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Saturnino Acosta

Las becabuelos

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Por fin llegó septiembre. Padres y madres vuelven al trabajo, sus hijos aún están de vacaciones y los abuelos vuelven a trabajar. Toda una vida trabajando para jubilarse y seguir trabajando. Sin contrato, sin nómina, sin vacaciones y, lo peor, sin poder presentar una queja ante Inspección de Trabajo. Porque la vuelta al cole ya no es solo cosa de púberes. Es una prueba de resistencia física y económica. Libros, material, ropa, zapatos, comedor, transporte, academias, idiomas y, si queda presupuesto, equitación. La lista crece tanto que algunas familias, cuando terminan de hacer números, se dan cuenta de que han terminado con ellos. Este curso equipar a un alumno puede superar fácilmente los 500 euros. Y sin despeinarse, que bastante tenemos ya con el gasto del peluquero para el primer día. Pero tranquilos. En España tenemos un sistema de financiación educativa alternativo: los abuelos. No necesitan convocatoria, plazo de solicitud ni declaración de la renta. Solo hay que tener un abuelo. Preferiblemente dos. Y si son cuatro, mejor. Eso sí, que estén en forma. Al menos hasta junio. El abuelo español, cual lince ibérico, se ha convertido en una empresa pública de servicios integrales. Transporte escolar, comedor, recogida, servicio de madrugada, ocio y tiempo libre, vacaciones y servicio de urgencias. Todo incluido. Cero euros. Bueno, cero euros para el Estado. Para el abuelo, alguna molestia lumbar en todo el cuerpo. Lo extraordinario es que una generación de jubilados sea el principal mecanismo de conciliación de muchas familias sin figurar en ningún presupuesto. No aparecen en las estadísticas, pero sí en Hacienda. Luego alguien pronunciará solemnemente las palabras 'mejorar la conciliación' y algún abuelo pensará que le duplicarán la pensión, porque la conciliación laboral y familiar en España funciona perfectamente siempre que exista algún abuelo disponible. Hablamos de natalidad, trabajo, cotizaciones y conciliación. Pero cuando todo eso resulta matemáticamente imposible, aparece el abuelo. Problema resuelto. Incluso hemos conseguido que financie parte de la educación de sus nietos con una pensión ganada tras toda una vida trabajando. Una especie de crowdfunding familiar obligatorio. No nos engañemos, la verdadera política de conciliación en España son los abuelos. Y, además, sin partida propia. Lo dicho, si no existen las 'becabuelos', habría que inventarlas. O, al menos, dar de alta a los abuelos en la Seguridad Social. Seguro que las cifras de empleo mejorarían considerablemente.
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