¿Quién iba a pensar que una obra de emergencia se retrasaría por la aparición de restos arqueológicos? Alguien debió preverlo, porque es lo que tiene el pasado, que permanece en el subsuelo y reaparece, salvo que generaciones anteriores lo desbaraten para obviarlo.
La proximidad del cementerio musulmán hallado durante la construcción del aparcamiento de Memoria de Menacho podría hacer sospechar que los enterramientos tenían continuidad, como así ha sido. La aparición de estos restos en la avenida de Huelva, donde el ayuntamiento acomete la sustitución del colector de aguas residuales, obligó a modificar las intenciones iniciales, que eran poner el tubo en el lateral, debajo de la calzada. Una decisión que parecía razonable, pues el antiguo colector pasa por el medio del bulevar central y cualquier avería obliga a levantarlo. Pero la evidencia arqueológica aplastó a la lógica. Resultó que en torno al tubo original había -hay- más restos, que ahora han salido a la luz, para desesperación de la empresa que ejecuta las obras (Aqualia) y parece que también para el ayuntamiento.
Son de entender las prisas por culminar cuanto antes la colocación del nuevo colector, pues el otoño se acerca y además de hojas de los árboles caerá agua de lluvia, que provocará problemas en la zona si no está en funcionamiento la nueva tubería.
Los restos están suponiendo un inconveniente para los planes de reparación de la red subterránea, pero también están siendo una oportunidad para profundizar en la historia de la ciudad. Además del cementerio musulmán han aparecido lo que han denominado estructuras murarias. Son restos de una cimentación. La base de una esquina de alguna construcción que, en principio, se atribuye a la antigua ermita de Santa Marina, que da nombre al barrio. Los arqueólogos confirmarán de qué se trata. Si es que pueden, pues como dice el concejal de Urbanismo y de Vías y Obras, Carlos Urueña, a las piedras no se les puede hacer la prueba del carbono 14, como se hace con los restos orgánicos.
Otras evidencias habrá que permitan concretar lo máximo posible a qué corresponde esta esquina, que ha aparecido en el bulevar, que podría tener continuidad bajo la calzada del vial exterior y puede que bajo el instituto Zurbarán. Se va a quedar en 'puede', porque el ayuntamiento no tiene intención de seguir excavando por ahí para comprobar si lo que se conserva de la estructura hallada tiene mayor envergadura y, de este modo, completar su estudio para confirmar a qué corresponde.
Para salvar los restos murarios y continuar la obra, se van a dejar a un lado e introducirán un topo con una perforación horizontal para colocar el nuevo tubo. Los restos arqueológicos de la supuesta ermita volverán a taparse. Se documentarán, por supuesto. Pero si te he visto no me acuerdo. Según el ayuntamiento, no podían prever que saliese a la luz este muro, porque no aparecía en ningún plano en esta ubicación. Solo era una posibilidad.
Sea o no la ermita, como casi asegura la Dirección General de Patrimonio, el gobierno local descarta seguir excavando porque habría que entrar en el vial de la avenida de Huelva, bajo la calzada y, si continúa, también en el instituto. Saben que está ahí, los arqueólogos la están estudiando, pero no se va a seguir buscando.
La decisión ha sido criticada por la asociación de Amigos de Badajoz, que apela al sentido común y al interés de indagar en la historia superviviente de la ciudad, para reclamar que se continúe abriendo y así obtener más datos sobre la estructura que ha aparecido cuya identidad aún no está definida. Podría ser el principio de un revellín, pero no parece una construcción defensiva. También podría ser un mausoleo islámico. La asociación defiende, con cordura, que ahora es el momento de resolver la incógnita, una vez que está abierta, para no cerrarla en falso.
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