Hay gobiernos -como los matrimonios- que se rompen una mañana, después de una acción o decisión que ninguna de las partes consigue salvar o aclarar. Y otros que se van desgastando lentamente, hasta que la discrepancia se convierte en una parte más de la rutina (política, en este caso). El gobierno de Avilés se parece cada vez más a los segundos. PSOE e IU continúan -por ahora- compartiendo responsabilidades, presupuestos, concejalías y alguna decisión. No hay ruptura formal todavía, aunque cada vez son más quienes dentro y fuera del Ayuntamiento dan por agotada la fórmula. El denominado 'pacto de la Fruta' agoniza y cada vez cuesta más distinguir dónde termina la negociación entre los socios y dónde empieza la desconfianza. El último episodio tiene el agua como protagonista. La reclamación económica vinculada a Asturagua-Veolia ha vuelto a colocar a los dos socios ante una de esas cuestiones en las que la discrepancia política amenaza con convertirse en un problema de gobierno. El asunto tiene cifras importantes, 15 millones de euros, que es la reclamación de la empresa del agua por el beneficio que habría dejado de tener según el contrato, pero su verdadero valor político no está únicamente en los millones en discusión. Está en lo que revela sobre la relación entre quienes deberían defender una estrategia común. Porque el problema de fondo no es que PSOE e IU discrepen. Eso, en sí mismo, forma parte de la lógica de cualquier gobierno de coalición. El problema surge cuando las diferencias dejan de percibirse como matices dentro de ese proyecto compartido y empiezan a convertirse en posiciones propias que cada formación necesita explicar ante su electorado. El otro motivo de discrepancia ha sido la sensación de que algunos de los compromisos asumidos al comienzo del mandato no avanzaban al ritmo esperado. Entre ellos, la transformación de la Empresa de Servicios Auxiliares y la municipalización de determinados servicios, una reivindicación especialmente sensible para IU y que afecta a unos 140 trabajadores en el caso de limpieza y conserjería. Hubo reuniones para acercar posiciones, alargar la decisión, pero el acuerdo alcanzado entonces dejó pendientes cuestiones que ahora vuelven a emerger. A menos de un año para el final del mandato, lo que en otro momento podía resolverse mediante una negociación larga tiene ahora un horizonte mucho más corto. Y esa es, precisamente, una de las claves de la situación actual. Una de las partes de la pareja (IU) se enteró 'por fuera' (el PP) de lo que estaba pasando en casa (el contrato del agua). IU necesita conservar espacio político y capacidad para marcar perfil. El PSOE, por su parte, necesita preservar la estabilidad como partido en el gobierno y demostrar que el Ayuntamiento puede seguir funcionando sin que las diferencias entre los socios paralicen la gestión. Dos intereses compatibles, pero no siempre coincidentes para unos meses en los que el ciudadano medirá todo con lupa. Y cada vez les queda menos tiempo para conciliarlos. A estas alturas, cualquier divorcio tiene una doble lectura. Tal parece que PSOE e IU han estado en el gobierno con los relojes marcando diferentes tiempos para cada uno. Romper tendría un coste, pero reconciliarse también. En el centro de ese equilibrio está Mariví Monteserín. La Alcaldesa necesita que el pacto llegue vivo al final del mandato, pero también que el gobierno conserve una dirección reconocible. No puede permitirse que cada discrepancia con IU se convierta en una crisis pública, pero tampoco puede gobernar permanentemente pendiente del siguiente desencuentro con su socio. Cuando la legislatura entra en su tramo decisivo el PSOE tendrá que defender la gestión de Monteserín. IU tendrá que explicar qué consiguió desde el gobierno y qué no consiguió. Y la oposición intentará presentar las diferencias entre los socios como la prueba de un ejecutivo agotado. El pacto de la Fruta se encuentra así ante una contradicción difícil de resolver. Cuanto más necesita estabilidad, más necesita IU diferenciarse. Cuanto más se acerca el final del mandato, más necesita IU resultados. Cuanto más visibles son las diferencias, más necesita el PSOE cerrar filas. Las crisis de gobierno -como las matrimoniales- no siempre empiezan cuando uno abandona. A veces comienzan antes. Cuando dejan de preguntarse qué pueden hacer juntos y empiezan a preguntarse qué pueden hacer sin el otro.
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