Cada dos años, la FAO presenta su radiografía más completa del mar y aguas continentales titulada 'El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura' (SOFIA, por sus siglas en inglés). La edición 2026 llega en un momento oportuno. Será analizada en el 37 período de sesiones del Comité de Pesca de la FAO (COFI37), en Roma, del 7 al 11 de septiembre. Para el Perú, esa cita es la oportunidad de ganar espacio en la conversación mundial y proyectar con datos propios el papel que ya cumplimos en la nutrición del planeta.
El informe confirma lo que nuestra cadena productiva sostiene desde hace años: somos un actor de primer orden. En 2024, el Perú ocupó el cuarto lugar a nivel mundial en pesca de captura, con el 6,2% del total global, tras un salto de 3,5 a 5,7 millones de toneladas, impulsado por la recuperación de la anchoveta. En desembarques marítimos específicamente, fuimos el tercer país del mundo, solo detrás de China e Indonesia. Sin embargo, a diferencia de esos gigantes, cuyo peso se apoya en las dimensiones de sus flotas, nuestro liderazgo nace de la extraordinaria productividad natural del sistema de afloramiento de la corriente de Humboldt.
A esa fortaleza se suma nuestro rol como principal productor y exportador mundial de harina y aceite de pescado, insumos esenciales para la acuicultura que alimenta a buena parte del mundo. En ese contexto, los países asiáticos concentran cerca de la mitad de las importaciones globales de harina de pescado. En cuanto a la pota, o calamar gigante, el Perú es el mayor productor mundial, basado exclusivamente en una flota artesanal que usa línea potera —el aparejo más selectivo que existe—, y es procesado por una industria que lo coloca con éxito en los mercados internacionales.
Ese conjunto de fortalezas no es solo un dato económico: es una carta de presentación geopolítica. El SOFIA 2026 recuerda que los alimentos acuáticos aportan una fracción indispensable de la proteína animal que consume la humanidad, sobre todo en naciones de ingresos bajos y medios, y que esa demanda seguirá creciendo hacia 2034. En ese escenario, un país capaz de proveer de manera sostenida proteína de altísima calidad —como lo hace el Perú con anchoveta y pota, entre otras especies— tiene mucho que ofrecer a la seguridad alimentaria mundial. Acreditación que tendría que capitalizar en los foros donde se define la gobernanza pesquera global.
El COFI es exactamente ese foro. Ahí se negocian los estándares de ordenación pesquera, las prioridades de cooperación técnica y las líneas de la 'Transformación Azul', que la FAO promueve como hoja de ruta del sector hacia 2030. El Perú ya tiene experiencias propias que mostrar, como el proyecto de bioseguridad inteligente para el cultivo de camarón en Tumbes, que usa sensores, datos satelitales e inteligencia artificial para prevenir enfermedades. Este, además, es citado por la FAO como modelo replicable para otros países. Llevar dicha experiencia a Roma, junto con nuestras destacables cifras en captura, es la manera de pasar de cumplir metas de producción a influir en la agenda.
Por eso el llamado no es solo técnico, sino estratégico. Esto es, Perú debe llegar a COFI37 con una posición activa que muestre sus fortalezas —anchoveta, pota, harina y aceite de pescado, innovación acuícola, etc.— como aporte concreto a la nutrición y la seguridad alimentaria mundial. Tenemos especies, datos y experiencias de ordenamiento que mostrar. Corresponde la ambición diplomática de ocupar, en los espacios donde se decide el futuro del mar, el liderazgo que nuestra producción ya ha conquistado.
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