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José Luis Hernández Merchán

Zamora no puede oponerse a todo

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Zamora lleva demasiado tiempo hablando de despoblación, falta de industria y pérdida de talento. Muchas familias saben lo que significa ver marchar a sus hijos porque aquí no encuentran las oportunidades profesionales que necesitan. Reclamamos inversiones y futuro, pero cuando una iniciativa relevante estudia implantarse en la provincia, con demasiada frecuencia el debate empieza por las objeciones y no por el conocimiento. Antes incluso de estudiar el proyecto ya circulan conclusiones y se instala la desconfianza. En torno al Proyecto Data Center Zamora estamos oyendo, sobre todo, voces contrarias. También ocurre que quienes prefieren conocer los datos antes de pronunciarse suelen tener menos presencia en el debate público. Es lógico preocuparse por el agua, la energía o el medio ambiente. Lo que no parece razonable es convertir esa preocupación en un argumento automático para rechazar una inversión antes de comprobar los datos. No escribo estas líneas para defender sin condiciones este centro de datos ni ninguna industria concreta. El proyecto está en tramitación y debe acreditar su viabilidad. Escribo porque me niego a aceptar como inevitable un clima de oposición a todo lo que pretende implantarse en Zamora. No podemos pedir actividad económica en abstracto y desconfiar sistemáticamente de cada iniciativa cuando adquiere nombre, ubicación y contenido. Un proyecto no debe aprobarse ni rechazarse de antemano. Hay que estudiarlo con seriedad, comprobar sus datos y exigirle todas las garantías. Si queremos que nuestros hijos e hijas puedan vivir, trabajar y desarrollar aquí su proyecto vital, tendremos que estar dispuestos a recibir inversión y actividad industrial. ¿O hemos asumido que su futuro debe encontrarse necesariamente fuera de Zamora? Me niego a aceptar esa resignación. Los centros de datos forman parte de la infraestructura que sostiene la digitalización, los servicios en la nube y el desarrollo de la inteligencia artificial. Una instalación de esta dimensión podría favorecer la actividad económica, las oportunidades profesionales y el posicionamiento tecnológico de Zamora. El alcance real de esos beneficios tendrá que concretarse. No debemos prometer lo que todavía no está acreditado. Tampoco sabemos aún si el proyecto es plenamente viable o si necesitará modificaciones relevantes. Toda actividad industrial de esta escala genera necesidades y posibles afecciones. Estas deben prevenirse, corregirse o, si no fueran admisibles, impedirse. Precisamente para comprobarlo existen la información pública y los procedimientos de autorización. El expediente 003-26-AAZA describe cinco edificios de centro de datos y declara 200 MW de potencia informática, una planta fotovoltaica, baterías, 24 motores de combustible dual y otras infraestructuras asociadas. No estamos ante un edificio convencional, sino ante un complejo industrial y energético que debe analizarse como tal. Desde el Colegio hemos examinado los tres documentos publicados, especialmente la memoria principal de 977 páginas y el resumen no técnico. Ese trabajo permite aportar datos verificables a una conversación dominada hasta ahora por afirmaciones parciales y por una preocupación comprensible, pero no siempre suficientemente informada. El agua es el ejemplo más claro. La memoria estima para el funcionamiento ordinario 6.281,65 metros cúbicos anuales de agua potable y 11.911,60 de agua destinada a usos no potables. En conjunto son 18.193,25 metros cúbicos al año. Si se divide esa cantidad entre los 365 días, el resultado es una media aproximada de 49.800 litros diarios. En los documentos sometidos a información pública que hemos revisado no hemos localizado la cifra de 1,36 millones de litros diarios atribuida al consumo del proyecto. No figura como consumo neto, demanda media o máximo diario. Esa cifra podría proceder de alguna comunicación o documento externo que no hayamos analizado, pero no encuentra respaldo en la documentación pública examinada. La diferencia es importante. Una media anual no es un máximo diario. El agua que circula por un circuito tampoco equivale al agua que se consume y la capacidad de una tubería no indica por sí sola cuál será el gasto real. Comparar estas magnitudes como si fueran lo mismo puede producir titulares llamativos, pero también conclusiones equivocadas. La tecnología descrita tampoco corresponde al modelo de refrigeración evaporativa que a veces se atribuye de forma general a los centros de datos. El proyecto contempla enfriadoras condensadas por aire, circuitos cerrados de agua enfriada y el aprovechamiento directo del aire exterior cuando la temperatura lo permite. Este último sistema se conoce técnicamente como free cooling. La memoria no contempla torres de refrigeración para el centro de datos y señala que la solución elegida evita el consumo de agua propio de los sistemas evaporativos. El agua que circula por un circuito cerrado no debe confundirse con agua consumida. Con todo, la cifra media de 49.800 litros diarios no equivale a una demanda máxima. La documentación