Los políticos han conseguido que veamos lo de Ceuta como un problema de precisión terminológica. ¿Estamos siendo invadidos o ante un proceso migratorio? La diferencia está clara, más allá de lo estrictamente etimológico. La invasión es un término belicista y por tanto facha y de derechas (ya se sabe que la izquierda es pacifista). Cuando un diputado dice que los marroquíes han invadido la ciudad autónoma no lo hace en un sentido figurado o metafórico, no manifiesta la existencia de una marea humana de 80.000 personas que quiere escapar de un país en donde no tiene opciones de progresar en la vida, sino que alude al bloqueo que supone esa patulea que iguala en número a la población ceutí, que ocupa sus playas, molesta a sus chicas (23 violaciones ha indicado la Fiscalía), propicia al cierre de los negocios y obliga a que Amazon incremente el stock de espráis de pimienta. No estamos hablando de los 100.000 fanfarrones de San Luis, que iban a atajar por España y acabaron quedándose para gobernarnos con un rey piltrafa hartito de tirabuzones, sino de los 80.000 hijos de un monarca absolutista que, como todos los que tienen cara de tonto, es más listo de lo que parece. O listillo.
Por otro lado, lo que le interesa al Gobierno de la Mareta y a sus adláteres/supporters es fijar otro discurso: el del 'probe' Hassan, que ni emigra ni inmigra, solo migra. Un señor que huye de un país opresor ataviado con la camiseta de Lamine Yamal de la selección marroquí de fútbol (que ha afanado en un mercadito de falsificaciones) y que pide asilo, techo y comida. Sin problema. El agua no se le niega a nadie, especialmente a las mujeres y niños, que deben ser los primeros en abandonar el cayuco o en recibir un flotador si arriban a las costas del 'Carajal'. Los españoles somos solidarios, siempre lo hemos sido. Hasta cierto punto.
En resumen, que invasión malo, problema migratorio bueno. Nadie ha venido a ocupar nuestras casas por la fuerza, ni a violar a nuestras hijas (que cuando anochecen deben estar en casa y no solas y borrachas por las calles de Ceuta), ni a quitarnos las frutas y hortalizas de nuestros huertos, ni a comerse nuestras crías de delfín. Vienen para salvarse y punto. Y puede que en muchos casos sea verdad. Pero lo cierto es que en el reparto demográfico en 80.000 personas da para que se incluyan en su conjunto hombres, mujeres y niños, policías marroquíes de paisano, espías fronterizos, agentes de la CIA y de Israel, el mismísimo Trump, el que inventó el Pegasus y hasta el que se fumó un moro liado en una alfombra.
Algo no cuadra, si lo pensamos bien. Los (ignorados) informes que anunciaban la llegada masiva estaban ahí, los policías de Mohamed VI descargando gente de sus furgonetas, o los que tiraban piedras a los que trataban de regresar, el ministro de Justicia diciendo gilipolleces sobre la soberanía alauí sobre Ceuta y Melilla, y la falta de respuesta diplomática o institucional, la huída vacacional, los vaivenes del mando único, la prohibición de acudir al Rey Felipe: otra crisis que revuelve, que no resuelve, Pedro Sánchez. Y la sensación de todo el pueblo autónomo de que el día que el monarca que prohíbe la homosexualidad quiera, una caterva de hijos ocupará Ceuta como si aquello fuera el Rif 2.0. Y correría la sangre, claro. Y algún Godoy, encima, agradecería la cooperación marroquí.
Resumo mi opinión: Mohamed VI ha orquestado la ocupación de Ceuta por parte de sus 80.000 hijos -unos siguiendo órdenes, otros embaucados por las RRSS y convocatorias varias, otros buscando ir a un sitio mejor, otros obligados- para demostrarle a Pedro Sánchez lo débil que en realidad es y lo fácil que resultaría a Marruecos mearse en la frontera desde Castillejos, aunque para eso han tenido que ahogarse 200 marroquíes entre las dos aguas. Un mal menor, pensará, paseando por las calles de París, el monarca alauita, mientras coopera fiel y lealmente con su acompañante.
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