Pedro Sánchez arrancó la semana 'farmeando aura' en la SER y dejó a Bretos ojiplático ante tanto aspaviento. Para los no iniciados, lo de farmear es una singular batalla postural sin reglas, sin códigos, con gestos estridentes, aunque, eso sí, requiere de un contrincante y algo de 'flow'. Quedó deslucida, por lo tanto, la contienda, aunque fue rica en alardes, que es de lo que se trataba. Así pudo vacilarle al rey en antena, que constitucionalmente no puede 'farmear' en público con el presidente o llamar al teléfono de aludidos de la emisora, y le dejó con la palabra en la boca con un tajante: 'Six, seven'.
Tampoco haga pucheros el monarca que, sin necesidad de desenvainar la espada de aura (metáfora), de un plumazo el presi le subió la cotización en la Seguridad Social con 20 años cotizados por la patilla borbónica. No es poca cosa cotizar lo máximo cuando la República se atisba en la chistera política de cara a las próximas elecciones generales. El siempre comedido ministro de Transportes y profeta ocasional (otra crisis que resuelve el mesías 'en dos días'), Óscar Puente, ya apuntó al próximo conejo blanco en forma de truco electoral.
Es una maravilla, no obstante, la capacidad de venirse arriba del presidente resiliente, al margen de la dichosa realidad circundante. Sánchez podría salir mañana a la Gran Vía de Madrid, es un decir, y afirmar que la 'violación de la integridad territorial' en Ceuta, posteriormente tornada en 'crisis migratoria', según sus propias palabras, es fruto de una enajenación transitoria del Espíritu Santo; y su legión de fervorosos seguidores, aparcado su agnosticismo, contestaría: 'Sin pecado concebido'. Es uno de sus grandes méritos: haberse convertido en un trasunto de un mejorado flautista de Hamelin, un líder inefable sin mácula alguna, capaz de conquistarnos con su duro mentón y su batalla diaria contra una retahíla de villanos y el advenimiento de la ultraderecha.
Líder tan carismático no pide perdón (Ceuta) ni da explicaciones (el Sáhara, por ejemplo) y sus fieles acatan sus voluntades por aquello de una vida mejor. Una vez aparcada la corbata, cabría la opción de dejarse melena y barba poblada para, con túnica blanca, separar las aguas cristalinas: 'Y tú, Robles, ya sé que eres mi Judas particular'.
El culto al líder requiere de serios sacrificios y unas cuantas preguntas sin resolver. Atrás quedaron, arrumbadas electoralmente, comunidades históricas perdidas por mor de un milagro mayor: un día más del 'gobierno más progresista de la historia', el maestro dixit. Está ahora por ver, ante las próximas municipales, cómo aguantan los envites de la realidad esos alcaldes y concejales socialistas que dan la cara por el partido, pisan la calle y que, sin duda, serán, según el dogma extraño de Pedro, los únicos culpables de las derrotas que vendrán. Ovación cerrada, puestos en pie, menos Robles, y hasta la próxima.
Esta semana, en las calles, frente a los ayuntamientos, también había miles de votantes socialistas a los que el relato no les cala tanto como al militante o al cargo orgánico. En Jaén también, y el alcalde Julio Millán lo sabe. Se puede reducir la concentración de Jaén a las soflamas racistas minoritarias de 'bote, bote, bote: musulmán el que no bote', con el megáfono de Vox, aunque sería tomar una parte por el todo. La sinécdoque política vale para salvar el día y la declaración, pero conviene extraer más conclusiones: 'Quo vadis, Domine?'.
Quizá haya que olvidarse del argumentario enlatado del partido, marcar relato propio, desmarcarse de las imposturas obligadas y cruzar los dedos para que el votante piense, por un momento, en la gestión cercana.
Sánchez, mutado en mago del escapismo, no huye ya de sus rivales políticos, sino de su propia sombra y de sus medias verdades. El rey de Marruecos tiene súbditos y creyentes, en su doble condición de monarca y comendador de la fe, y nuestro presidente, por ahora, exige un ejercicio continuo de fervor a su causa, sea esta la que sea. Y requiere demostraciones de fe inequívoca, un día sí y el otro también.
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