Tengo algunos poetas y poetisas, recurrentes en mis lecturas, y en un acto de generosidad, sí, de amistad, recurro a Blas de Otero, nacido en Bilbao el 1916. A mi modo de entender, Otero tiene un ansia de diálogo con la deidad, que suaviza y vuelve a su diálogo 'Cántico espiritual'. En 1952 se afilia al PCE y desde su estancia en París sigue escribiendo poesías. Volvió a España y se integra en el mundo rural y obrero y en sus círculos culturales de Castilla y León. Su poema 'Digo vivir' es así:
'Porque vivir se ha puesto al rojo vivo. / (Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.) /Digo vivir, vivir como si nada/hubiese de quedar de lo que escribo/ Porque escribir es viento fugitivo, / y publicar, columna arrinconada.) Digo vivir, vivir a pulso, airada-) mente morir, citar desde el estribo. / abominando cuanto he escrito: escombro/ del hombre aquél que fui cuando callaba. /Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra/ más inmortal: aquella fiesta brava/ del vivir y el morir. Lo demás sobra'.
En su poema HOMBRE, comparte la lucha interior de búsqueda de lo transcendente:
'Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, / al borde del abismo, estoy clamando/ a Dios. Y su silencio retumbando, / ahoga mi voz en el vacío inerte. / Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte/ despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo / oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando/ solo. Arañando sombras para verte. / Alzo la mano, y tú me la cercenas. /Abro los ojos y me los sajas vivos/ Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas/ Esto es ser hombre: horror a manos llenas. / Ser-y no ser- eternos, fugitivos. / ¡Ángel con grandes alas de cadenas!'.
Que aproveche.
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