Ha llegado el punto en el que el PSOE ha convertido la política en un puro teatro de supervivencia. El Gobierno se ha quedado completamente solo en su defensa ciega de Marruecos, haciendo un ridículo absolutamente espantoso, donde hasta uno de los Bardem (bien untadito de subvenciones) ha salido a tirarle de las orejas. La escena es casi inédita: cadenas de televisión, tertulianos habituales del régimen y referentes culturales de la izquierda han tenido que salir a admitir lo evidente: el Gobierno de España ha dejado tirada a Ceuta. Pedro Sánchez, tan acostumbrado a mentir, cambiar de opinión y salirse con la suya sin despeinarse, se ha visto con el paso cambiado. Y cuando el relato se le desmorona, la única respuesta que le queda es la improvisación. De ahí ese vídeo cutre expresando un «apoyo» a Ceuta que nadie se cree.
Pero la realidad mata su guion. Informes policiales internos confirman que fueron avisados con margen suficiente de lo que se avecinaba. ¿Y qué hizo el Ejecutivo? Nada, absolutamente nada. Mientras la frontera colapsaba, el presidente disfrutaba de sus vacaciones en La Mareta, rodeado de un despliegue policial ostensiblemente mayor que el destinado a proteger a toda la población de Ceuta. Es la plasmación gráfica de las prioridades del sanchismo: blindar el «merecido» descanso del líder mientras la integridad territorial de España es atacada.
Lo verdaderamente insólito —si es que a estas alturas algo de este Gobierno pueda sorprender— aconteció en el Congreso de los Diputados. Ver a Sánchez sosteniendo que no existen pruebas «sólidas» que demuestren la implicación de Marruecos en la invasión produce vergüenza ajena. Eso sí, él no necesita mostrar ni una sola prueba para apuntar con el dedo a Rusia o a Israel. ¡Porque él lo vale! Al menos hay que agradecerle que esta vez la inspiración no le alcanzara para culpar al cambio climático, que suele ser su comodín favorito.
El manual de actuación de P. S., «el number one», sigue una secuencia tan matemática como predecible. Primero, echarle la culpa a otros (porque como la culpa es suya, se la echa a quien le da la gana). Segundo, repartir el problema entre las Comunidades Autónomas para diluir el impacto político. Y tercero, prometer millones de euros «para la reconstrucción y el apoyo». Millones de euros de los contribuyentes, por supuesto.
Esos millones prometidos ya sabemos dónde terminarán. Ocurrió con los damnificados por el volcán de La Palma o con las distintas riadas e incendios que han asolado España: promesas grandilocuentes que jamás llegan a los ciudadanos afectados. Sin embargo, esta vez hay una salvedad. Esta vez el dinero sí fluirá con notable agilidad hacia la red de ONG y chiringuitos afines encargados de gestionar la emergencia provocada por este despropósito. Y, por supuesto, a los marroquíes invasores. Nos cuesta a los contribuyentes españoles una fortuna mantener la sumisión de Sánchez a Marruecos, y la factura no ha hecho más que empezar. Nos saldría infinitamente más barato prevenir que curar, pero la prevención exige valentía política y diplomacia firme, dos cosas que no existen en este Gobierno.
Entretanto, el arte de la división sigue su curso. Ante las concentraciones en apoyo a Ceuta convocadas por la Federación Española de Municipios, Sánchez ha tirado de la vieja receta de Zapatero: polarizar, dando órdenes a sus alcaldes para desmarcarse. Recordándoles, entre bambalinas, que el 23 de mayo de 2027 hay elecciones municipales… y que las listas electorales se empiezan a hacer mucho antes de lo que parece.
Y lo que ya es absolutamente desternillante es el papelón de Podemos, escenificando ahora un ataque de dignidad al pedir la dimisión de Marlaska, o proponiendo en la Región de Murcia un boicot a los productos marroquíes. ¡Amigos bolivarianos!, si tan insoportable les resulta la complicidad del Gobierno con Marruecos lo tienen al alcance de la mano: solo tienen que ofrecer sus cuatro votos en el Congreso para poder alcanzar los 176 diputados necesarios y dejar de ser los actores secundarios de este gran teatro de la supervivencia de Sánchez, a lo mejor con eso rascan ustedes algún voto y consiguen no caer definitivamente en la irrelevancia más absoluta.
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