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Toni Barquero

Toni Barquero: Farmear aura

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El 27 de septiembre, en Mérida, nuestros jóvenes 'farmearán aura'. Y no, no es la segunda parte de 'Los Therians', es un supuesto acto cultural ... y de ocio. Así que yo, con ignorancia supina, me cuelo entre las redes e intento encontrar en ellas respuestas a incontables preguntas que me asaltan. ¿Farmear aura? Pues sí, a quienes esto del uso de los términos ingleses de manera más o menos aleatoria (que no «random») nos suena a pérdida del valor de nuestra gran lengua, y con ella la fortuna de poder expresar las infinitas particularidades de las vivencias, lo de farmear nos lleva, como mucho, a granjero, y de granjero a recolector hay un paso, el que parece que define auras y, en la vida de la llamada 'generación Z' (nuestros chicos), lleva a la recolección como fórmula de identidad. Y se preguntarán por qué me asaltan tantos pensamientos. Y yo, que estoy aquí para compartir, les cuento que me preocupa saber qué hay detrás de una dinámica que reúne a jóvenes para, frente a frente, gesticular con sobreactuación impuesta, mientras que muchos otros miran y con sus aplausos a los gestos más impactantes, atrevidos o inesperados, validan identidad. Y de estos devaneos míos voy extrayendo mis pequeñas lecciones de vida: La primera: el aura cambia de significado porque el mundo ha cambiado de referencias. Pues sí, ahora el 'aura' va de recolectar puntos por impacto. Cuantas más reacciones en el mundo virtual, y ahora en el presencial, más cerca se está de conseguir aura. Parece ser que caducó aquella versión tan indescriptible como envidiable, pero siempre antesala de cualidades que hablaban de capacidad, equilibrio, seguridad y otras bondades... Y vamos por la segunda: la vida en el mundo real se define en el mundo virtual. Triste es que la personalidad se seleccione de un catálogo de vidas que 'cosechan likes'. Y que en esa oferta de opciones, el precio y el beneficio esté en 'otras manos'. A golpe de culpabilidad, me lleva la tercera: Los adolescentes no han inventado la sociedad de la exhibición. Todos hemos convertido vacaciones, cuerpos, casas, comidas y afectos en pequeñas vitrinas. Hemos construido, o permitido, un mundo en el que mostrar una experiencia parece hacerla más real, en el que la aprobación se cuenta y la atención se disputa. No puede sorprender que ahora esa lógica sea el modelo. ¿Y si no fuera tan malo ser como cuando nadie nos mira? Y optimista es mi cuarta lección: siempre se está a tiempo de enmendar errores. No se trata de demonizar el mundo virtual, ni fingir que no es real. Lo es, tanto que forma parte de la presencia. Pero debe ser, siempre, medio y parcela. Supongo que la 'institucionalización' de las batallas de aura viene de no ver en ellas síntoma de una generación a la deriva, sino la oportunidad de rescatarla de las redes. Importante es, lo sé, reunirse, jugar, exponerse al ridículo, aprender a perder, aplaudir al otro y ocupar juntos un espacio público. El problema no es la exhibición, ni es 'jugar a gestos'. Es la dependencia de la mirada. Es quiénes dictaminan qué mirar.
Toni Barquero: Farmear aura
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