El hospital de Son Espases, el centro sanitario de referencia de Balears, ha registrado una nueva incidencia significativa. El director de Gestión y Servicios Generales, José Antonio Visedo, ha presentado su dimisión alegando discrepancias con la gerente del complejo, Cristina Granados. Es la séptima renuncia de esta índole consumada en lo que va de legislatura. Casi a la par que dimitía Visedo, quien fuera responsable del gabinete de Comunicación de Son Espases, Sabrina Vidal, ha hecho una denuncia pública sacando a la luz vejaciones y menosprecios padecidos en su quehacer profesional. Lejos de quedar como un caso aislado y una situación meramente personal, la alerta emitida por Vidal ha recibido la solidaridad de profesionales de la Sanidad ya dimitidos o jubilados. «Yo también me sentí completamente despreciado», ha dicho el exjefe de Radiología, Joan Palmer, un lamento que va en la línea del apoyo también manifestado por Marta de la Cruz, exsubdirectora médica del Área Quirúrgica, y Manuel del Río, actual coordinador autonómico de Hospitalización a Domicilio del IB-Salut. Precisamente el director de este organismo del que depende Son Espases, Javier Ureña, ha delimitado esta cascada de denuncias y abandonos en el marco de «desavenencias técnicas a nivel profesional, propias de un lugar con más de 6.000 trabajadores». Es un eufemismo, una evasiva, que denota que detrás hay mucho más. Por su parte, la consellera de Salut, Manuela García, al ser interpelada sobre lo ocurrido, se ha negado a entrar en el fondo del asunto. Es evidente que el hospital de Son Espases está afectado por una profunda crisis de sus equipos directivos y que su gerente, Cristina Granados, permanece en el ojo del huracán desde hace meses. Ante ello, sus superiores en el IB-Salut y la Conselleria optan por pasar de puntillas sobre el malestar y sin explicar por qué mantienen en el cargo a Granados. Es una crisis latente que se vuelve insostenible de manera progresiva y que ya no puede demorar más su intervención porque está erosionando el organigrama y la eficacia del centro sanitario a la vez que contagia una sensación de inquietud y desconfianza a la opinión pública. Con todo, la problemática actual que aqueja a las prestaciones sanitarias en Mallorca no puede circunscribirse solo al ámbito de Son Espases. Esta misma semana hemos vuelto a ver cómo el hospital de Son Llàtzer era incapaz de responder a la demanda que se le presentaba mientras sigue teniendo una planta cerrada. Por otra parte, en lo que va de verano, las urgencias de Balears se han visto obligadas a atender un incremento de 15.000 casos. La presión demográfica crece sin cesar aportando un mayor envejecimiento de la población frente a unos servicios sanitarios que se demuestran incapaces de ponerse a la altura de las circunstancias. Basta mirar, sin ir más lejos, el retraso que acumula el complejo sociosanitario de Son Dureta que, de haberse cumplido los plazos marcados, ya podría estar descongestionando de pacientes crónicos a los hospitales ordinarios de las islas. Con tanta crisis y dimisión en cascada, es evidente que Son Espases necesita una cura improrrogable de sosiego y estabilidad en beneficio de la eficacia, pero también la necesita en su conjunto la sanidad balear que hoy por hoy está incapacitada para hacer frente a los retos asistenciales que se le presentan. Y sus responsables no pueden permanecer ajenos a esta realidad o seguir refugiándose en la evasiva y el paso del tiempo como han estado haciendo esta misma semana. No estamos ante una necesidad puntual.
(0)Comments