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Ángel Iturbide

Ángel Iturbide: Recuerdos del tren

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La imagen que tengo en mi memoria de la primera vez que llegué a Almería es la de las tierras áridas y secas del desierto ... de Tabernas o, al menos, de un trocito de él. De eso hace ya 41 años y se produjo a bordo de un tren expreso que cubría la línea entre Madrid y Almería. Habíamos dejado atrás hace rato ya la estación de Fiñana y descendíamos hacia el litoral. No habían dado aún las ocho de la mañana, iba medio adormilado y cuando abrí los ojos recibí como una bofetada la dureza del paisaje que, realmente, me impresionó y mucho. No había visto nada igual. Miento, en Navarra se puede encontrar un paisaje similar en el desierto de las Bardenas Reales, de hecho allí y aquí se rodó Patton, pero la situación en la que me encontraba y la hora la imagen que discurría ante mis ojos me dio muy fuerte. La noche anterior me había subido en Madrid en el expreso que me traería a Almería, una provincia que con el paso de los años ha cambiado sustancialmente a mejor; en un servicio ferroviario que con el paso de los años ha cambiado radicalmente a peor. Por aquél entonces las comunicaciones por carretera eran tercermundistas; las aéreas, inalcanzables; y las ferroviarias, las idóneas. Viajar en tren era todo un placer, además, lo podías hacer de noche en un viaje largo, pero cómodo o de día en el Talgo. Para mí el Talgo estaba muy por encima de mis posibilidades por lo que había que recurrir a desplazarse en tren. Primero en asiento normal; luego, cuando la capacidad adquisitiva mejoraba un poquito, en litera; y ya en el colmo de una economía bien saneada en coche cama y si el coche cama lo utilizabas sólo entonces era como tocar el cielo. El siguiente paso llegaba con el tiempo y era cuando tu economía estaba lo suficientemente saneada entonces te montabas en el Talgo y te presentabas en Madrid en un tren moderno y 'rapidísimo' aunque las horas de viaje fueran más de las necesarias. Anécdotas de aquellos viajes las hay y muchas; seguramente como las de miles de almerienses que han utilizado este medio de transporte a lo largo de los años. Viajar en litera era un pequeño lujo no exento de incomodidades. La primera que en el vagón había seis literas dispuestas en tres niveles enfrentados que cuando amanecía, y todos los viajeros se ponían de acuerdo, se abatían las dos de arriba dejando las de abajo como asientos. Dormir de esta manera tenía sus inconvenientes como son los ronquidos, el mal olor concentrado a lo largo de ocho o nueve horas de viaje o las conversaciones. Pero entonces era joven y eso como que no importaba, se dormía y al día siguiente te bajabas en Almería feliz. En una ocasión viajé con una familia compuesta por una madre y dos o tres hijas, no recuerdo bien, que no pararon de llorar en toda la noche. Al día siguiente me enteré que el marido y padre de las chicas lo hacía por carretera en un coche fúnebre. Para tensar más la situación al llegar a Madrid una de ellas no encontraba el zapato, así que los sollozos, la rabia y la impotencia se intensificaron. Viajar en coche-cama individual era como jugar en otra liga. Dormías cuando te entraba sueño sin tener en cuenta a nadie a tu alrededor y el traqueteo del tren era como si tu madre te arrullara con una nana. Pero el lujo al alcance no de todos era que algunos coches-cama llevaban en el mismo compartimento una ducha con lo que llegabas a destino limpio, bien despierto y perfectamente maqueado. Posteriormente el expreso desapareció (quizá uno de los mayores errores de la historia de Renfe y un agravio mayúsculo con Almería porque ahí empezó todo: la decadencia del servicio ferroviario y el maltrato a esta provincia), lo que nos obligó a viajar de día en el Talgo en el que nos sentíamos cómodos y afortunados, aunque algunos siguiéramos añorando el expreso. Y con el tiempo vino todo lo demás: viajes interminables, averías continuas, trasbordos, promesas de llegada del Euromed primero, del AVE después… y poco a poco como sin darnos cuenta el servicio ferroviario con Almería se fue deteriorando de una manera alarmante. Así hasta llegar a hoy. Triste día en el que el Talgo deja de circular motivado por las obras que se van a llevar a cabo en Despeñaperros durante los próximos meses para adecuar la vía a la autopista ferroviaria Algeciras-Madrid. Han sido casi 50 años en los que el Talgo ha acogido a miles de almerienses y viajeros que han llegado en su interior a Almería o han salido de ella. A partir de aquí se abre un periodo de incertidumbre porque no sabemos qué va a ocurrir en un futuro cercano con las conexiones directas con Madrid, de momento nos quedamos solo con un servicio diario de ida y vuelta; pero a la vez un periodo de certidumbre al saber que esta provincia y sus residentes han perdido otro tren, como ya lo hicieran con el expreso, sin saber qué alternativas se barajan y con la sensación triste de no ser importantes y prioritarios para Renfe.
Ángel Iturbide: Recuerdos del tren
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