Hay momentos en que un país no necesita una gran crisis para empezar a perder la confianza. Basta con que durante un tiempo deje de crecer, se instale el miedo y la política convierta cada intento de acuerdo en una sospecha. Chile parece estar atravesando uno de esos momentos.
En las últimas semanas se han cruzado tres asuntos que a primera vista son de diferente signo, pero que juntos describen bien el estado de ánimo del país. Aunque parecen pertenecer a mundos distintos, hablan de un mismo estado de ánimo: una propuesta constitucional que abrió la puerta a poderes extraordinarios, una economía que sigue sin recuperar el impulso y, en contraste, dos alcaldes de sectores políticos opuestos que decidieron apostar por la colaboración. No son historias aisladas. Juntas dicen algo sobre el Chile de hoy.
El primer tema es el más delicado. Se trata de una propuesta de reforma constitucional que instauraba en Chile una dictadura legal por 240 días, una situación que se presentaba como provisional, como siempre dicen serlo las dictaduras, hasta que 'las cosas se normalicen'. Nadie quiere hacerse cargo de haberla redactado, pero el hecho es que la propuesta la firmó y la presentó formalmente al Congreso el propio Presidente de la República.
Es una iniciativa inédita en nuestra historia democrática. Ningún presidente había solicitado al Congreso una facultad similar. No lo hizo ni siquiera el Presidente Carlos Ibáñez del Campo -que gobernó con facultades extraordinarias que el Congreso le entregó porque nunca antes se las había negado a un presidente- pero nunca por la vía de una dictadura legal escrita en la Constitución. Lo más parecido, de lejos, es la Ley de Defensa de la Democracia de Gabriel González Videla, la norma de peor prestigio de nuestra historia republicana, la que se ganó merecidamente el apelativo de 'Ley Maldita'.
Que esto se haya escrito en un país que el mundo mira como símbolo de la recuperación democrática desde los años noventa no es un detalle menor: tal como advirtió el excanciller Alberto Van Klaveren, aunque la reforma no prospere, el solo hecho de haberla planteado ya afecta la imagen exterior de Chile, sobre todo ante Europa, cuya influencia intelectual para nosotros vale más que cualquier cifra de comercio. Esto se va a corregir seguramente, porque nuestra democracia no es un barco de papel que se lleva cualquier corriente y porque hoy nadie la defiende, ni dentro del propio oficialismo. Pero alguien levantó la mano. No alcanzó a golpear, pero la levantó, y eso ya quedó escrito.
El segundo asunto al que me quiero referir es la economía, o más bien la ilusión con que se administró su diagnóstico. Llevamos casi un semestre de gobierno y el Imacec no repunta: bordea el 0,6%-0,8%, muy por debajo del 3,5% que algunos prometen para el próximo año. Y, por si eso fuera poco, la confianza de consumidores y empresarios está hundida.
Estamos, aunque nadie quiera usar la palabra, en una recesión técnica.
Parte de esto se explica por decisiones del propio gobierno. Se instaló en campaña, y se sostuvo después en el gobierno, la idea de que la economía atravesaba una crisis desastrosa, incluso se llegó a hablar de un 'Estado en quiebra'. Hablar así de la economía termina contagiando a la ciudadanía el pesimismo que se quiso instalar como relato. Se olvida que la economía no es patrimonio de un gobierno sino el terreno común donde se juega tanto su éxito como el bienestar de la gente.
A eso se sumó el 'bencinazo', que golpeó las expectativas más de lo que se reconoce, y la persistencia de un ambiente político tan polarizado que ahuyenta la estabilidad que las empresas necesitan tanto como los incentivos tributarios.
Quizás sea hora de algo parecido a la agenda pro crecimiento con que el presidente Ricardo Lagos enfrentó una situación similar tras la crisis asiática. Dada la crispación política que no da espacios para generar acuerdos, se podría comenzar por reunir a economistas de distinto signo, desde la centroderecha clásica hasta la centroizquierda, para construir transversalmente una idea de cómo hacer crecer al país. El gobierno tendrá que renunciar a la idea de que puede levantar la economía por sí solo. Los números dicen que no puede.
El tercer asunto, en cambio, es un soplo de aire fresco, una esperanza. En un ambiente donde en los partidos se trata casi de proscrito a quien impulsa un acuerdo con el otro sector, los alcaldes Jaime Bellolio y Tomás Vodanovic firmaron un pacto de largo plazo entre veredas opuestas, que llevan toda la vida democrática mirándose con desconfianza.
Ocurrió, además, casi en la misma semana en que el Presidente Boric, desde Montevideo, advertía contra el 'fanatismo de la moderación', una frase que no fue la más afortunada de las suyas, viniendo de quien hizo tanto por moderar las cosas después de la Convención y a quien le debemos, en buena medida, que el país terminara estabilizado.
El ánimo que conecta estas tres historias cabe en una palabra: pesimismo. Un país que dejó de crecer hace que las personas dejen de creer en que las cosas puedan mejorar, y ese pesimismo se vuelve la principal emoción, se transforma en el principal personaje de la sociedad chilena. No acompaña al estancamiento por casualidad: lo alimenta y lo reproduce. Quien es pesimista ya no confía en que alguien resuelva los problemas y empieza a temer que las cosas se pongan peor. Es justo en ese miedo donde se tonifica la derecha más dura, la que vive de alentar el temor. Por eso, una reforma que tienta la vía autoritaria, una economía que no repunta y un acuerdo transversal en el que de inmediato aparece la palabra 'traición' son, bien mirados, tres caras de una misma historia.
En este escenario, no creo que el ánimo del país lo pueda mejorar el gobierno solo, y mucho menos la oposición sola. Se mejora con un clima distinto, en que la gente vuelva a conversar y a tratarse bien de nuevo. Todo lo demás -reformas, cifras, acuerdos- es su consecuencia.
Para más columnas en Ex-Ante, clic aquí.
De lunes a viernes, recibe una selección de las columnas de opinión más destacadas de nuestros principales columnistas: miradas, análisis y puntos de vista para entender mejor los temas que marcan la agenda.
(0)Comments