Si de algo me enaltezco de haber pasado por esta hermosa vida, ha sido conocer a los sabios, a los que se atrevieron a pensar, a filosofar, a explorar el mundo, el universo a través de la inteligencia y expresarse a través del lenguaje y la escritura.
Desde los Upanishad en idioma sánscrito, al principio mensaje oral (cánticos) y luego escrito a través de los Vedas 1500 años a. C., ellos ya veían a Dios por todos los lados, decían 'que Dios duerme en los minerales, respira en las plantas, vuela en las aves, camina en los animales y piensa y ama a través de los hombres y mujeres'.
Pero fue la escritura la que hizo posible conocer el legado de los grandes hombres, sin ella jamás hubiésemos conocido de la vida de Sócrates, el sabio griego, a quien la Pitonisa en el frontón del templo de Delfos le increpó diciéndole: 'Conócete a ti mismo'. Y él le contestó: 'Solo sé que nada sé', por lo que fue declarado el más sabio de esa época, y como todas las cosas buenas de este mundo inconforme fue condenado por no acatar las órdenes de los desordenados y jueces a beber cicuta y desaparecer, de esto nos enteramos gracias a la lectura de los diálogos de Platón, su discípulo, en Grecia.
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En China se conoció de Confucio, célebre sabio, sus conocimientos y consejos a través de sus discípulos, que recogieron sus palabras en los cuatro libros. Otros sabios de Oriente: el Buda (Sidarta Gautama) y Lao Tse con su Tao Te Ching, luego el zen que nace en la India y se expande por China y Japón. Mientras el taoísmo fomenta el individualismo, Confucio entiende al hombre integrado en la sociedad siendo honrado, justo y servicial a su prójimo y a su comunidad. Además, a lo largo de la historia, hemos contado con varios sabios que influyeron en la cultura, como Sócrates, Platón, Aristóteles, Alejandro Magno, Séneca y Jesucristo. (O)
Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro
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