Deseguroque a Luis Donaldo Colosio Riojas alguno de sus maestros en política mexicana debió haberleexplicadocon manzanas que en política el peso del apellido hunde o hace flotar. El debate eljuniorde la política con el gobernador sonorense Alfonso Durazo Montaño es más unlastreque un auxilio en aguas tormentas.
Antes de entrar a la discusión sobre elpesodel apellido, es importante hacer unavaloraciónde corto plazo de que si llegó a donde llegó fue por ser una figuradeslumbranteen la política mexicana o por cierto y de manera lamentable yaolvidóquién fue realmente padre, Riojas debe de aclarar con mucha precisión suorigengeográfico: ¿nació de manera física en Magdalena de Kino, Sonora, o fueregistradodespués de haber visto la primera luz en la Ciudad de México?, y enseguida la pregunta fundamental: ¿si era sonorense, por quéhizo su carrera política en Nuevo León y por qué ahora le sale el gusanito de Sonora?
Ahí se puede estarahogandoel joven Riojas, porque la indefinición le sirvió como maniobra dedistracción, pero con todo respeto a los apellidos él no es Pérez o Sánchez sino nada menos quehijoprimogénito de quién fue y por lo tanto de manera inevitable cualquier referencia a su carrera política se va aahogaren la obligatoriedad de reconocer el peso de su sangre y salir ahora con lasorpresade que fue alcalde de Monterrey y senador por primera minoría de Nuevo León pero que yanole importa.
En política, México anda todavía enpañalesen el tema de la representación territorial estricta. Pero mientras existan esas exigencias, pues tendrán quecumplirse. Y el problema no va a ser si el joven Riojas ahora saca de suchisteraun acta de nacimiento registrada en Magdalena de Kino, Sonora, sino que se va adesgastarde manera inútil en explicar su origen sonorense, dejando atrás conoportunismomás político que consanguíneo la búsqueda del voto de los electores de Monterrey y Nuevo León que logró pafra el cargo de alcalde perofracasóen la competencia senatorial porque llegó por primera minoría.
De manerapenosapara el joven Riojas, el debate políticonoes sobre sus ideas --si acaso las tiene--, o sobre sus propuestas para justificar que ahora es sonorense --¿antes no lo fue?-- o sobre la vena de Sonora que políticamente esobligatoriaen su registro --porque hasta ahora se asumía regiomontano y no sonorense--, y ya el debate en estos días lo estáminandocon este tipo de aclaraciones que deberían estar en el último lugar.
Y de manera inevitable, un nuevo Colosio en laluchapolítica nacional va a obligarlo de manera contundente a reexaminar lo ocurrido con su padre, su carrera políticadebidade principio a fin a Carlos Salinas de Gortari, la educación política principesca para irlo construyendo como el candidatosucesordel proyecto transexenal del neoliberalismo salinista, su responsabilidad en modo y circunstancia de larupturadel viejo modelo priísta-populista y lo ocurridodetrásdel magnicidio de Lomas taurinas.
Sin mucha lógica poreventualidadespolíticas, al joven Riojas le hubiera convenido hacer carrera en el servicio públicosinsu apellido paterno y asíobviarexplicaciones que lo van a perseguir en los años que le quedan en la política.
Laopciónoportunista de Monterrey y Nuevo León tuvo que ver de manera más que directa con las consecuencias familiares y de protección política que determinaron en su momento a hacer primero carrera profesional como abogado en esa entidad del norte del país y luego el espacio que se le abrió en esa zona por parte de compromisos personales de alguno de los protectores políticos de su padre.
Y lo peor de todo estará en laspreguntasrecurrentes que le seguirán haciendo por su salto cualitativo de decir ahora que no, que yanoes regiomontano ni neoleonés, que se 'encontró' --porque no había otra explicación-- con un acta de nacimiento registrada en Magdalena de Kino, Sonora, y que tendrá que darle lasgraciasa sus exelectores del estado y la capital de Nuevo León pero que lerenacióel sentimiento familiar de las tierras sonorenses, donde por cierto el espíritu originario es de los muyarraigadosa otros parecidos en otras zonas territoriales de la República.
Y que una vez queaclareel origen del apellido y su adscripción territorial, entonces deberá de enfrentarse a su nueva adscripción a Sonora y a suproblemáticapara ser candidato por la tierra de su padre que el joven Riojasnuncareconoció ni siquiera por equivocación en sus primeros pasos en la política mexicana.
Y le tocará, al final de cuentas, a los sonorensesresolverel problema del origen, pero esa será otra circunstancia para cuando le den el registro legal de su candidatura y se despeje laincógnitaque seguramente tiene en vilo y al borde de la butaca a los sonorenses y a los habitantes de la República: ¿es sonorense el joven Riojas o de Monterrey-Nuevo León? O habrá deexplicarsi el cambio de registro de su origen territorial tiene que ver más con suderrotaal interior del Movimiento Ciudadano neoleonés que con el peso de la sangre.
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Política paradummies: la política no se define por el origen territorial, sino por la coherencia moral.
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