no concreta cuál podría ser ese máximo y prevé utilizar agua de lluvia para cubrir parte de las necesidades no potables. Habrá que comprobar que esa agua esté realmente disponible durante los periodos secos. Además, los cálculos anuales no incluyen algunos llenados iniciales de las instalaciones. La documentación disponible permite aclarar algunas de las cifras difundidas, pero todavía quedan datos por completar y comprobar antes de decidir si el proyecto puede autorizarse y con qué condiciones. El agua no es el único aspecto relevante. El proyecto plantea un funcionamiento aislado de la red eléctrica pública y combina generación fotovoltaica, baterías y 24 motores duales. Según los cálculos de la propia memoria, esos motores aportarían el 29,4 % de la demanda eléctrica anual del centro de datos. Por tanto, no parece correcto presentarlos únicamente como equipos destinados a situaciones de emergencia. También habrá que comprobar las emisiones a la atmósfera, el ruido, el consumo de gas y gasóleo, la seguridad de las baterías y los combustibles, la protección contra incendios, los vertidos, los residuos y las posibles afecciones al suelo y a las aguas subterráneas. Deberá verificarse, además, que el proyecto cumple la normativa urbanística y las restantes condiciones exigibles. Estas comprobaciones no son obstáculos a la inversión. Son las garantías necesarias para que una inversión pueda convertirse en desarrollo sostenible. Que la documentación se encuentre en exposición pública no significa que el proyecto haya sido autorizado. Es precisamente el momento de examinarlo, pedir aclaraciones, corregir posibles incoherencias y establecer condiciones. En materia de agua, deberán concretarse los consumos anuales y máximos. También habrá que diferenciar el agua potable, la destinada a usos industriales y la procedente de la lluvia, medirlas por separado y controlar las reposiciones de los circuitos. La tecnología que finalmente se instale deberá coincidir con la que haya sido evaluada y autorizada. Si el proyecto presenta deficiencias, deberán subsanarse. Si existe una solución mejor que reduzca un impacto relevante, deberá estudiarse. Si alguna afección resultara incompatible, la Administración deberá determinarlo. El resultado no puede darse por decidido antes de que termine el análisis. Zamora necesita proteger el agua, el territorio y la calidad de vida. También necesita actividad económica, innovación, inversión productiva y expectativas de futuro. Proteger nuestros recursos no obliga a renunciar al desarrollo. No se trata de aceptar cualquier proyecto a cualquier precio, sino de evitar que la primera respuesta ante cada iniciativa industrial sea siempre la sospecha o el rechazo. Las inversiones tienen alternativas. Promotores, emprendedores e inversores comparan territorios, infraestructuras, plazos, seguridad jurídica y clima social. Si Zamora proyecta una imagen de rechazo sistemático antes de conocer cada iniciativa, corremos el riesgo de que proyectos viables se implanten en provincias próximas o incluso en países vecinos. Después volveremos a preguntarnos por qué no nos eligieron. Como ya escribí en estas mismas páginas con motivo del Museo Baltasar Lobo, Zamora tiene un problema de "pensamiento pequeño". Con demasiada frecuencia sentimos miedo o vértigo ante los proyectos de envergadura y vemos antes los obstáculos que las posibilidades. Pensar a lo grande no significa ignorar los riesgos ni aceptar cualquier iniciativa. Significa estudiarla con cabeza fría, afrontar sus posibles inconvenientes y exigir todas las garantías. El debate público también exige responsabilidad. Hay que distinguir entre datos, estimaciones y opiniones, explicar lo que todavía no se sabe y rectificar cuando una afirmación carece de respaldo. La preocupación social merece respuestas rigurosas, no afirmaciones que aumenten la confusión. El Colegio, a través de su Oficina de Asesoramiento Industrial, pone su conocimiento a disposición de la sociedad, del Ayuntamiento y de las administraciones. Queremos que puedan recurrir a nosotros cuando un proyecto industrial complejo exija conocimiento especializado. No somos portavoces del promotor ni una plataforma de oposición. Tampoco pretendemos sustituir a los órganos competentes. Podemos explicar las tecnologías, contrastar las cifras, señalar qué información falta y advertir con claridad cuando exista un problema acreditado. También podemos contribuir a que las inversiones que lleguen a Zamora cumplan todas las condiciones exigibles. Zamora no puede permitirse renunciar a sus recursos naturales, pero tampoco a sus oportunidades. Me niego a aceptar que nuestra provincia tenga que elegir entre resignarse a perder población o rechazar cualquier iniciativa industrial. Debemos aspirar a atraer inversiones, estudiarlas con conocimiento, exigirles todas las garantías y decidir con responsabilidad. Primero conocer, después analizar y finalmente valorar. Ese es el camino para que nuestros hijos e hijas puedan encontrar también su futuro en Zamora. *José Luis Hernández Merchán es decano del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de la provincia de Zamora
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