Me he convertido en usuaria constante de la EMT. Es cierto que mi recorrido suele ser siempre el mismo y que me gusta completar mis itinerarios caminando, y así evito trasbordos. Raro es el día que no cojo la línea tres y me paro en el centro o en zona paseo Mallorca, aunque me dirija hacia el entorno del Lluís Sitjar o de la Avenida San Fernando o a Santa Catalina. El resto del trecho lo podría hacer en otra línea, pero me gusta caminar y lo necesito. Hasta hace unos meses, por motivos laborales, no tenía oportunidad de zascandilear por la ciudad y para mí el bus era un gran desconocido. Pero ahora, poco a poco, me voy haciendo con él y me da sorpresas, para bien y para mal. Es útil y tranquilizador que haya un recorrido por el Paseo Marítimo que lleva hasta el Dique del Oeste. Es habitual que la utilicen pasajeros de ferris cargados con sus maletas o estudiantes de la Escuela Nàuticopesquera, por ahora allí ubicada, o visitantes del Castell de Sant Carles, ese castillo desconocido para muchísima gente de nuestra propia ciudad y de toda Mallorca. Ese es, quizás, el tramo más atípico que hago. Ese destino me sorprendió y me gustó. El sobresalto para mal me lo llevé cuando una mañana debía llegar a la inauguración de una exposición en Bellver. Iba justa de tiempo y un amigo me acompañó en moto. «Para bajar, cogeré el bus», le dije, inocente de mí. Daba por hecho que a un lugar tan emblemático de nuestra ciudad, tan admirado y tan visitado, llegaba el transporte público colectivo. Al salir del acto le pregunté a la mujer que controlaba las entradas de la fortaleza por el punto en el que podía esperar el bus. Muy amable, la chica me informó de que allí solo llegaba el bus turístico y las excursiones programadas de pago. Mi gozo en un pozo. Bajo un sol de justicia tuve que bajar las escaleras, atravesar el Terreno y buscar alguna parada en la que tomar algún autobús que me acercara a mi casa. Ya he dicho que me gusta caminar y tampoco fue un drama, pero la verdad es que me quedé muy sorprendida de que no hubiera manera de subir al castillo de Bellver con la EMT. El Ayuntamiento de Palma acaba de adjudicar una licitación por importe de 2 millones de euros para mejorar el bosque de Bellver y facilitar la accesibilidad en los caminos que lo surcan. En su día se construyeron rampas para poder acceder al interior del castillo en silla de ruedas, superando así las escaleras que constituyen la entrada principal. Esta inversión, anunciada esta semana, me ha recordado esa realidad de que no podamos acceder al segundo o el tercer monumento más importante de nuestra ciudad, como no sea en coche particular o en taxi. Quizás es el momento de rectificar. El bosque de Bellver es cada vez más utilizado y alberga vida vegetal y animal. Está bien pensado el invertir en su conservación y que todo el mundo, sean cuales sean sus diferencias físicas o psíquicas, lo pueda disfrutar. Entonces lo razonable sería que tengamos la oportunidad de llegar arriba en autobús, ¿verdad? He releído el didáctico libro El Castillo de Bellver, publicado en el año 1980 por Cort, cuyo autor es Gaspar Sabater. Nos recuerda que este magnífico lugar fue fortaleza, cárcel y palacio. Nos explica su estructura, de qué canteras salieron sus piedras, que tardó nueve años en construirse a principios del s. XIV, aunque muchos más en acabados y reformas, sus personajes, su evolución.... Sabater también nos cuenta la evolución del bosque con sus épocas más nefastas, cuando la epidemia de gripe de 1821 llevó a muchos palmesanos humildes a buscar aires más puros en la falda del monte y a construirse chozas talando sus pinos. O cómo una violenta tormenta, en el año 1963, arrancó de cuajo gran parte de su vegetación. La cuestión es que si analizamos quienes visitan el interior del Castillo de Bellver, es probable que la inmensa mayoría sean turistas. Estaría bien proponerse que sea costumbre y placer para quienes aquí habitamos visitar este maravilloso lugar, por fuera y por dentro, varias veces al año. Y para facilitarlo, para acercarlo de manera cómoda y evitar la dependencia del vehículo privado, hacer que alguna línea de la EMT nos lleve. Ahí dejo la idea.
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