Riñones
Riñones
(La Crónica de Hoy)
Hace algunas semanas, un grupo de nefrólogos de reconocido prestigio en México, comandados por Alfonso Cueto, uno de los líderes de la especialidad en nuestro país, publicaron un artículo en la revista Kidney International Reports (doi.org/10.1016/j.ekir.2026.106989) en la que analizan la fuerza de trabajo de nefrólogos en el país, especialidad muy relevante, dado que la enfermedad renal crónica representa una de las cargas más importantes de enfermedad en el país, así como de un porcentaje considerable de mortalidad. México está entre los diez países con la mayor incidencia y prevalencia de enfermedad renal crónica.
La enfermedad renal crónica se refiere a la pérdida de la función renal, que puede deberse a múltiples causas. La más frecuente, por mucho, es la diabetes mellitus, seguida de la hipertensión arterial, en lo que hoy se conoce como la enfermedad cardio-renal-metabólica. Pero hay muchas otras causas, como enfermedades hereditarias y autoinmunes, obstrucción de las vías urinarias y el consumo crónico de medicamentos que dañan los riñones.
Cuando se ha perdido la función renal de forma crónica, la supervivencia del enfermo depende de la sustitución de dicha función mediante diálisis o trasplante renal. Ambas terapias son complejas, requieren de nefrólogos y son muy caras. Por otro lado, el deterioro de la función renal en diversas enfermedades suele ocurrir a una velocidad moderada, por lo que, en enfermos que están perdiendo la función renal, hay mucho por hacer para detener o retardar la progresión del daño renal, de forma tal que pasen varios años antes de que se llegue a la necesidad de diálisis. Para eso, sin embargo, se requieren nefrólogos. El médico general o diversos especialistas entienden y saben poco sobre cómo proteger el riñón.
Según los autores del artículo que comento, en diciembre de 2025, en México, había 1,668 nefrólogos certificados, de los cuales 1,427 eran de adultos y 241 pediátricos. Si consideramos que la población de México es de 133 millones, esto equivale a 12,5 nefrólogos por millón de habitantes (pmh). Muy por debajo del mínimo recomendado, que es de 20. Nos faltan 992 nefrólogos para alcanzar esa meta mínima. La distribución es dispareja, por supuesto. 521 están en la Ciudad de México (56 pmh), 194 en Jalisco (21.8 pmh) y 86 en Nuevo León, mientras que, en nueve estados, hay menos de 10 en cada uno.
Existen 40 centros en México donde se entrenan oficialmente nefrólogos que, en conjunto, producen alrededor de 180 al año. Esto quiere decir que nos tardaríamos entre 5 y 8 años en resolver el asunto, asumiendo que la población mexicana no creciera y que la epidemia tampoco lo haga, lo cual es improbable. El gobierno federal propone ahora el programa de atención integral cardio-renal-metabólico para incorporar a los médicos generales y familiares en el manejo de estos problemas. Aun así, necesitamos urgentemente formar más nefrólogos.
En el artículo proponen opciones para aumentar la producción de nefrólogos. Los centros que forman nefrólogos ya lo hacen al máximo de su capacidad, por lo que más plazas de residencia no parece una solución. Aumentar el número de centros formadores no es una tarea fácil ni inmediata. Pero en la propuesta no incluyen acortar el tiempo de residencia. Siempre he pensado que hacer tres o cuatro años de medicina interna y luego tres de nefrología es demasiado. Si se redujera a 4 años (dos de medicina o de pediatría y dos de nefrología), resultaría más atractivo y, en poco tiempo, podríamos pasar a formar 300 o más nefrólogos al año.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM
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