Figuras gigantes de las ciencias naturales pasaron por Salta en la segunda mitad del siglo XIX y realizaron descubrimientos que sentaron la base de los futuros conocimientos. Dos de ellos eran botánicos y se convirtieron en la piedra basal de su disciplina en la República Argentina. Fueron los alemanes Pablo Lorentz y Jorge Hieronymus, así castellanizados, quienes vinieron a Salta en busca de descubrir los secretos vírgenes de nuestra taxonomía vegetal.
Atraídos por la flora subtropical de nuestras montañas, las ahora llamadas Yungas, visitaron Salta en un largo viaje realizado entre 1871 y 1873 antes de seguir hacia las montañas de Bolivia. Formaban parte de aquellos naturalistas viajeros que recorrían centenares a miles de kilómetros a lomo de mula para estudiar el territorio como lo habían hecho antes Haenke, D'Orbigny, Darwin y Burmeister y lo harían después otros como August Kahl, Alfred White, Henry Durnford, Ludwig Brackebusch, Karl Oenike por mencionar solo a algunos de ellos.
La flora salteña
Durante años hemos tratado de seguir la ruta de Lorentz y Hieronymus en su paso por Salta y especialmente a lo largo de los ríos Yacones, de las Nieves y Potrero de Castillo. Ello en razón que fue allí donde se hicieron los primeros hallazgos de fósiles de invertebrados marinos paleozoicos, especialmente trilobites.
En marzo de 1873 los alemanes llegaron a Salta luego de pasar por Rosario de la Frontera, Metán, cruzar el río Juramento y a través de La Troja, El Chamical, Finca La Cruz, La Quesera y La Pedrera, arribar a la ciudad. Llegaron por lo que hoy conocemos como la "ruta Güemesiana". Venían colectando plantas y herborizándolas.
Lázaro Novara, botánico de la UNSa, no solo escribió sobre el viaje de sus viejos colegas botánicos, sino que fue a Córdoba donde se encuentran conservados partes de los especímenes. Los duplicados se enviaron a Alemania donde los estudió el eminente botánico August Grisebach (1814-1879) quién a la postre escribiría dos gruesos volúmenes sobre la flora argentina. Lamentablemente ese material fue destruido durante los bombardeos de la segunda guerra mundial.
Argentina le debe a esos alemanes la piedra basal de los estudios botánicos sistemáticos en el país. Sería imposible resumir en esta columna sus intensas biografías pero daremos algunos datos generales.
Pioneros fundacionales
Paul Günther Lorentz (1835-1881) castellanizó su nombre como Pablo Lorentz y fue uno de los primeros científicos contratados por Sarmiento para la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Apenas llegado al país y radicado en Córdoba emprendió en 1871 un largo viaje que lo llevó hasta Catamarca y Tucumán. Allí quedó deslumbrado con la flora de Tucumán. Lorentz, de carácter fuerte, tuvo un duro enfrentamiento con su jefe que era nada menos que el sabio alemán Germán Burmeister (1807-1892) quien le pidió la renuncia.
Lorentz se fue a Entre Ríos al prestigioso Colegio Nacional de Concepción del Uruguay donde enseñó, estudió la flora y en donde falleció a los 46 años. Es el único de los primeros científicos de Sarmiento que murió y fue enterrado en Argentina ya que los demás volvieron a su patria de origen.
El género botánico "Lorentzia" y unas quince especies "lorentziana" han sido dedicados a su nombre. Lorentz formaría parte de aquellos miembros de la comisión científica que llevó Julio Argentino Roca en la Campaña del Desierto donde hizo aportes muy valiosos en la flora de esas regiones patagónicas.
Allí coincidió, entre muchos otros, con el ingeniero alemán radicado en Salta, don Francisco Host, quien iba a cargo de los estudios de topografía y agrimensura. La inmensa biografía de Host requiere de una mayor profundización aun cuando existe un estudio muy importante que realizó ese erudito de la historia salteña que fuera Atilio Cornejo.
Fósiles marinos en los cerros
Por su parte Georg Hans Emmo Wolfgang Hieronymus (1845-1921), que castellapannizó su nombre como Jorge Hieronymus, hizo estudios botánicos específicos en su Alemania natal antes de ser tentado a venir a la Argentina e incorporarse a la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba.
Invitado por Lorentz, el destino quiso que heredara su cátedra y se quedara muchos años en el país antes de volver definitivamente a su patria. En Alemania publicó obras fundamentales de botánica con los grandes referentes de su tiempo.
