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José Busto

José Busto: Los peces también tienen derecho a comer

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La guerra civil híbrida empezó para mí un martes a las 05:14 horas cuando mi vecino del sexto derecha compartió en el guasap de ... la comunidad de vecinos un vídeo titulado Lo que no quieren que veas sobre Ceuta. Duraba cuarenta y siete segundos. En él podía verse a un señoro bastante desmejorado, con un quinto de cerveza en la mano, señalando una furgoneta de la Cruz Roja y diciendo que esto es lo que hay, sin precisar qué era esto ni lo que había. Y luego, el vecino, añadió un meme de Aquí no hay quien viva y salió del grupo. La nueva doctrina militar del siglo XXI perfectamente resumida. Buena fractura social, correcto el bloqueo institucional, el ambiente muy tenso, pero los oricios en su punto. Tres estrellas. Lo híbrido significa que los perros de la guerra se han disuelto en la vida cotidiana hasta hacerse invisibles. La guerra tradicional, al menos, tiene un día en que alguien dice hasta aquí llegamos. Una híbrida no tiene fin, es la guerra perpetua. El carcelero eres tú, el preso eres tú, y el funcionario de prisiones que te deniega el tercer grado también eres tú poniendo un pulgar hacia abajo a las 05:16. ¿Qué carajo nos pasa a los españoles? En Ceuta entraron como 80.000 personas en dos días. La respuesta nacional no fue un dispositivo logístico y humanitario. Fue una batalla campal en redes y prensa y 140 muertos. Marruecos no tuvo que fabricar el conflicto. Solo abrió la verja y a esperar. La munición se fabrica aquí. En el algoritmo, en la memoria del 36 que reciclamos como una plantilla de Word, en el vecino que dice: yo no soy racista, pero… El adversario exterior es el pretexto. La guerra es interior. Siempre lo ha sido. Solo hacía falta que alguien pulsara el botón. El frente está en todas partes y en ninguna. En la cola del supermercado. En el trabajo. En una cena donde alguien dice: yo no soy nazi, pero... En el grupo de padres del colegio, que era para coordinar disfraces de carnaval y ahora es un teatro de operaciones. En tu propia cabeza a las tres de la mañana, cuando piensas ¿yo qué opino exactamente? y no lo dices porque si lo dices alguien te mira mal y el silencio también es trinchera. ¿Cómo se acaba una guerra así? ¿A quién le entregas las armas? ¿El móvil? ¿Te rindes ante tu vecino? ¿Negocias un alto el fuego con el algoritmo de X, que no tiene servicio de atención al cliente? ¿Te vuelves ciego y sordo mientras todo a tu alrededor supura bilis? No hay armisticio. Hay un vídeo de cuarenta y siete segundos que se difunde como si fuera una verdad científica y nadie se calla y nadie escucha y nadie sabe contra quién lucha y deshumanizamos a los pobres y a los desgraciados y no hay nada que hacer. La guerra sigue. La guerra no se declara. Y eso es todo lo que hay. Leo en Facebook una noticia. Doscientos hombres, mujeres y niños desnutridos y deshidratados mueren ahogados huyendo en patera de la atroz devastación de su hogar. Leo los comentarios y me encuentro uno de mi vecino el del sexto derecha. Los peces también tienen derecho a comer.
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