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Eduardo García A.

En la tierra de Salvador Dalí

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Estoy ahora en la preciosa bahía de Roses, uno de mis sitios preferidos para pensar y descansar, en la región del Ampurdán, al norte de Cataluña, cerca a los Pirineos, a unos kilómetros de Cadaqués y Figueres, lugares esenciales en la vida y muerte de Salvador Dalí (1904-1989). No más llegar a la Ciudad de Figueres, las imágenes del genial pintor con su bigote retorcido y mirada de loco se ven por todas partes, lo que muestra el amor apasionado de su gente por el personaje más importante nacido allí, aunque siempre fue excéntrico. Dalí decía que la única diferencia entre él y un loco era que él no estaba loco. También autoapodado Ávida Dollars, Dalí adoraba el dinero, la fama, el glamour y la gloria, cosas que cuenta en Diario de un loco. En la casa natal y en el museo de Figueres están muchas de las obras de este artista surrealista, que fue estrella mundial permanente a lo largo del siglo XX desde los años 30 con sus excentricidades, escándalos y exabruptos polémicos. Dotado de una gran inteligencia, sabía responder con rapidez e ingenio a todas las preguntas; convirtiéndose en una celebridad que marcó la pauta entre los jóvenes de los años 60 y la era psicodélica y pop, a la que pertenecía y que irradiaba desde su mansión de Portlligat, en Cadaqués, donde vivía rodeado de una corte de admiradores juveniles de todos los sexos y preferencias, la más famosa de ellos la modelo Amanda Lear, quien acompañaba al pintor y a su esposa, Gala, a todas partes. Al lado de otros surrealistas como André Breton, Luis Buñuel y Federico García Lorca renovó y sacudió el arte en aquellos años anteriores a la Segunda Guerra Mundial y después hasta su muerte estuvo en la cima. Sus imágenes sedujeron a varias generaciones y se conectaron con el arte pop y el mundo del rock más desbordado, como el de David Bowie y Led Zepellin. Antes de él, otro delirante fue Antoni Gaudí, constructor de casas, catedrales y parques extraños jamás imaginados por nadie. Ya desde el siglo XIX Barcelona fue una ciudad emprendedora y pujante, donde se practicaron las industrias y las artes, y vibró siempre el pensamiento en universidades, ateneos y tertulias de escritores de todos los rumbos, entre ellos muchos latinoamericanos que como Vargas Vila y Enrique Gómez Carrillo publicaron aquí sus obras en las editoriales Sopena, Maucci y Viuda de Ch. Bouret. El boom latinoamericano de los años 60 tuvo en esa ciudad su centro con García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Vargas Llosa. En las playas de Barcelona fue derrotado El Quijote de la Mancha en la segunda parte de la novela, publicada en esa localidad. Aquí por la bahía de Roses pasa ahora un tren de ruedas mágico que lleva a los turistas a recorrer los rincones de la bahía hasta llegar a Cadaqués y Portlligat. Y uno se imagina entonces la romería de artistas y figuras de la farándula hippie, magnates y personalidades que llegaban aquí invitados por Dalí a las famosas fiestas en su mansión, un lugar donde el arte vibraba todos los días y se destapaban botellas de licores burbujeantes. El Mediterráneo reina aquí con todo su esplendor agitado por el viento y la brisa y la lluvia que viene del mar y los Pirineos, cuyos picos nevados a veces se ven a lo lejos. Esta tierra del Ampurdán es visitada por aves migratorias y hay viejos pueblos de pescadores que parecen de sueño como La Escala y Palagrufell y otros medievales que están empotrados en las montañas. La zona es cuna de otra de las grandes figuras catalanas, el escritor Josep Pla, autor del clásico Cuaderno gris y de una vasta obra extraordinaria redactada a lo largo de su vida. Su pueblo original es Palagrufell, salido de un cuento de hadas con sus callejas antiguas y su cultura de pescadores. Otros grandes catalanes del siglo XX que deambularon por aquí fueron los pintores Pablo Picasso, Joan Miró y Pau Casals, el violonchelista genial. Estar en la tierra de Dalí de inmediato despierta y revive en el visitante amante del arte las ansias de crear, leer, observar y pensar. El arte es un territorio libre y con él viajamos y nos alejamos de las convenciones y excavamos en los yacimientos más inaccesibles, compañeros siempre de lo onírico. De la mano del loco catalán y junto a estas playas, colinas y bahías amadas aprendemos a volar con él.
En la tierra de Salvador Dalí
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