Se dice que la famosa expresión 'no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo' se remonta a la caza mayor en la Antigüedad y que fue popularizada mediante su inclusión en las fábulas europeas. El escritor francés Jean de la Fontaine, por ejemplo, la recogió en uno de sus relatos del siglo XVIII, en el que narraba la historia de dos tramperos que comerciaron con el preciado cuero antes de tenerlo en sus manos. Sin embargo, llegado el momento de la verdad, al verse frente a la bestia feroz, huyeron despavoridos.
Aunque esta misma historia se lleva contando siglos, la humanidad sigue tropezando con la misma piedra, vendiendo resultados antes de haberlos corroborado, con unas consecuencias a veces tan inesperadas como acabar ridiculizando a quien decide tomar el riesgo. Así le ha ocurrido al Consell Insular de Ibiza, que ha barajado una serie de datos provisionales para sacar pecho y éstos han acabado resultando falsos y generando justamente el efecto contrario al que se pretendía; es decir, retratando las políticas emprendidas para reducir los índices de saturación, el intrusismo y la oferta ilegal de alojamiento en la isla como inútiles o, al menos, claramente insuficientes.
Ayer lo demostraba con la contundencia de las cifras el periodista José Miguel L. Romero, desde la tercera página de este periódico, hasta el extremo de que se lo acabó reconociendo el propio vicepresidente del Consell, Mariano Juan, que, junto con el presidente, es quien ha estado exhibiendo datos erróneos como bandera y prueba del éxito de sus iniciativas.
Defendía el Consell que el Índice de Presión Humana en Ibiza había caído durante el mes de agosto de 2025 en casi 19.000 personas diarias, cifra que no atribuía a los cambios orgánicos que se producen en un mercado turístico en permanente cambio, que sería algo lógico, sino exclusivamente al resultado de su lucha contra la oferta ilegal de viviendas turísticas y a la estrategia de limitación de vehículos, que otras entidades ya habían tildado como insuficientes y poco efectivas.
Para arrojar un balance positivo sobre su gestión, el Consell recurrió a este dato que en su día proporcionó el Institut d'Estadística de les Illes Balears (Ibestat) –que depende del Govern balear y, por tanto, gestiona su mismo partido–, y lo ha estado paseando desde entonces, a pesar de las otras cifras que indicaban justo lo contrario, como, por ejemplo, los datos de pasajeros del aeropuerto, que volvió a establecer un récord el año pasado.
La máxima institución pitiusa se aferró a esa reducción de 19.000 personas diarias en agosto, en el marco de un total de más de 300.000 personas. Ello, a pesar de que cuando el Ibestat proporcionó el avance de estas cifras, hace ahora justo un año, ya advirtió claramente de su carácter provisional y de que podían cambiar. A pesar de ello, el Consell decidió vender la piel del oso antes de tiempo, aunque existiera un riesgo evidente de que el margen de error podía dar al traste con su principal argumento. Y como resultado, ahora se encuentra con que las cifras provisionales que ensalzaban sus políticas han quedado aniquiladas por los datos definitivos.
Al final, la presión humana no cayó en la isla en esas casi 19.000 personas diarias en agosto, lo que representaba un descenso del 6%, sino en tan solo 2.400, lo que suponía una caída únicamente del 0,75%. Y lo que es peor, al tomar como referencia no solo el mes de agosto, sino el periodo comprendido entre el 1 de abril y el 31 de agosto, la presión humana incluso se incrementó en 1.300 personas de media al día con respecto al año 2024. La isla siguió creciendo en turistas, pese a que las de la temporada anterior ya eran de récord y es probable que en este ejercicio ocurra lo mismo.
Ante el contexto que proporcionan los datos, podemos alcanzar algunas conclusiones. La más obvia es que los ibicencos no estamos soñando cuando decimos que las playas y las carreteras de Ibiza están cada vez más saturadas y agobiantes, y que, por tanto, la estrategia de limitar la entrada de vehículos a la isla apenas ha tenido efecto. O se mejoran los controles y se acentúan esos límites, o es como si no se estuviese haciendo nada.
La otra derivada es que, como ya veníamos advirtiendo, una cosa es impedir que se publiquen anuncios de alquiler de viviendas turísticas ilegales en portales como Airbnb o Booking, y la otra que eso signifique que dichas plazas han desaparecido del mercado. Muy al contrario, siguen vivas y coleando, a través de otros canales de comercialización, especialmente el directo.
Y una última afirmación: produce sonrojo que con toda esta artillería argumental, la oposición sea incapaz de articular un discurso coherente, contundente y de calado, acompañado de unas propuestas que realmente supongan cambios y generen el imprescindible debate que demanda la sociedad ibicenca.
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