Antonio Lucas -ustedes lo saben- es un maestro del periodismo, a pesar de ser aún un hombre joven, y es, también, un extraordinario y hondo ... poeta. Antonio es madrileño de nacimiento, crianza y vida social y profesional, lo mismo que su hermana María, aunque Antonio nunca ha perdido la referencia con la tierra de sus padres, que es Murcia, y María -las cosas del querer- regresó a la tierra de sus progenitores, y aquí vive, entre nosotros. Ya lo saben: Antonio Lucas es hijo del pintor Pepe Lucas, recientemente fallecido tras una caída mientras ampliaba sus murales de la estación de Chamartín de Madrid, que al parecer han quedado muy bien. Iré a verlos en cuanto viaje a la capital.
He sido amigo no sólo de Pepe, sino de toda la familia. A Antonio lo conocí siendo muy jovencito, y leí su primer libro de poemas, que ya me pareció excelente, a pesar de ser un libro primerizo. La mujer de Pepe es una mujer encantadora, siempre lo fue, aunque ahora, ay, se encuentra seriamente enferma, por evocar el título de aquel libro de Gil de Biedma. Parece que la desgracia se ha enredado en la familia últimamente. Pero yo no he venido aquí a llorar, sino a celebrar, a celebrar la afirmación que siempre fue la vida de nuestro pintor. Un día me dijo Antonio, como disculpando a los astros la desgracia: «Mi padre ha vivido siempre como le ha salido de...». No remato la frase porque el libro de estilo del periódico me lo impediría, supongo. El resto, quizás, es vanidad de vanidades, por ponerme barroco, o tal vez es cierto que somos «polvo y sombra», como escribió Horacio.
En mi época de periodista activo entrevisté o escribí decenas de veces de Pepe. No era un hombre fácil en esas situaciones, reconozco, yo a veces lo pasé mal cuando arremetía contra personas más o menos cercanas a mí. Sin embargo, con las personas que apreciaba era extremadamente delicado y generoso en su defensa. Como pintor fue -es- audaz y atrevido, pero esto tampoco quiere ser una crítica de arte a posteriori. Hace unos meses los filósofos Paco Jarauta y Pedro Medina comisariaron en el palacio de San Esteban una espectacular exposición que dio muestra de la energía de su obra.
Comenté a sus hijos que tras su muerte era incapaz de escribir sobre él, después de haber escrito tanto en vida. Me parece que ahora tampoco estoy consiguiendo hacerlo, tal vez porque me niego a escribir sobre el Pepe Lucas muerto, y sí del lleno de energía, de vida. Machado, en su poema 'La saeta', dice: «¡No puedo cantar, ni quiero/ a ese Jesús del madero,/ sino al que anduvo en el mar!». Yo tampoco. Yo también.
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