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Columna de Jorge Caro Gálvez : La jornada laboral no es igual para todos

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La jornada laboral no es igual para todos Chile abrió una discusión que puede ser decisiva para quienes trabajamos en el Estado. La decisión del Gobierno de convocar una Comisión Asesora Ministerial para la Modernización del Empleo Público y darle 120 días para elaborar propuestas que sirvan de base a una futura reforma es una señal positiva y una oportunidad que valoramos. El Estado ha cambiado, sus funciones se han vuelto más complejas y las formas de trabajo también. Abrir este debate y revisar un marco que necesita responder a esas transformaciones es un paso necesario. Para que esa modernización alcance todo su potencial, hay una cuestión que vale la pena incorporar desde el comienzo: no existe una sola manera de ser funcionario público. Cuando hablamos del Estatuto Administrativo tendemos a imaginar una estructura relativamente homogénea: oficinas que funcionan de lunes a viernes, jornadas regulares, horarios diurnos y tareas que pueden organizarse dentro de una lógica administrativa común. Esa realidad existe y representa a una parte importante del empleo público. Pero no a todo. En el Estado también trabajan personas que deben asegurar servicios durante las 24 horas del día, los siete días de la semana. Funcionarios que cumplen turnos nocturnos, trabajan fines de semana y festivos, y desarrollan labores que no pueden suspenderse porque termine una jornada convencional. Son realidades distintas que, sin embargo, muchas veces deben desenvolverse dentro de un marco normativo pensado desde una lógica general. Los controladores de tránsito aéreo somos un ejemplo muy concreto. Somos funcionarios públicos de la Dirección General de Aeronáutica Civil y estamos sujetos al Estatuto Administrativo, pero nuestra función se desarrolla mediante un sistema permanente de turnos. El tránsito aéreo no se detiene a las seis de la tarde, ni los sábados, ni durante un feriado. Mientras existan aeronaves operando en el espacio aéreo, debe haber controladores asegurando la continuidad del servicio. No planteo esto para sostener que nuestra función sea más importante que otras. Lo planteo porque es diferente. Precisamente por eso valoramos que el Gobierno haya abierto una discusión sobre la modernización del empleo público: es una oportunidad para reconocer mejor la diversidad de funciones que conviven dentro del Estado y buscar respuestas acordes con sus distintas realidades. El Estatuto Administrativo establece una jornada ordinaria de 44 horas semanales distribuidas de lunes a viernes y contempla mecanismos para los trabajos extraordinarios, nocturnos y en días festivos, además de la organización de turnos. El problema no es que la norma ignore por completo esas situaciones. El problema es que una regulación general no siempre alcanza a recoger adecuadamente la realidad de servicios cuya operación normal -no excepcional- depende precisamente de turnos permanentes. Para un controlador, trabajar de noche no constituye necesariamente una situación extraordinaria. Tampoco hacerlo un domingo. Forma parte de la manera habitual en que se presta un servicio público que debe funcionar de manera continua. Esa diferencia parece simple, pero tiene consecuencias importantes cuando se diseñan jornadas, descansos, compensaciones y formas de organización del trabajo. Por eso resulta especialmente valioso que la comisión convocada por el Gobierno haya señalado que escuchará a funcionarios y asociaciones. Esa disposición al diálogo es una buena señal para un proceso que aspira a modernizar de manera efectiva el empleo público. Una reforma de esta magnitud se fortalece cuando, junto con las categorías generales y la experiencia de las organizaciones de mayor tamaño, incorpora también realidades que representan a grupos tal vez menos numerosos, pero altamente especializados, que forman parte del Estado. Los controladores de tránsito aéreo queremos participar constructivamente de esa conversación. Esperamos que la comisión pueda recibirnos y conocer directamente nuestra realidad laboral, para aportar desde la experiencia de un servicio que funciona de manera continua y bajo un sistema permanente de turnos. Creemos que esa mirada puede contribuir al objetivo de modernización que el propio Gobierno ha puesto en marcha. Modernizar el empleo público requiere escuchar a quienes lo conocen desde dentro. La apertura de este proceso es una oportunidad para hacerlo: incluir también a quienes trabajan cuando la mayor parte del país descansa, a quienes aseguran servicios que no pueden detenerse y a quienes desarrollan funciones que exigen una organización distinta de la jornada. Si el objetivo es construir un Estatuto Administrativo para el Estado que Chile necesita hoy, la decisión del Gobierno de abrir esta discusión es un buen punto de partida. El desafío ahora es aprovecharla para reconocer algo elemental: no todos los funcionarios trabajan de la misma manera y, por lo mismo, no todas las jornadas pueden mirarse igual.
Columna de Jorge Caro Gálvez : La jornada laboral no es igual para todos
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