El curso vuelve con más ruido. El desafortunado insulto de Vicente Mompó a Diana Morant parece solo el comienzo de una larga confrontación en la que las palabras gruesas amenazan con ser más protagonistas que las propuestas para mejorar la vida colectiva. Es verdad que Óscar Puente hace tiempo que rebajó varios peldaños el listón de la institucionalidad, señalando el camino a los dirigentes socialistas menos ilustrados. Pero que el presidente del PP en la provincia de València, hasta ahora uno de los perfiles más valencianistas del partido, haya caído también rendido al aroma del cocido madrileño que sale de Génova resulta significativo. Si para ganarse el salvoconducto de Feijóo y Tellado, Mompó decide ponerse el traje de mamporrero político, habrá escogido la tomatina mesetaria como patrón en lugar de la de Buñol, donde se lo pasó pipa y que, como es sabido, solo dura unos minutos de agosto.
Si el 'llepaculs' —lameculos, en versión subtitulada— pertenece a la parte más machista de nuestro vocabulario autóctono, el 'no vals per a res' añade el desprecio más cavernario a una política. Se ha echado de menos que alguna dirigente moderada del PPCV, que las hay, hubiera reprendido públicamente a su compañero. Porque, si ese va a ser el nivel de la estrategia contra Diana Morant, termina por desaparecer incluso el fondo razonable de la crítica a la líder del PSPV, como es su todavía su dependencia de un Pedro Sánchez políticamente en descuento.
Que Morant viene padeciendo desde hace meses una insolente campaña machista por parte de algunos juntaletras que se saltan tanto el código ético del periodismo como las normas elementales de educación es indiscutible. Pero si para discrepar de la ministra de Ciencia, exalcaldesa de Gandia, ingeniera de Telecomunicaciones y dirigente de uno de los grandes partidos que han gobernado la Comunitat Valenciana hay que humillarla por ser mujer, apaga y vámonos. Este episodio anticipa, además, la madrilización que amenaza con contaminar la próxima campaña valenciana. Porque si grave es el error de Mompó, tampoco resulta tranquilizador que la respuesta socialista consista en movilizar a los cargos del partido para contestar disciplinadamente en las redes. Si esa es la gran estrategia del PSPV, el problema es que ahí precisamente continúa encapsulada Diana Morant, por acción o por omisión.
Que la ministra necesita preparar mejor algunas de sus intervenciones es manifiesto. Que comunica con dificultades, también. Y que todavía no ha conseguido conectar con una mayoría social que vive completamente al margen del pequeño universo de las redes políticas resulta una evidencia. La política valenciana se juega mucho más en la calle que en la burbuja digital.
Esos cuadros socialistas que salieron raudos a cumplir órdenes para contestar a Mompó deberían emplear la misma energía en convencer a su lideresa de que ha llegado el momento de liberarse de la tutela de Moncloa. De abandonar los argumentarios abstractos de Ferraz y empezar a frecuentar de verdad la enorme pluralidad de la sociedad valenciana, mucho más transversal, dinámica, educada y moderna que el estrecho círculo político que ahora la acompaña.
19 de septiembre
Con independencia del momento por el que atraviese la relación entre Juanfran Pérez Llorca y Vicente Mompó, cabe suponer que el despropósito político del presidente de la Diputación no habrá sido recibido con entusiasmo en el Palau. Por talante y también por cálculo. Porque, de rebote, reactiva a una militancia socialista valenciana decaída por la crisis de Ceuta —esa sí, potencialmente devastadora para Sánchez— y refuerza a Diana Morant entre los suyos justo cuando no son pocos los que desconfían de la recuperación de la Generalitat para otro experimento botánico.
El president ha conseguido en pocos meses rebajar buena parte de la crispación que dejó Carlos Mazón tras la gestión de la dana. Por eso cuesta entender que Feijóo tarde tanto en proclamar a Pérez Llorca candidato a la reelección, salvo por los habituales dimes y diretes del fuego amigo que señalan al entorno presidencial como un hipotético peligro orgánico.
En términos políticos bastaría con revisar la hemeroteca de hace un año para medir la diferencia. El aroma gallego que impregna la planta noble de Génova parece haberse convencido finalmente de que la opción más segura para sus intereses es Juanfran Pérez Llorca, que durante este tiempo ha exhibido una sorprendente tranquilidad orgánica.
Todo parece preparado para que su proclamación oficial llegue el sábado 19, coincidiendo con la conferencia de estilo estadounidense organizada por el PSPV en Alicante y en la que algunos esperan la presencia de Pedro Sánchez.
El Saler y el Sidi
Un incendio a las puertas de València es poca broma. Y si además coincide con que, apenas unos días antes, este periódico ha informado en exclusiva de la existencia de un plan para reabrir después de muchos años el histórico Hotel Sidi Saler, el combustible para determinados populismos está servido. Lo primero es que los nuevos propietarios tendrán que cumplir escrupulosamente todas las normativas. Y, teniendo en cuenta que son varias las administraciones encargadas de revisar hasta el último requisito antes de conceder las correspondientes autorizaciones, conviene aplicar la máxima prudencia.
Después están las evidencias. La Devesa se ha incendiado pese a tener un parque de bomberos a escasos metros y presenta, según denuncian desde hace tiempo vecinos de la zona, problemas evidentes de mantenimiento en determinados puntos. Es legítimo preguntarse, por tanto, si unas instalaciones en funcionamiento como las proyectadas para el antiguo Sidi podrían contribuir también a mejorar la vigilancia y el cuidado de su entorno inmediato.
Un hotel abierto tendría que disponer de los correspondientes planes y equipos contra incendios, además de personal permanente capaz de detectar con rapidez cualquier incidencia. Y es razonable pensar que una instalación cuyo principal valor sería precisamente su ubicación entre el verde y el mar tendría un interés directo en preservar el paraje del que depende buena parte de su atractivo.
La reapertura del Sidi merece argumentos y no simplificaciones. Y ahí Compromís debería actuar con prudencia. Defender la protección de la Devesa es perfectamente legítimo; convertir cualquier proyecto hotelero en una amenaza por definición lo es bastante menos. Sobre todo, cuando el modelo de establecimientos integrados en espacios naturales o costeros se acepta con absoluta normalidad en Baleares, Cerdeña, Croacia o Grecia. Porque aquello de 'haz lo que digo y no lo que hago', resulta poco ético y todavía menos estético cuando las redes terminan dejando constancia de las contradicciones en más de un dirigente de esa coalición.
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