MA

Martí Saballs

La cultura del pelotazo, más viva que nunca

Image
La aventura inversora de los ciudadanos españoles ha dado muchas vueltas desde que las matildes, aquellas telefónicas, dieron paso a la explosión bursátil iniciada a mediados de los años 80. Incluso en la universidad algunos frivolizamos con la posibilidad de invertir en bolsa 5.000 pesetas. Varios incluso compraron. La bolsa se iba poniendo de moda. Eran tiempos de jolgorio capitalista. En Londres mandaba Margaret Thatcher; en Washington, Ronald Reagan, y en Moscú se iniciaba la Perestroika de la mano de Mijaíl Gorbachov. La City y Wall Street estallaban de euforia gracias a las normas que facilitaban las inversiones de pequeños accionistas, los fondos empezaban su escalada al paraíso y las emisiones de deuda mostraban sus primeros excesos. Aprendimos qué eran los bonos basura y las opas hostiles. Michael Douglas triunfaba en el cine en su papel de Gordon Gekko mientras Melanie Griffith y Sigourney Weaver estaban divinas al lado de Harrison Ford en Armas de mujer. El minicrash de octubre de 1987 fue un primer aviso a navegantes de lo que ocurre cuando la deuda es excesiva, aumenta la inflación y suben los tipos de interés más de lo esperado. España se apuntó a esa ola. El país quería modernizarse de la mano de aquel PSOE que gobernaba con distintos rostros. Formar parte de la Comunidad Europea desde 1986 ayudó al impulso. «España es el país del mundo donde es más fácil enriquecerse en menos tiempo» fue la famosa frase que pronunció el entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga, en febrero de 1988. La expresión «dar el pelotazo» se puso de moda. Tonto el último. Y la bolsa empezó su largo recorrido alcista. Mario Conde era el ídolo de las nuevas generaciones de profesionales formados en las escuelas de negocio. Fue el mismo Solchaga quien impulsó a partir de 1987 las Letras del Tesoro a un año. La creación y el diseño de un canal abierto a través del Banco de España, en el que participaron quien era el secretario general del Tesoro, Manuel Conthe, y el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. Solchaga convirtió las Letras en un recurso inversor de primer orden. En seis años, el volumen de letras en circulación pasó de cero a 58.300 millones de euros actuales. Aquellas letras requerían una inversión mínima de un millón de pesetas (6.010 euros) y ofrecían, por ejemplo en 1992, una rentabilidad media del 12,5%. Con una inflación del 6%, fueron las vedetes de unos años en los que la crisis económica postolímpica las mantuvo en primera línea del deseo ahorrador. Y al Estado, necesitado de financiación, le vino de perlas. Con la inversión en bolsa y en letras empezó a gestarse cierta cultura financiera en la que participó como un agente indispensable la prensa económica, que vivió sus mejores tiempos en los años 90. La ola de los fondos de inversión y de pensiones también llegó a España, convirtiéndose en un instrumento de ahorro de primer orden. Los bancos se llenaron de asesores financieros y la banca privada y personal empezó su edad dorada. Los inversores más sofisticados ya no se conformaban solo con invertir en España. Querían valores de otros mercados. En los años previos al crash de 2008 se vendía de todo. Deuda y acciones. Desde duros a cuatro pesetas a hipotecas en yenes. Para darle lustre, los fondos registraban marcas con nombres anglosajones o del alfabeto griego. ¡Y las acciones preferentes! Otra de las mayores tomaduras de pelo en la historia de la inversión. Todo aquello explotó. Y todo ha vuelto a renacer. Así es la historia de las finanzas. Desde tiempos de Hammurabi y desde que parte de los sueldos de los legionarios romanos se pagaban con sal. Hoy, las Letras del Tesoro ofrecen poco menos del 3% en España con una inflación superior al 4%; las bolsas mundiales van camino de registrar su cuarto año consecutivo de subidas; los analistos intentan descifrar si las inversiones en IA financiadas con deuda de nuevo cuño son sostenibles y la reciente caída de los precios de los bonos debido a las inquietudes ante un aumento de precios ha alertado a los mercados. ¿Cuál es el nivel de deuda incontrolable que navega bajo la superficie? Sin respuestas claras. Mientras los apocalípticos predicen un nuevo escenario de crash en el futuro (desde mañana y hasta dentro de mil años), la sensación de que el sistema está aguantado con alfileres que controlan las grandes gestoras de fondos -privados y soberanos- acentúa la teoría de que a nadie le interesa que se repita una nueva gran crisis. Solo una guerra a gran escala u otro cisne negro podrían tumbar el mundo tal como lo conocemos. Entre apocalípticos y eufóricos, invertir en el mercado de capitales sigue estando de moda. Y los jóvenes extremadamente preparados también se apuntan, aunque a veces suponga pensar que la bolsa es un casino. A ellos dedicamos la primera portada de "activos" septiembre.
La cultura del pelotazo, más viva que nunca
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.