LU

Lucía Solla Sobral*

Los poemas de Idea Vilariño y Wisława Szymborska se meten en mis bolsillos para cuando quiera sorprenderme

Image
El verano está pasando de largo y yo no sé si estoy dentro o fuera viendo vuestras mareas, vuestros pueblos, vuestras mesas llenas de platos y de migas de limón. Quedan dos semanas de verano y yo llevo ocho pensando en estos versos de Idea Vilariño: «Haberse muerto tanto y que la boca / quiera vivir un poco todavía [...] Haberse muerto tanto y de tal modo / y sostener un nombre todavía / y una voz que se afirma y se alza en números. / Haberse muerto tanto y que las lilas, / y las tintas azules y las rojas / y las hojas, las rosas y las lilas…». Quiero descansar, agradecida, de su poesía, pero se cuela entre los pliegues de mi barriga o se esconde en el ceño fruncido. Me froto intentando arrancarme sus versos y ahí siguen, las lilas, más de 80 años después de que Vilariño las nombrara, tercas, negándose a soltarme. Rendida, de esos versos voy a estos otros de Wisława Szymborska: «Ayer me porté mal con el cosmos./ Viví todo el día sin preguntar por nada,/ sin sorprenderme de nada». Hay una forma de portarse mal con el cosmos que se parece mucho a la de haberse muerto tanto. Szymborska lo cuenta como quien confiesa algo vergonzoso, y yo reconozco ese día porque lo he vivido infinitas veces. A veces por despiste, otras por cansancio o por parálisis, pero lo he hecho, he llegado a casa, he cenado de pie mirando el móvil y me he acostado sin haber mirado ni una vez hacia arriba. Un día entero portándome mal conmigo y con todo lo que me rodea. Y así Vilariño y Szymborska me apuñalan y me curan, me reprochan y me perdonan, me recuerdan y me prevén. Una me habla de resistir, la otra de prestar atención, y entre las dos me gritan que para seguir viva no basta con que el corazón se mueva como un pañuelo despidiéndose. Hace falta algo más que parece estar cada vez más lejos. En estos días de lilas apagadas en los que el poema de Vilariño me muerde los tendones y me deja coja, en los que sé que algo dentro de mí sigue queriendo vivir un poco todavía pero no encuentro las palabras y no logro interrogar a las nubes ni a los cerros ni al río, en los días en los que solo hago la compra, doblo la ropa, contesto mensajes con monosílabos y ni siquiera me detengo a comprobar qué pájaro era el que se posó en el alféizar, son los días en los que más cerca estoy de la muerte. El cuerpo resistiendo, los ojos en los pies, la boca como un cepo. Va pasando el verano como si fuese algo fácil eso del tiempo, eso del calor y los planes tan claros, tan bien diseñados, con la toalla en la playa a la hora exacta y la vida entera cabiendo en un itinerario. Y yo me aparto porque se me acabaron las palabras propias. Pero las palabras prestadas de estos poemas se meten en mis bolsillos para que las encuentre cuando busque una voz que se afirme y cuando quiera sorprenderme un poco todavía. Las llevo conmigo como quien lleva algo de calderilla, por si un día cualquiera se me olvida mirar hacia fuera. Y entonces, cuando escondo las manos y noto con las puntas de los dedos que siguen ahí, las saco y compruebo que el cielo también sigue en su sitio, que el pájaro volverá para ser nombrado, como las tintas azules y las rojas, esperando a que, por fin, me digne a hacer alguna pregunta. * Lucía Solla Sobral es escritora. Su último libro es 'Comerás flores' (Libros del Asteroide, 2025)
Los poemas de Idea Vilariño y Wisława Szymborska se meten en mis bolsillos para cuando quiera sorprenderme
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.