La paradoja hace ahora mismo que la parroquia La Puntilla del cantón Samborondón, donde el desarrollo urbanístico ha concentrado en las últimas décadas a quienes mantienen el poder político, económico, social y empresarial de la Costa, viva una de las carencias más usuales de barrios populares: el abastecimiento adecuado, constante y suficiente de agua potable.
Realismo mágico: tanqueros de agua entrando por las garitas de las ciudadelas más exclusivas, donde quienes habitan han colocado buena parte de su patrimonio y pagan impuestos acorde a sus inversiones. Y más incredulidad al ver también actividad de trasnocho entre moradores que se dicen forzados a levantarse a las 02:00 o 03:00 a tratar de almacenar agua porque en ese lapso suele haber mejor presión. Guardan el líquido en bidones, baldes y demás enseres.
Lamentablemente, el tema del mal abastecimiento de agua potable de todo Samborondón, desde La Puntilla hasta su cabecera a 28 km, no es nuevo ni ha logrado solución en los últimos 30 años, en los que una sola tendencia política ha mantenido el control municipal.
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El servicio es gestionado por la empresa mixta Amagua CEM, pero en los recientes dos años la crisis se ha agudizado de forma notable. La baja presión es generalizada: urbanizaciones de gran tamaño, como Ciudad Celeste, Plaza Lagos, y sectores que están en el camino hacia Salitre llevan meses o incluso años recibiendo agua con una presión mínima.
Otra paradoja: el caso extremo es Isla Mocolí. Una de las zonas con más plusvalía del país sufre desabastecimientos prolongados y en las últimas semanas, urbanizaciones enteras que están dentro de ella han dependido exclusivamente de tanqueros de agua por el colapso de la red.
Las autoridades solo atinan a decir que el crecimiento de la zona ha sido vertiginoso y en el caso de la Alcaldía, abrió un expediente formal de fiscalización y verificación contra Amagua. Evidentemente el tema queda como tarea para quien gane las elecciones en noviembre. (O)
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