Opinión | Miel, limón & vinagre
Jorge Fauró
Judeline.
Lara Fernández Castro (aka Judeline, Jerez de la Frontera, 23 años) acaba de enterarse justo después de la siesta de que es número uno mundial con BbY WOW, una composición a seis manos entre la gaditana, la colombiana Karol G. y un chico de Valladolid criado en Fuenlabrada que responde al nombre artístico de Rusowsky. Nada tan español como el hecho de que ocurran cosas después de una buena siesta canicular. La mayoría de compatriotas acude al baño o asalta la nevera. O el sofá, mientras el pueblo o la barriada continúan sumidos en un silencio solo roto por el canto de las cigarras, que es otra forma de silencio que acompaña el ritmo de los sofocos de agosto y los primeros días de septiembre. La siesta parte el día en dos. La siesta es el comienzo de un nuevo día dentro del mismo día.
Es en TikTok donde anuncia, entre emocionada, orgullosa e incrédula, que su canción es número uno mundial, o sea, en la suma de oyentes de Spotify de algunos países de Europa, parte de Estados Unidos y casi toda Latinoamérica, los mercados que parten el bacalao. Y es ahí, en TikTok, donde con la cara relajada y aún frotándose los ojos que irradian el sueño indisimulable, Judeline anuncia la noticia en un vídeo de 46 segundos: "Hola. Estoy aquí un poquito emocionada. Me acabo de despertar de la siesta y así, de la nada, he visto que... que BbY WOW, la canción con Karol, está número uno mundial. No entiendo nada. O sea, no entiendo nada, no entiendo nada. O sea, yo creo que ni siquiera estoy siendo como consciente de la magnitud que es estar en una canción que es número uno del mundo, que mi nombre esté ahí, que... eh... que estemos ahí. Estoy tan feliz por Karol, por Rus... Estoy tan feliz por mí, o sea, ¡tío, qué coño! O sea, ¿qué coño? ¡Que soy de Barbate! ¿Qué me estás contando? No puedo entender".
BbY WOW es una canción sencilla de pop latino, agradable, un medio tiempo sin estridencias, de fácil escucha, de las que entran a la primera pese al inevitable autotune. Banda sonora más que probable de estados de WhatsApp, stories de Instagram y reels de Facebook. No cumple los cánones de gran canción (entrada arrebatadora, estribillo épico), lo que no es incompatible con su triunfo masivo ni con la viralidad que la ha hecho tan popular (el ritmo de escuchas anda por picos de 3,6 millones diarios). Perdurará. Entre otras cosas porque a pesar de la evolución de los géneros musicales, posee elementos que va heredando una generación tras otra y que en la música no van a cambiar por mucho que los cante Neil Young o se digan Bad Bunny. Variaciones sobre un mismo tema desde los tiempos de Elvis, con la dicción londinense de Bowie o la garganta rota de Sabina. Mejor o peor escrito, la temática no varía, falla raramente: "Suena tu canción y tú no estás aquí a mi lao / Yo sé que no debo, que te pienso demasiado / Quererte es tan fácil y, a la vez, tan complicao / Mirando al teléfono, pero no me has llamao".
Hay que alegrarse guste o no Judeline. Es como si mañana se anunciara que la última novela de David Uclés es la más vendida del mundo o encabezara la lista del The New York Times Book Review; como si de repente, la última de Pedro Almodóvar, que no figura entre lo mejor del séptimo arte, se convirtiera en la película más taquillera del planeta. Para quienes consideramos un disparate La península de las casas vacías, debería bastar con levantar las cejas. Pero un poco alegrarse también. Pues una chica de 23 años, una de las nuestras, ha conseguido ser la número uno en lo suyo. Como España en fútbol, como Alcaraz en tenis. Qué poco nos valoramos. Un poco de memoria para un país que a menudo recibe con recelo este tipo de alegrías. Aficionados del Real Madrid rompiéndose la camisa porque Rodri y no Vinicius se llevó el Balón de Oro. Hoy lo cambiaríamos a pelo.
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Debate en las redes. A los aquejados de parálisis musical, desde boomers aficionados a Grateful Dead a millennials que fueron hipsters en los 2000 y se afeitaron la barba cuando comenzaron a parecerse al abuelo de Heidi, lo de Judeline no les mola mucho, sobre todo cuando ven a Tame Impala en el número dos mundial, después de BbY WOW. Como la gaditana después de la siesta, no entienden nada. Lo cantaron Héroes del Silencio, la banda de rock and roll más celebrada nacida en suelo patrio. Iberia sumergida, morir de siesta. Las siestas también cambian tras unas papas aliñás y una chiquilla despierta convertida en número uno del mundo. O sea, ¿qué coño? ¡Que es de Barbate!
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