Dijo Eduardo Galeano que escribió Las venas abiertas de América Latina para 'difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién?...'
Ante la diatriba trumpiana y las manifiestas posturas colonialistas de ese gobierno: Venezuela, Groenlandia, Panamá, México, en fin… hoy resurge la cuestión de las islas Falkland rodeadas de un inmenso yacimiento petrolero y rica en minerales. Hoy las Malvinas no necesitan otra guerra para seguir siendo una causa; la guerra sí necesita una causa para volver.
América Latina continúa al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva de petróleo, hierro, cobre, etc., con el ingrediente que, en estos tiempos donde los modelos están siendo cuestionados, hay una obviedad: cuanto más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen esos negocios… Y esa es quizá la pregunta más inquietante que hoy vuelve a surgir, cuando las Malvinas regresan al discurso político argentino con palabras de recuperación, soberanía y fuerza.
Decía Galeano, 'ninguna guerra confiesa: yo mato para robar'. Llegan disfrazadas de palabras nobles -paz, patria, Dios, democracia- y cuando ya no alcanzan, aparecen los enemigos, reales o imaginarios, para que el miedo haga lo que la razón no puede.
Las Malvinas. Otra vez: como pregunta y exclamación, convoca a despertar a los muertos y ponerlos al servicio de los vivos.
Es, sin duda, una herida abierta, una causa legítima, una historia de colonialismo que el tiempo no borra. Pero una causa justa se vuelve peligrosa cuando quienes gobiernan descubren que eso sirve para fabricar enemigos y unir voluntades alrededor de una amenaza. La causa no nació con Galtieri ni murió con él. Pero dejó una lección: una causa justa no convierte en justo a quien la utiliza.
Conviene preguntar: ¿recuperar las Malvinas, o recuperar una guerra?
Detrás hay negocios: petróleo, territorios, empresas; gobiernos que hablan de soberanía mientras otros calculan cuánto vale lo que yace bajo el mar. Ninguna guerra dice: 'mato porque aquí hay riqueza'. Eso sería demasiado honesto. Dice patria, honor, dignidad. Así los muertos vuelven a ser reclutados: primero a combatir, luego héroes, ahora argumento.
¿Quién conduce a Milei? Mientras unos hablan de guerra, otros fabrican armas; mientras unos mueren, otros hacen negocios.
Las Malvinas pueden y deben ser una causa de soberanía, pero ¿confunde, Milei, patriotismo con obediencia?
Las venas siguen abiertas, querido Eduardo, y sí, para quienes conciben el mundo como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina es el resultado de ese fracaso. Perdimos; otros ganaron, y seguirán ganando porque ganaron gracias a que nosotros perdimos, y sí, sin eximir de responsabilidad a las élites locales, que históricamente han sido socias activas del saqueo. ¿Hasta cuándo?
Por Diego Latorre López
@diegolgpn
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