Suelo hablar mal de los políticos. Ellos ponen mucho, muchísimo de su parte para que así sea. Los cambios de opinión (por ponerle un nombre suave a la traición de los programas electorales), la actitud sumisa ante la dirección del partido, la incapacidad para la autocrítica, la torpeza de oponerse por sistema a todo aquello que no provenga de su bancada, la mediocridad y, tantas causas, que lo difícil es no desafectarse de la política. Ahí están los jóvenes, desengañados, sin que nadie les brinde la posibilidad de tener, con un esfuerzo razonable, una casa, un trabajo, un futuro. Hoy, sin embargo, quiero reivindicar y defender la labor de los alcaldes. Los alcaldes pueden ser versos sueltos y lo son muchas veces, suelen ser dueños de sus actos y esclavos de sus palabras. Tienen que mirar a los ojos al vecino, al amigo, al necesitado, al empresario, al trabajador, al funcionario, al electorado que tiene nombre, apellidos y una ciudad que comparten y aman. En los alcaldes pesa más la persona que la ideología, el trabajo que el partido. Así debiera ser siempre. La alcaldía es una gran lente de aumento que evidencia ante los más cercanos aciertos y errores. Hoy me toca dar las gracias a los alcaldes de derecha e izquierda de España. Han demostrado con el problema ceutí que tienen más humanidad, más palabra, más respeto, más capacidad de apoyo, más voz, más coraje, más valentía, más conciencia, más verdad, que el presidente del gobierno (que por supuesto tiene derecho a coger vacaciones mientras nos impida dárselas definitivamente).
Las imágenes de las concentraciones a las puertas de los Ayuntamientos han demostrado, como en su día pasó cuando mataron a Miguel Ángel Blanco, que España no está dormida ni es indolente ni se le puede engañar. Los mismos españoles que han acogido a los que llegaban en pateras huyendo del desastre son los que hoy braman contra una invasión organizada y consentida. Los mismos que lloramos por el asesinato de ETA lloramos hoy por ver un trozo de España abandonado a su suerte. Que los alcaldes apoyen a la ciudadanía por encima de indecentes instrucciones de su propio partido, consuela mucho y da esperanza. Lo que no son capaces de hacer en el congreso ni en el senado se ha hecho a las puertas de los Ayuntamientos de todo signo. Estar unidos bajo una misma verdad. Cederles a los ceutís la voz en Europa y clamar en las calles. Alcaldes de España, gracias.
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