La casa ha sido, ancestralmente, una aspiración de quien forma un hogar en Ecuador y quiere asegurar un techo para su familia. Tema socialmente inconcluso, ha sido también objeto de diversidad de promesas pueriles de tarima; de cálculos poco creíbles de construcción masiva; de largas filas de inscripciones en medio de procesos electorales, con formularios que luego se encontraban en la basura; del crecimiento de la marginalidad con las mal llamadas 'invasiones', y hasta motivación para emigrar y mandar desde el exterior las remesas que sirvan para comprar o levantar esa ansiada casa.
Es por tanto alentador escuchar al presidente Daniel Noboa hablar de resultados positivos en el tema vivienda. Dijo hace solo horas en una cadena radial que las condiciones actuales de los créditos han permitido que jóvenes y parejas que antes consideraban que no podían comprar una casa, ahora tengan esa posibilidad. Incluso señaló que para algunos la cuota mensual del crédito puede resultar menor que el valor de un arriendo.
¿Cómo ha sido eso posible?, inquieren los escépticos. Explica entonces que con el papel del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess) y del programa Miti-Miti como mecanismos para facilitar el acceso a créditos hipotecarios. El mandatario también atribuyó la reducción de las tasas hipotecarias a un ecosistema que empuja a la competencia. Según explicó, el Gobierno impulsó condiciones para que los bancos compitan por captar clientes y ofrecer mejores financiamientos.
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Y el beneficio es periférico, según su propio análisis. Para las familias y para generar empleo para quienes participan en las obras. Las empresas que venden materiales, los trabajadores contratados para levantar las viviendas y los negocios que ofrecen servicios y alimentación a quienes trabajan en las obras también se benefician de este movimiento económico. El problema habitacional no se va a resolver en un día, un mes o un año. Pero es bueno saber que se trabaja permanentemente en opciones dignas. (O)
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