Veo las imágenes nocturnas. Desfilan como fanfarrones en fiesta con una buena rociada de Varon Dandy. Como pedazos de carne hecha músculo, diseñada para reventar de un sólo golpe un saco de boxeo. Les van los puños y se mean en las urnas democráticas como si estuvieran en los lavabos de esos burdeles que gerenciaba su jefe contratando a jóvenes extranjeras que creían haber llegado al paraíso de las grandes oportunidades. Por eso se dedican a hacerles la vida imposible a quienes llegan para encontrar trabajo, como seguramente hicieron años atrás en Francia sus familias, las de esos chuletas que ahora se dedican a cazar inmigrantes como si fueran conejos en el monte.
La buena gente
Caminan por la Malvarrosa como en un andar tranquilo. Como si no fueran de caza sino a disfrutar de la noche marítima y aliviar el calorazo de un verano insoportable. Dicen que quieren salvarnos de la violencia de los marroquíes y argelinos que han llegado sin que nadie los llamara para robar lo que tenemos, para vender droga a las puertas de las escuelas, para violar a nuestras hijas. Por eso se han organizado en patrullas que velan por nosotros, que controlarán a esas pandillas de moros desarrapados siempre dispuestas, según ellos, a amargarle la vida a la buena gente.
Pintada en la Malvarrosa contra las agresiones fascistas / Germán Caballero
La buena gente. Qué sabrán ellos de la buena gente. Saben de la suya, de esa que se inventa delitos que no existen, de la que aplaude sus noches de cacería, de la que nunca renegó de sus amoríos con la dictadura franquista y esa franquicia que ahora representan Vox y una buena parte del PP, un partido que cada vez se siente más cómodo en esa cercanía cómplice con el fascismo de Abascal y con el que desde hace años representan grupos violentos de extrema derecha como España 2000. Se trata de un grupúsculo ultra valenciano creado por José Luis Roberto, abogado y principal representante, hace unos años, de los clubs de alterne que prostituían a jóvenes extranjeras llegadas aquí en busca de esas grandes oportunidades que no eran más que cruelísimas estafas. Dueño de una empresa de seguridad, tiene a sus órdenes un auténtico ejército dispuesto a seguir sin rechistar las órdenes del jefe: hacer escraches a gente de izquierdas, amenazar a esa misma gente y a sus familias, provocar acciones violentas bajo el paraguas de una respetabilidad que a mí me gusta llamar clara y llanamente impunidad. Es precisamente España 2000 la que ha creado y puesto a patrullar por las calles de València a esa manada, con musculatura crecida a base de gimnasio y claras de huevo, cínicamente bautizada por ellos mismos como Ángeles de la Noche. Menudos angelitos. Si se cruzan con los pobres negritos de Machín se los comen crudos.
El huevo de la serpiente
Salvapatrias de pacotilla y gorras a lo Trump. Bíceps como si se fueran a presentar a un concurso de forzudos, pero sin la gracia de Goliath en los tebeos de El Capitán Trueno. O como la de Taurus en esa otra historieta genial que protagoniza El Jabato. No tienen ninguna gracia con sus chalequitos reflectantes para que, ya desde lejos, se caguen de miedo quienes son objetivo de sus cacerías. Dicen que no actúan, que para eso ya está la policía. La verdad es que nunca sé dónde está la policía cuando se trata de parar a la extrema derecha en las calles. Dice esa policía que de momento vigila a la manada, que los miembros de esa manada no están haciendo nada que exija su intervención, que sólo pasean sus musculitos en medio de la noche plácida de un verano asesino que según Miguel Bosé y un primo de Rajoy nada tiene que ver con el cambio climático. Me pregunto qué pasaría si quienes se pasean plácidamente por el paseo marítimo en medio de la noche fueran jóvenes con la pinta clarísima de ser antifascistas. La respuesta a esa pregunta no es difícil, ¿verdad que no? Pues eso.
Veo en una de las fotografías que uno de la patrulla lleva algo en la mano. Dice que se trata de un bastón extensible de montañismo. Igual es que el tipo flojea de las piernas y lo necesita para poder andar sin peligro de pegarse un batacazo. Es que encima se cree esa tropa que somos tontos, que no son ellos los que tienen el cerebro como si lo hubieran picoteado las gallinas para que los huevos que pongan sean como los de la serpiente del odio y el resentimiento.
«Ángel, la palabra del más alto silencio», escribe René Char, poeta de la palabra incansable, curtida en la resistencia francesa frente al nazismo, libre en un tiempo donde nunca se dio por perdida la esperanza. Que les hablen del silencio a esos patrulleros. Que les nombren la palabra respeto para ennoblecer las diferencias. Ellos, esos Ángeles del Mal más inhumano, sólo saben del grito violento precisamente contra esas diferencias. No sólo van contra quienes han llegado de Marruecos o Argelia a buscarse una vida mejor que la que tenían en sus pueblos. Van a por nosotros. Lo escribió Bertolt Brecht: no te creas que no formas parte de sus cacerías. Al final llamarán a tu casa una noche y te verás cara a cara con la bestia. No se trata de ser negro, blanco o amarillo. Se trata de que no eres como ellos, de que no crees en los salvapatrias ni en que un grupo de fascistas pueda andar amenazando impunemente, a ritmo de paseo, mientras la policía los acompaña en la plácida noche mediterránea. Se trata de que van a por la democracia y los demócratas, ¿vale? De eso se trata. De eso.
(0)Comments