Apenas llegado a nuestro país se unió a la expedición botánica con Lorentz al interior de la República Argentina y visitó las provincias del norte argentino y Bolivia en un viaje que duró unos 16 meses. Poco se sabe de su estadía en Salta, esto es dónde se alojaron, qué contactos tenían y cómo organizaron su viaje. Sí sabemos que recogieron fósiles en lo que hoy es el Portezuelo de Salta en el viejo camino que atraviesa el borde de la ladera del cerro San Bernardo.
De lo que pudo reconstruirse se tiene que ambos exploradores se dirigieron a las montañas del oeste y desde San Lorenzo fueron por Castellanos, Lesser y Yacones para internarse al río de las Nieves y seguir aguas arriba hacia el Potrero del Castillo. Viejos caminos incas, de los cuales encontramos algunos restos ruinosos, acompañan ese recorrido.
Como buenos naturalistas de intereses amplios, no solo observaron la flora, sino que les llamó la atención la cantidad de bloques sueltos de rocas negras y hojaldradas esparcidas en el lecho del río. Lo cierto es que al romperlas se llevaron la sorpresa de que estaban llenas de fósiles marinos, especialmente de los artrópodos conocidos como trilobites.
Su jefe Burmeister era una autoridad internacional en el tema, pero había cambiado el eje de sus intereses científicos para dedicarse a las faunas de mamíferos fósiles de las pampas. Burmeister, que era creacionista, estaba duramente enfrentado con el sabio argentino Florentino Ameghino que ya defendía las teorías evolutivas de Darwin.
Lorentz y Hieronymus realizaron una buena colección de fósiles, tanto de trilobites como braquiópodos y se las enviaron al Dr. Friedrich Heinrich Emanuel Kayser (1845-1927). Este afamado científico del Servicio Geológico Prusiano era un especialista alemán en el tema y pronto se puso a estudiarlos. Emanuel Kayser descubrió rápidamente su importancia y en 1876 publicó los primeros resultados en la revista "Paleontographica" de Berlín.
El trabajo, en alemán, se titulaba: "Sobre fósiles primordiales y del silúrico inferior de la República Argentina". Este artículo científico se convirtió en un clásico de la ciencia paleontológica y contiene la descripción de los primeros fósiles salteños, especialmente trilobites, braquiópodos, gasterópodos, nautiloideos y algunos graptolites. Para entonces se pensaba que esos materiales eran de edad silúrica y hoy se sabe que pertenecen al Ordovícico inferior y eventualmente al Cámbrico superior. No solo aportó la descripción taxonómica con los nuevos nombres científicos sino también los dibujos que los ilustraban.
Trilobites de importancia mundial
Por alguna razón, Kayser le compartió algunos ejemplares de trilobites a otro prestigioso paleontólogo alemán, el Dr. Fritz Daniel Frech (1861-1917). Otra vez un sabio con una enorme biografía y que terminó muerto en Alepo (Siria) mientras se desempeñaba como jefe geólogo del ejército alemán en la Primera Guerra Mundial. El punto es que Frech describió en 1880 un trilobite del cerro San Bernardo y le dio el nombre de "Dalmania caudata", una especie definida para Inglaterra por el gran paleontólogo británico John William Salter (1820 - 1869), quien a la postre se suicidó ahogándose en el Támesis.
Los fósiles salteños ocasionaron en su momento un gran revuelo y uno de los que se metió en el asunto fue el noruego Waldemar Christofer Brögger (1851-1940). Estamos hablando de uno de los grandes sabios noruegos de su tiempo, autoridad científica premiada con prestigiosas medallas como la "Murchison" y la "Wollaston". Ni Kayser, ni Frech, ni Brogger se ponían de acuerdo no solo con la ubicación taxonómica de los trilobites sino menos todavía con la edad que ellos representaban. Kayser tomó el guante y por última vez en 1898 publicó en una revista alemana de la época un artículo donde aclaró que el trilobite "Dalmania" de Frech era en realidad otro espécimen y lo bautizó como "Thysanopyge argentina". Pero una vez más se confundió con la edad atribuyéndolo al Ordovícico medio cuando el mismo es de edad Ordovícico inferior. Más allá de los tecnicismos este trilobite se convirtió en el primero en ser descripto para las rocas del cerro San Bernardo y hoy es uno de los más famosos de nuestras montañas del norte argentino y de Bolivia.
En las montañas de Pascha en Salta y en Tarija, Bolivia, se han encontrado algunos ejemplares gigantes envueltos en concreciones, entre 20 y 40 cm de diámetro, y con un grado de conservación que los hace verdaderas piezas de museo.
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