Cada 4 de septiembre, el Día Mundial de la Salud Sexual invita a revisar cuánto hemos avanzado y dónde persisten las brechas que impiden que todas las personas tengan información, medios de diagnóstico y tratamiento a tiempo, sin estigmas ni barreras económicas, burocráticas o de otra naturaleza para cuidar de su salud sexual.
En Chile, el caso de VIH nos da un botón de muestra. Se trata de una situación que merece atención desde la perspectiva de las políticas públicas, mientras se ha logrado ampliar significativamente el diagnóstico, una parte muy importante de quienes conocen su condición aún no accede o no mantiene el tratamiento.
Según estimaciones del Ministerio de Salud para 2024, 91 mil personas viven con VIH en Chile y 86.419 conocen su diagnóstico. Sin embargo, 64.504 están en tratamiento antirretroviral. La distancia entre ambas cifras es de 21.915 personas.
El dato obliga a mirar el recorrido completo de una persona dentro del sistema de salud. Durante años, los esfuerzos se concentraron, correctamente, en aumentar la pesquisa y facilitar el acceso al testeo. Pero conocer un diagnóstico es el inicio de un proceso que requiere derivación oportuna, información comprensible, acompañamiento y condiciones que permitan sostener la atención en el tiempo.
Esta brecha también revela una característica relevante de nuestro sistema sanitario. Podemos diseñar prestaciones eficaces y garantizar tratamientos, pero su disponibilidad no asegura por sí sola que todas las personas logren acceder a ellos. Entre una política pública y su resultado existen experiencias cotidianas que deben ser consideradas, como los tiempos de espera, los horarios, los costos de traslado, la confidencialidad y, especialmente en VIH, el temor al estigma.
Con frecuencia, el sistema moviliza sus recursos cuando la interrupción ya ocurrió. Cuando una persona ha suspendido su esquema de medicamentos, se activan esfuerzos para ubicarla, contactarla y reagendar una hora para sus controles o para la entrega de medicamentos. Esa respuesta es necesaria, pero llega cuando la desvinculación ya se produjo y normalmente no se hace cargo de las barreras estructurales que operaron para generar el abandono del tratamiento.
El Día Mundial de la Salud Sexual es siempre una oportunidad para impulsar esa conversación. Las políticas sanitarias más efectivas son aquellas capaces de acompañar a las personas durante todo su recorrido. En VIH, Chile tiene condiciones para avanzar en esa dirección con acuerdos que fortalezcan la vinculación con la atención, reduzcan las barreras de acceso y consoliden una respuesta que llegue oportunamente a quienes hoy permanecen fuera del tratamiento.
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