría su propia cabeza en 1793. París y Francia eran una 'sociedad de la información' que estaba pendiente de todo lo que se decía y no se decía en el Palacio de Versalles. Toda sociedad construye su sociedad de la información. Y fue a través de ella que el pueblo llano parisiense se enteró de la frase de la odiada, derrochadora y extravagante reina austriaca. En esos días ya lejanos las canciones que se burlaban de la Iglesia Católica y del rey Luis XV funcionaban como una especie de periódicos orales. Eran miles y todas las semanas aparecían nuevas canciones con nuevas letras sobrepuestas a melodías antiguas. Era música política. En 1749 una canción derrocó a un poderoso ministro de la corte, el Conde de Maurepas, quien era sospechoso de haber compuesto una canción donde se decía que el rey Luis XV había sido contagiado por una enfermedad venérea. Estas subversivas canciones y otros chismorreos eran vaciados en un lugar central del París prerrevolucionario: el Árbol de Cracovia, al cual me he referido antes. Pero no solo las canciones revoltosas eran perseguidas por unos 3.000 espías al servicio del rey que merodeaban París, La Enciclopedia, gigantesca obra en 17 volúmenes también fue censurada y perseguida. El genio popular consigue que esta monstruosa obra sea accesible por entregas breves y entendibles a las ávidas manos del populacho. Se hizo de tan ingeniosa manera enormemente popular la Enciclopedia y ampliamente difundida. La Enciclopedia, obra de Diderot y D' Alembert fue un 'suceso escandaloso', y la condena de la Iglesia Católica aumenta aún más el interés por ella. Algo semejante aconteció con el pensamiento de Rousseau, que era indigerible para la gente común. Entonces es cuando aparece un personaje deslumbrante: Sebastián Mercier, quien se encarga de hacer alcanzable Rousseau a los taberneros, meretrices, arrieros y mercachifles, por lo cual fue llamado el 'Rousseau de las alcantarillas', un verdadero best seller de las calles de París, ciudad donde la policía tenía bajo vigilancia 501 escritores sediciosos que amenazaban la reputación de figuras célebres. La diosa razón no gobernaba entonces, todo era un alboroto, griterío, chismes y rumores. El chisme es muy importante como medio de intercambio. La conciencia colectiva, un concepto creado por Durkheim, un temperamento revolucionario, que hoy llaman algunos historiadores 'imaginario colectivo', transmitía la convicción de que Francia había degenerado en un odioso despotismo, el gobierno era ilegítimo. No solo la carestía del pan propició los eventos de la toma de La Bastilla, como sostenían los marxistas, sino un sistema de ideas, valores y actitudes. Distintos grupos sociales, no solamente los pobres, se unen para combatir la anacrónica monarquía de los Borbones. Se forma entonces un momento crítico que hace posible el 14 de julio de 1789. Las ideas, por tanto, son muy poderosas e implican un ingrediente emocional. Canciones, rumores, pintadas, procesiones colectivas, disturbios, están cargadas de emociones. Ira, miedo, sospecha son centrales en la historia, como ocurrió con el muy famoso 'Gran Miedo' de agosto de 1789. Pero lo más insólito de todo es que Francia en vísperas de 1789 estaba atrapada por las ideas del magnetismo animal, conocido como mesmerismo, en alusión a su creador, un tal Franz Anton Mesmer (1734-1815). Los radicales de la época se entusiasmaron con él, un sistema terapéutico precursor de la hipnosis moderna. Los panfletistas más famosos que querían derrocar la monarquía eran de hecho devotos mesmeristas. Buscaban la enfermedad que corroía al cuerpo político. Es el lado oculto de la gran Revolución Francesa que saca de la oscuridad de los archivos el brillante periodista e historiador social estadounidense Robert Darnton en su obra de juventud El mesmerismo y el fin de la Ilustración en Francia. (1968) Se trata de una contracultura que apenas ha aparecido en la historia. El mesmerismo despertó un enorme interés durante la década prerrevolucionaria. Y aunque originalmente no tenía ninguna relevancia para la política, se convirtió, en manos de hipnotizadores radicales como Nicolas Bergasse y Jacques Pierre Brissot, en una teoría política camuflada. El doctor Mesmer (1734-1815), austriaco él, se comportaba como Jehová, pues difundió sus prédicas a través de discípulos, pues su marcado acento germano impedía una comunicación eficaz con sus creyentes. Brissot, creyente en el mesmerismo en 1785, quería reformar la sociedad y por sus escritos influidos por Rousseau pasó una temporada en la temible Bastilla. Los escritores mediocres se abroquelaba en el mesmerismo contra los exclusivos cuerpos literarios y científicos franceses. Se presentó como una 'cosmología científica' de la cual extrajeron una teoría política. La policía se puso en guardia y vigilaba las sesiones hipnóticas de Mesmer. Este curioso movimiento sobrevivió a la caída del Antiguo Régimen, pues las bañeras hipnóticas se siguieron usando bien entrado el siglo XIX. En Estados Unidos fue el gran escritor Edgard Allan Poe (1809-1849) quien recrea el mesmerismo en sus cuentos góticos de terror, en los que unos caballeros quieren retrasar la muerte de un moribundo a través del magnetismo animal, pues creían que todo ser viviente emite una energía cósmica universal. Las enfermedades surgen cuando se produce un desequilibrio en este fluido cósmico. La comunidad científica no le perdona a Mesmer tamaño dislate pseudocientífico que veía los 'pases magnéticos', públicos o privados una añagaza para engañar a los incautos. La novela gótica de terror Frankenstein o el nuevo Prometeo, publicada por Mary Shelley en 1818, jugueteó con las innovaciones científicas del momento, mesmerismo incluido, en tiempos en que el romanticismo se opuso al Siglo de las Luces dominado por la fría Razón, dando rienda suelta a lo misterioso, oscuro e insondable. Estas son otras historias desconocidas que han sido sacadas del olvido y del polvo de los archivos, gracias a que los historiadores han cultivado las llamadas historias de las mentalidades colectivas, movimiento que tuvo su origen en el historiador francés Marc Bloch (1886-1944), quien tuvo la audacia de estudiar el 'tacto mágico' de los reyes medievales ingleses y franceses con los cuales curaban las escrófulas. Bloch ha sido justamente incorporado al Panteón Nacional de Francia el pasado 23 de junio de 2026, 82 años después de haber sido asesinado por los nazis. Luis Eduardo Cortés Riera [email protected]
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